Análisis y opinión

¿Solos en la madrugada? No, no estamos solos

He ingresado en la etapa Forrest Gump, pero en casa. A diferencia del personaje que hizo en cine Tom Hanks, yo no corro, camino. Es lo que me permite una vivienda de 60 metros cuadrados con un muy breve patio que mi mujer ha convertido en vivero. “Tenés que tomar sol”, me sugiere ella mientras lava las raíces de una caña de bambú que nos acompaña hace años desde un florero de cogote larguísimo.

Camino y camino esquivando sillas, armarios o la heladera y repaso algunas de las noticias leídas en la mañana. Me cuesta entender que el Presidente se ocupe de actuar en Twitter, de madrugada, como si fuera un ciudadano común, algo que claramente no es. La representatividad institucional que le han conferido los votantes así lo determina.

Virtualidad espesa

 Sin embargo, desde ese barro virtual Alberto Fernández suele incurrir en el destemple de retuitear opiniones de otros para refutar, por ejemplo, una crítica al Gobierno que a él no le ha gustado.

 Eso es lo que le ha pasado en el caso concreto que nos ocupa y que se generó a partir de un editorial del periodista Jonatan Viale en A24 sobre el escándalo de los sobreprecios que el Estado nacional aprobó al comprar víveres para la emergencia alimentaria, y que luego Alberto Fernández frenó cuando una investigación de La Nación destapó el caso.

La versión original del tuit es de un militante kirchnerista, Dante López Foresi, que tiene un sitio digital llamado Agencia El Vigía, y que derrapó al utilizar una inquina personal y discriminatoria contra el periodista Jonatan Viale, de A24, al que califica de “gordo lechoso”.

El padre de Estanislao

En el retuiteo ahora famoso, Alberto Fernández parece sugerirnos: ¿ven? esto es lo que yo pienso de este suceso.

Ningún presidente debe avalar un tuit que contenga agravios personales. Eso queda para un Trump o un Bolsonaro. Las opiniones se refutan con conceptos.

Todos estamos en posición de discutir ideas (y un mandatario de defender su gestión) pero no para mofarnos si el que nos critica es bajo, alto, panzón, viejo, morocho o rubio platinado.

Máxime en el caso personal de este mandatario sobre quien se ha señalado su apertura mental para comprender y acompañar a su hijo Estanislao en sus elecciones personalísimas de vida. ¿Cuántos dignatarios hay en el mundo dispuestos a comprender que su hijo genere espectáculos de drag queen?

Y, además, porque los observadores políticos internacionales ya han ubicado a Alberto Fernández como alguien que está haciendo esfuerzos para ubicarse en el centro de la escena política, lejos de los extremos, y con más apetencia de jefe de Estado que de líder partidario.

Buscar otras tareas

Twitear de madrugada no parece ser una tarea indicada para alguien con una gran responsabilidad, máxime en momentos como estos en que la ecuanimidad es tan  prioritaria en la política.

Ya se ha dicho, sin que nadie lo haya desmentido, que Alberto Fernández maneja personalmente su cuenta de Twitter, algo que la mayoría de los mandatarios del mundo le trasladan a un comunity manager, para no cometer errores o no dejarse llevar por una calentura.

Tuitear de madrugada es tarea riesgosa para un jefe de Estado. No es cierto que uno esté solo a esas horas. Además, ¡con todo lo que hay  para leer en caso de no conciliar el sueño!

En una película española de los '80, que después se hizo de culto, el actor José Sacristán se consagró en el papel de un conductor radial de trasnoche cuyo eslogan gratamente contradictorio era: ”Solos en la madrugada… No, no estamos solos”