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El tres veces campeón mundial Santos Benigno Falucho Laciar tenía unas materias pendientes en Mendoza.En su larga y exitosa carrera, el cordobés de Huinca Renancó enfrentó a grandes púgiles de nuestro medio y con su coterráneo Ramón Balbino Soria, tenía que haber desquite, ya que registraban un empate en Huinca (14 de abril) y un triunfo para Ramón en el Pascual Perez (1 de diciembre) en el mítico año 1978.
También lo esperaba para tratar de romper el maleficio de cuatro derrotas el riojano –e igual que Soria– pupilo de Paco Bermúdez, José Rufino Narváez.Esa espera terminó en la bellísima noche del lunes y en el coqueto Centro de Jubilados del CEC, en Bermejo, se encontraron. Como no podía ser de otra manera, el “tercer hombre” fue Panchito Wolfhart.Y la cosa se definió viendo quién comía más asado, tenía mejor memoria o se reía más fuerte ante las ocurrencias del testigo de lujo e invitado de excepción: Cacho Garay. El propio Panchito fue el ideólogo de la reunión y no le faltó el apoyo incondicional de Guillermo Pereyra, que prestó el lugar para la juntada de grandes boxeadores.Además de los nombrados, Falucho se vino de Córdoba con el Camerún Ramirez, aunque le falló Gustavo Ballas, otro que estaba en el reparto de esta película soñada por quienes disfrutaron del boxeo de los ’70 y ’80.Acá estaban Osvaldo Corro, Pablo Chacón, Gumersindo Carrasco y Patricio Díaz. También compañaron algunos futbolistas, como Nany Wolfhart, el Loco Fumagalli, y Raúl Ñoqui Galeasi.Mucho apoyo tuvo Pancho en Juan Bisutti (por fin uno del Lobo), Oscar Chinaglia Vidal, Rubén Olmos (coiffeur de estos canosos) y el mencionado Corro.La noche se hizo larga entre comida, anécdotas y buenos vinos. “Pelear con Ramón u otro pupilo de don Paco era como ir a la escuela de nuevo. No me cansaba de mirar la forma de defender o caminar que tenían. Era un lujo enfrentarlos”, dijo Laciar, aquel de la hazaña en Johannesburgo, cuando en 1981 se consagró campeón del mundo al vencer al local Peter Mathebula.


