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Peker vs. el amor romántico: "No somos la Bella Durmiente, somos la Bella Deseante"

Una imperdible charla con la periodista, autora de Sexteame. Amor y sexo en la era de las mujeres deseantes

Con su estilo intenso e incisivo, la periodista Luciana Peker se ha transformado en una de las referentes principales de la cruzada por los derechos de la mujer. Una cruzada que, según se desprende de sus palabras, todavía tiene un largo trecho por recorrer.

Peker despliega su fuerza comunicativa en varios frentes: escribe, hace radio, se activa en las redes y otros formatos actuales… y hasta se atreve con la música. Canta y recita junto a Tita Print en una cumbia cuya letra está inspirada en Soy la deseante, el poema que oficia de cierre al nuevo libro de la autora, Sexteame. Amor y sexo en la era de las mujeres deseantes.

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Las líneas del texto dibujan cabalmente a su protagonista: “No me escondo. No pido perdón. No tengo pudor. Soy la deseante”.

Una pintura tan explícita como su diálogo con nosotros desde el barrio de Chacarita, Buenos Aires, donde vive y sobrevive a una cuarentena que la sofoca.

Columnista de larga data en medios como The New York Times, The Washington Post, El País y El Mundo, conduce, en radio, Lo intempestivo junto a Darío Sztajnszrajber por FM Nacional Rock.

Sus anteriores libros, Mujeres ferroviarias, experiencias de vida sobre rieles (2015), La revolución de las mujeres no era solo una píldora (2017), Putita golosa, por un feminismo del goce (2018) y La revolución de las hijas (2019), han ido marcando una trayectoria progresiva en el desarrollo de sus ideas.

Ninguno de los temas que trata Luciana dan margen para la tibieza o la indiferencia.

La pandemia, un enorme retroceso

Peker, atisbando a través de la ventana de su domicilio, admite, como cualquier de nosotros, que este “es un año de puertas adentro”. Lo cual ha generado, en todo el mundo, “un enorme retroceso”. Fundamentalmente en la situación de las mujeres.

Una de las consecuencias de la pandemia es la ola de muertes y también, debido al confinamiento, un aumento del desempleo. Una de las franjas más perjudicadas es el de “las jóvenes menores de 29 años”.

Pero eso no es todo. La coyuntura de excepción ha derivado en “la vuelta al espacio doméstico, que es un lugar de donde las mujeres quisimos salir para ser parte de la vida pública. En lo político, se perdió la calle como elemento de participación”. Hay, asimismo, “una mayor recarga en las tareas de cuidado”.

Se fundamenta, para esta opinión, en una encuesta de la agrupación Marea, que ha hecho foco puntual en Mendoza. “En los barrios populares mostró cómo subió la tarea de cuidado. Y especialmente bajó la posibilidad de distenderse, el recreo, el tiempo propio, la posibilidad de divertirse para las mujeres. Es, por lo tanto, un escenario más complejo que implica nuevos desafíos”.

Ampliando la mirada, de lo que se trata es de apostar por los lazos afectivos. “Es justamente una apuesta por el amparo y por una palabra que reivindico, que es el cuidado. El cuidado no tiene que ser más un sinónimo de sometimiento de las mujeres, pero si no apostamos a esos vínculos no vamos a salir. En definitiva, la apuesta al amor, al encuentro, al amparo y al cuidado es una apuesta de resistencia para que esta pandemia no exacerbe lo peor de la humanidad”.

La distancia social también es distancia sexual

A mediados de abril, cuando la cuarentena era todavía una novedad en nuestra existencia cotidiana, el Ministerio de Salud de la Nación aconsejó a la población practicar el sexo virtual (o sexting) y la masturbación, hasta tanto duraran las restricciones. El médico infectólogo José Barletta fue uno de los voceros.

Nadie imaginaba, por supuesto, que la travesía en el desierto iba a durar tanto.

El tema, una de las especialidades de Peker en este tramo de su producción, le ofrece una explicación a mano. Para aquellos a quienes la pandemia agarró viviendo bajo el mismo techo, en estructuras familiares, de pareja o sexuales, la problemática fue menor.

“A su vez -dice-, hay muchas personas solas, que llevaban su soledad de un modo que no les quitaba sexualidad, sino que a través de Tinder, de Happn o de otro tipo de redes o de encuentros, tenían sexo ocasional con una o con más personas”. Pero, claro, la distancia social que implica la cuarentena, también es distancia sexual. Ahí la situación se volvió muy conflictiva.

La práctica ya estaba desarrollada en Sexteame, el libro de Peker, que fue escrito antes de la pandemia. “Por supuesto que habla de sexteo, que es la combinación entre palabras y sexo. Y la verdad es que, si antes se hacía sexting, ahora se hace muchísimo más”.

Elemental.

Sexting para mujeres mayores, una batalla desigual

Una pregunta que surge en forma espontánea y previsible desde el público, puntualmente de una oyente de radio: ¿cómo satisface su deseo la gente mayor? Muchas mujeres, rondando los cincuenta, consideran que el sexting, para ellas, es impracticable.

Peker no duda en afirmar que “las mujeres más grandes, por encima de los 40, están muy encendidas”.

¿Cuál es el problema, entonces? Que hay diferencias “en lo que hoy podemos nombrar como el mercado amoroso”.

De cajón. “Un varón de cuarenta o cincuenta, tiene posibilidades de estar con mujeres de su edad, pero también de treinta o más chicas. Tiene más chances en ese mercado y en el mercado de las redes sociales de seducción o de levante”.

