Lucio A. Ortiz
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El viaje duró sólo una hora y media, más o menos, no era precisamente el intenso camino de la película Camino a La Paz, ni tampoco tenía de acompañante al actor Rodrigo de la Serna.
Fueron cuatro cuartos de 10 minutos como si se sucediesen los actos de una comedia. Como si estuviera con Daniel Quiroga haciendo reír con el clásico del teatro Educando al nene.
Esta vez Ernesto Suárez no estaba en el protagónico. Ni estaba en el escenario y tampoco dirigiendo la obra. El espectáculo era otro y las tablas componían el piso brillante del parquet flotante de Anzorena.
El Flaco Suárez un conocedor eterno del básquetbol estaba de regreso para ver a su querido Anzorena. "Casi ni tengo tiempo, porque los partidos se juegan los miércoles y los viernes, justo cuando tengo ensayos y actuaciones. Pero hoy (el domingo) pude venir".
Conocido en Sudamérica por las obras que dirigió, escribió y actuó, el docente del teatro se ha transformado en un maestro de la vida. Hablando de básquetbol o de cualquier tema, da testimonio de que su exilio en Ecuador Chile, Colombia y Perú dejó huellas de experiencias.
Se jugó la primera final entre Anzorena y San José por el torneo Clausura y para el Flaco era toda una novedad.
"Qué linda que está la cancha. Me acuerdo cuando estaba ubicada de otra forma y el piso era de baldosas", comentó.
Y con preocupación dijo: "Me he encontrado con varios jugadores de los años '60 y '70 que tienen las rodillas y los tobillos destruidos. ¿Sabés lo que era saltar y caer con las baldosas duras? Tenían zapatillas con una suelita finita así (señaló con sus dedos dejando medio centímetro), mirá ahora con esas zapatillas, vuelan y rebotan en este piso (risas)".
Preguntaba los nombres de los jugadores y se sorprendía: "¿Schestakow es algo del que jugaba hace unos años?".
Conocía a los hermanos Lucas y Facundo Rubia, que juegan en San José. "Estos pibes son muy buenos, hay que tener cuidado, sobre todo con el Garza, que la mete de todos lados".
Se deleitaba con los movimientos de Nicolás Aguilera (el domingo hizo 35 puntos para Anzorena). "Me gusta mucho ese base, tiene unos desplazamientos bárbaros y cómo mete de a tres (hizo 8 triples)".
También destacó a "ese chico el 12 (Cantalejos) y el flaquito 13 (Bravín) tienen buenas cualidades". Pero también mencionó: "A este equipo le hace falta un jugador como mi sobrino David (Suárez, el actual DT de Anzorena) en defensa". Lo dijo en una seguidilla de puntos de San José, que se acercó en el marcador.
Genoveva Mora, del diario Hoy, de Quito, alguna vez escribió sobre el Flaco en la obra Entre Lágrimas y risas: "Sin cambios de vestuario, un trabajo corporal casi imperceptible se transforma en niño, anciano, contador de cuentos y se convierte en un mago del escenario, estableciendo una finísima línea entre el dolor y la risa".
Sin la necesidad de actuar, el Flaco, ambienta sus frases sencillas para adecuarlas al partido de básquetbol.
Y anticipó algunos momentos brillantes de Lavezzari o las apariciones de Alejo Schestakow o los descuidos en la marca sobre Linchetta o la soltura para girar de Velázquez. "¿Viste que algo sé de básquet?", lanzaba tras los aciertos de sus premoniciones.
"Si puedo, voy a ir a ver la otra final, va estar lindo", largó y prometió que se va a hacer un tiempito para estar el miércoles en la Federación de Box.
Los árboles suman un aro, en el tronco, por cada año transcurrido. A la cara del Flaco se le van agregando surcos en el rostro y ya suman 76 los años vividos de 1940.
Es un maestro de teatro, y analizando y dando opiniones, también es un experto de básquetbol. ¡Doble, Flaco!
