(Por Paula Jalil, enviada especial) El Mundial Qatar 2022 fue polémico desde el comienzo, las discusiones sobre los derechos humanos, de las mujeres o la comunidad LGTBQ+ o la poca superficie que tiene el país para albergar a tantos hinchas. Pero la tecnología era, a primera mano, una de las mayores atracciones.
Mundial Qatar 2022: la tecnología que no funciona
Hoy Argentina disputó su primer partido contra Arabia Saudita, en el que perdió 2 a 1, pero esa es una historia ya conocida. El centro de atención del país estuvo en el estadio Lusail, ubicado en la ciudad del mismo nombre a menos de 20 kilómetros de Doha.
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Con una impactante infraestructura y la responsabilidad de albergar a la gran final, el estadio no brindó todas las comodidades que se aseguraban en la previa.
El sistema de enfriamiento que estaba pensado para poder jugar partidos con grandes temperaturas, que en Qatar llegan a 50° en verano, no funcionó.
En la previa del partido, disputado a las 13 hora local, más de la mitad del estadio estaba cubierto por un sol intolerable. A los miles de fanáticos que estuvieron sentados en esa zona, el aire acondicionado no les llegó.
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Mejor malo conocido, que bueno por conocer
Desde la inauguración del Mundial el domingo entre Qatar y Ecuador, la aplicación FIFA en la que están cargadas las entradas para poder ingresar a los estadios, tampoco cumplió con su cometido.
Las caídas en los sistemas fueron constantes y fue el problema de miles de aficionados que vieron demorada su entrada. Para acceder a la aplicación es necesario tener internet, el cual tampoco funcionó plenamente.
Los queridos y viejos tickets de papel se extrañaron durante los primeros días del Mundial. Se corroboró una vez más, que la tecnología no puede suplantar todo y aún menos cuando congrega a casi 90 mil personas en un mismo lugar.
Luego del partido, muchos fanáticos o coleccionistas, pedían y hasta compraban las entradas físicas que tenían algunos privilegiados qataríes que habían podido retirarlas en el Centro FIFA. Otra de las lindas costumbres arruinada por la tecnología.






