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La página oficial de uno de los patrocinadores del Rally Dakar 2014 cuenta la realidad que vive el piloto mendocino desde enero de 2009, mes en el que perdió a su hija y nació el sueño del "Chiara Rally Team".

La cruda historia de vida del Chino Yacopini emociona al mundo

La página oficial de Red Bulls, uno de los sponsor del Rally Dakar 2014, cuenta la historia de vida de Adrián Yacopini, piloto mendocino que compite a bordo de una X3 CC BMW. El Chino perdió a su pequeña Chiara el 10 de enero de 2009, mientras el Dakar de aquel entonces descansaba en Valparaíso, Chile.

En honor a ella, Yacopini creó un equipo al que llamó Chiara Rally Team. Después de algunos intentos sin buenos resultados, el año pasado, junto a su actual navegante Marco Scopinaro, obtuvo una 30° posición al llegar a Santiago de Chile, en el final de competencia.

Leé la historia completa que te cuenta Red Bulls y a la que titula "Una historia de amor":  

"Enero de 2009. La Argentina está convulsionada por la llegada del Dakar. Hay una euforia fuera de lo común. Después de la multitudinaria largada en el Obelisco el 2 de enero, con una asistencia estimada en 500.000 personas, la caravana se fue hacia el sur del país. Llegó a Puerto Madryn y de ahí apuntó al norte con rumbo hacia Río Negro, para llegar a Chile previo paso por Neuquén, La Pampa y Mendoza.

El sábado 10 de enero el Dakar descansó en Valparaíso, del otro lado de Los Andes. Ese día la vida de Adrián Yacopini cambió para siempre. Su ex esposa y su pequeña hija Chiara, de 8 años, habían estado de vacaciones en las playas chilenas y habían emprendido viaje en auto hacia Mendoza, pese a que Adrián había recomendado que lo hicieran por avión para evitar las rutas congestionadas de fanáticos que seguían la carrera. Pero el destino fue duro… durísimo. Mientras los competidores dakarianos recuperaban fuerzas para seguir con el periplo que los iba a llevar nuevamente a Buenos Aires, hubo un accidente de tránsito en la ruta 7, cerca de la Destilería, en Luján de Cuyo. En el auto viajaban dos personas: una mujer y su hija. Tras ser rescatadas, ambas fueron trasladadas al hospital Notti. La niña, que estaba en muy grave estado, falleció el domingo cerca de la medianoche pese a los esfuerzos de los médicos. Adrián lloró como nunca había llorado. Se sentía impotente, casi culpable por lo que había sucedido, aunque nada había tenido que ver. El apoyo de su familia y de sus amigos le hizo darse cuenta que la vida, pese a todo, seguía y que tenía que ser fuerte, aunque su corazón estuviese hecho pedazos. Para Adrián fue difícil recuperarse de semejante golpe. Hizo lo que cualquiera haría en su caso: transformar a su hija en su ángel de la guarda. Se tatuó el nombre de Chiara en varias partes del cuerpo y llenó la oficina de su empresa de sus fotos. Amante de los deportes y del automovilismo creó un equipo de competición para correr el Dakar, esa carrera que de un modo irónico lo cambió para siempre, y lo bautizó como Chiara Rally Team.

A partir de aquel 11 de enero de 2009, todos y cada uno de los objetivos de Adrián fueron para homenajear a Chiara. Incluso el amor que ahora les regala a sus dos pequeños hijos, que llegaron a su vida poco tiempo después. Su empresa, compuesta por concesionarios de autos que representan a varias marcas, se convirtió en una de las más importantes del país. Y a nivel deportivo, no se quedó atrás. Aunque claro, el Dakar no tiene sentimientos y suele ser duro…

El primer intento por llegar a la meta fue en 2011. El Chiara Rally Team se quedó con las manos vacías en la cuarta etapa cuando su piloto Alejandro Sargo abandonó por un problema mecánico. Adrián decidió que en 2012 sería él mismo el que se tomaría revancha. Sin embargo, el motor de la VW Amarok del Overdrive se quedó a los pocos kilómetros tras la largada de Mar del Plata… Siempre acompañado con la foto de Chiara en el techo del habitáculo de su vehículo, Yacopini se desquitó en la edición 2013. Junto a su navegante Marco Scopinaro, quien manejó varias de las etapas, llegó al final en una dignísima 30° posición. Su felicidad al arribar a Santiago de Chile fue inmensa. Con la voz entrecortada contó cuán duro había sido la carrera, cuán difícil había sido llegar a la meta y tener esa medalla que se le otorga solo a aquellos que llegan al final. Si hasta casi se había dado por vencido antes de la mitad de la competencia saturado por las presiones de estar también a cargo de la complicada logística de tener su propio equipo. Claro que en cada kilómetro recorrido Adrián tuvo una ayuda extra. La ayuda de su ángel de la guarda que lo acompañó día y noche y que le dio fuerzas para superar todos los obstáculos. Ese ángel de la guarda que ve con orgullo como brilla esa medalla que está en algún lugar de la ruta 7 cerca de la Destilería, en Luján de Cuyo".

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