El 28 de agosto de 2016 los Azules comenzaron su 13ª temporada en la Primera B Nacional con el objetivo de mantenerse en la categoría. Sólo tenía abajo a Flandria y San Martín de Tucumán con 0 puntos, porque iniciaban su participación. Era el último de los equipos que sumaban y dividían por más de un torneo.
Y en el anuncio del partido por la 1ª fecha entre Guillermo Brown de Puerto Madryn y la Lepra en Ovación se decía: "No será un campeonato más para la Lepra, que desde el primer segundo de hoy y hasta el último de la última fecha, cuando cierre la temporada, visitando a Brown de Adrogué, el equipo del Parque deberá luchar por mantener la categoría".
De ese punto de vista, a modo de análisis futurista, no se acertó por una fecha, porque Independiente Rivadavia se aseguró la permanencia una ronda antes, en la penúltima, tras el empate con Atlético Paraná y porque perdió Crucero del Norte.
Los hinchas azules en su gran mayoría eran pesimistas en el aspecto de los resultados y eran optimistas en la concurrencia en los juegos de locales. Tenían que lidiar con la equivalencia entre la tabla del descenso, que lo comprometía como uno de los 4 condenados: y la campaña del equipo, que se movía en la tabla de posiciones de la mitad para arriba.
Martín Astudillo fue el DT que asumió en la última parte del torneo 2015-2016 y salvó a los Azules de bajar al Federal.
Llegaron aires de cambios dirigenciales y asumió la presidencia Agustín Vila en julio del año pasado. El hijo del ex presidente Daniel Vila tomó la conducción de Independiente Rivadavia. Una de sus primeras decisiones fue mantener a Astudillo y después llegaron nuevos jugadores, como Diego Cardozo (Atlanta), Cristian Tarragona (Temperley), Hernán Encina (Talleres), Curuchet (J. Unida de Gualeguaychú) y el colombiano Yeimar Gómez Andrade (Arsenal), entre las principales incorporaciones. Y seguían jugadores como Dolci, Aracena y Gastón González.
Para Agustín Vila fue como el dicho popular de "agarrar un hierro caliente". En su primer mandato como máxima autoridad tendría un año duro y de tironeos, si el equipo no rendía, no sumaba y no alcanzaba el objetivo.
El Azul tuvo una campaña con altos y bajos hasta que el 18 de diciembre de 2016, superaba a Villa Dálmine por la 21ª fecha. Y ahí se estancó y vinieron 7 empates y una derrota.
Decidieron que Astudillo había hecho todo lo posible y llegó Alfredo Berti a remplazarlo en la fecha 31ª (empate contra Santamarina) y se sumaba otra derrota y dos igualdades. Hasta que se dio el triunfo sobre los jujeños. Atrás quedaron 12 partidos (10 empates y dos caídas).
Berti hizo cambios, les dio más tiempo en cancha a jugadores del club como Cerutti y promocionó a Disanto. Y en la última fracción de 11 partidos ganó 8, empató 2 y perdió otros dos. Suficiente para ir escalando y quedar en el cuarto lugar de la tabla con 67 puntos y una campaña que de no haber mediado una cantidad enorme de 19 empates, hubiera servido para el segundo ascenso.
Tarragona (14) y Cardozo (14) hicieron 28 de los 48 goles de la campaña. Suficientes para que los observen del fútbol de primera división.
La permanencia fue como un título y sirvió para que Agustín Vila vuele con alas propias sobre el campo dirigencial. Para que Berti haya cumplido su objetivo de salvar a la Lepra. Y para que los hinchas canten eufóricos: "Arriba la leeeeepra".
Por Lucio Ortiz/periodista de Ovación




