El más inteligente de la cancha

Por UNO

Por Analía Doña@anitadona21

 

Domingo, 17 horas. El calor era sofocante en Mendoza. Nada me hacía imaginar lo que vendría.

Me preparé como cada uno de ustedes para ir a la cancha. Con lentes de sol, radio, libreta y lápiz en mano llegué al Gargantini para ver a la Lepra.

Debo confesar que mis expectativas no eran grandiosas. Quedé pinchada después del semestre pasado y todavía este Independiente Rivadavia no logra engancharme.

Modón hizo que me levantase por primera vez del asiento con su remate en el palo tras la habilitación de Gautier. Me miré con el de al lado. Parecía que esta vez, la Lepra nos sorprendería pero no... Apenas unos minutillos después, Unión hizo lo que debe hacer en un córner: tapar al arquero y esperar el centro en el primer palo. Ese tipo de jugadas complican a cualquiera y un soplido puede hacer que la pelota termine en la red. El balón tocó el área chica y salió directo a sus pies. Castro estaba en el borde del área grande esperando lo que muchos nos habíamos imaginado que pasaría… remató y festejó. Así de fácil se puso en ventaja la visita en el Gargantini.

Los minutos pasaban y mientras yo pensaba… ¿Por qué la Lepra se complica tanto? ¿Por qué no termina las jugadas? ¿Por qué le cuesta tanto la salida por las bandas? Y en eso que mi cabeza volaba, Gautier me despertó, habilitó a Sanfilippo y el estadio se levantó en un grito de gol ensordecedor.

La lluvia le puso un marco espectacular al partido. La cancha estaba rápida y se hacía difícil parpadear sin que una gota de agua no entrara a los ojos. Mis lentes de sol, mi radio y mi libreta quedaron guardados en el fondo de un bolso que utilicé como asiento para protegerlo de la furia del cielo.

Miraba el césped y allí Dolci me daba lo que pedía. Sencillez, prolijidad, percepción, precisión e inteligencia. Sanfilippo y Cardozo salieron rápidamente de mi vista. Una pena pensé, estaban lúcidos aún. Y entonces me dediqué a seguir a la torre. Supuse que con el escenario como estaba, con las variantes que había realizado el DT y con semejante nueve en el área, en vez de llover agua lloverían centros de todos lados pero no… Solo alguno de Dolci y, si mal no recuerdo, algo más de Méndez.

El partido se iba entre atropellos y lamentos; entre rayos y cánticos. Y fue entonces cuando miré a mi derecha. Y ahí estaba él. Ése que se nos burló a todos, ése que fue más vivo que los demás, ése que estuvo un paso por delante del resto: el gordito del paraguas, el más inteligente de la tarde.

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