Para las mujeres de más de cuarenta o cincuenta, en cambio, resulta más engorroso. Peker ya lo trata en su libro: “Hay una censura sobre esas mujeres que hace que les resulte más difícil encontrar una pareja estable u ocasional. Difícil no quiere decir imposible”.

Lo bueno, para la autora de Sexteame, es que “esas mujeres hoy están muy encendidas no solo en lo sexual. Están encendidas en lo cultural y en lo político. Y eso, por supuesto, sube muchísimo el erotismo”.

Hay que buscar salidas, pues. ¿Por ejemplo? “Por ejemplo, que las mujeres más grandes tengan menos tabúes de estar con varones más jóvenes, tal como hacen ellos. Yo no voy a imponerle a nadie lo que tiene o no tiene que hacer. Pero no es impracticable el sexting para una mujer de 50. El sexting no es necesariamente mandar una foto o hacer una escena incómoda, porque a lo mejor estás con hijos u otras personas y eso te lo impide. Se trata de poder decir lo que te gusta, en el caso de algunas mujeres por primera vez. Es como escribir tu propia novela erótica. Y eso es también posible a los 50 y desde tu casa”.

Una situación apocalíptica que necesita amparo, amor, sexo

El encierro obligatorio que impuso la cuarentena produjo, puertas adentro de los hogares, situaciones ambivalentes. Algunos vínculos se vieron fortalecidos. En otros casos, los conflictos escalaron hasta el estallido.

Entre las situaciones que se han exacerbado, indica Peker, claramente está “la violencia de género. Las llamadas a la línea 144 han aumentado un 25% en todo el país. Hay un aumento de femicidios”.

Hay, entonces, un problema grave con el crecimiento de la violencia.

No obstante, la otra cara de la moneda: “Hay muchas parejas, que al vivir juntos todo el día, han fortalecido su relación. Algunos dudaban si casarse o no, para no perder la independencia. Pues bien, decidieron no pasarla solos y les está yendo bárbaro”.

Es más, añade Peker: “En muchas familias, incluso, hay varones que han redescubierto la paternidad. Fijate que la licencia por paternidad es de solo dos días. Y en vacaciones, muchos de ellos no estaban más de quince o veinte días con sus hijos de la mañana a la noche. Y de verdad están disfrutando de este momento”.

En resumidas cuentas, “la pandemia, más allá de la cuarentena, interpela una fuerte sensación de desamparo en la Argentina y en el mundo. Estamos frente a una situación apocalíptica”.

¿Qué se ve ahí?: “Una clara sensación de necesitar amparo, amor, sexo, voces”.

Por lo tanto, “hay que salir de las relaciones más descartables, más descarnadas, digamos, con menos vínculo afectivo real. Y de ahí salir hacia vínculos que por lo menos den un poco de amparo dentro del pequeño mundo en el que vivimos”.

"Creo en un feminismo que incluya a los varones"

¿Está bien que los varones vayan a las marchas que organizan las mujeres para su reivindicación?

Depende de qué se marcha se trate, aclara Peker. Ir a hacer rostro porque sí no la convence.

“Yo digo que lean, que escuchen, que vean libros, que vayan a las charlas, que hagan un montón de cosas. Sí creo en un feminismo que incluya a los varones, en principio, porque creo en un feminismo como movimiento político y de transformación social; y esa transformación no se hace sola”.

Agrega, por si hiciera falta, que esa inclusión de los varones “no implica solo ponerles una alfombra roja; es una interpelación y una invitación a que hagan un trabajo de conocimiento, por sobre todo, de las demandas de las mujeres y de la diversidad sexual”.

Contra el amor romántico

En nuestros espacios informativos escuchamos, allá por febrero, a Carla Castelo, otra vehemente pluma feminista, explicar las razones de su libro Manifiesto contra el amor romántico (Cómo no morir de enamoramiento).

Peker, como muchas otras de sus colegas, continúa esa expedición antirromántica.

Con matices, eso sí: “El libro de Carla está buenísimo, pero depende de la connotación que cada quien le ponga a ese adjetivo”.

¿Por ejemplo? “Para mí, algo romántico en un sentido positivo es que me encantan los bombones; y si un varón me regala una caja, me encanta; y para vos puede significar un gesto romántico clásico”. Por lo tanto, “ese romanticismo es un gesto de gentileza, de amabilidad, de galantería que para mí queda perfecto”.

Viene, ahora, la objeción. La deconstrucción. “Cuando decimos que hay que deconstruir el amor romántico yo lo pongo en términos clásicos, para que se entienda. Y es que nos enseñaron a amar con la Bella Durmiente, que se duerme y recién despierta cuando viene el beso del príncipe”.

Lo que destila ese cuento de hadas, versionado, entre otros, por Perrault y los hermanos Grimm es el “estar dormidas, ser sujetas pasivas y que, recién, frente al deseo y a la acción de los varones, nos despertábamos”.

La rebelión, en palabras de Peker: “Hoy cambiamos esa idea por otra donde ya no somos objeto de deseo solamente sino sujetas de deseo. No somos la Bella Durmiente, somos la Bella Deseante”.

Completa el concepto apelando a otra colega, la joven Candela Yatche: “También la idea de belleza, como hace Candela, la deconstruimos para estar gozosas de nuestros cuerpos más allá de los espejos sociales. Digamos, hay que deconstruir la formas en que nos presentaban el amor, que era para sedarnos o para dormirnos, así podemos disfrutar una vida activa y no dormida. Deconstruimos los mandatos que nos dijeron esas cosas para llevarnos a situaciones de sometimiento, de opresión, de perder tiempo, dinero, integridad, salud y goce”.

La deconstrucción del amor es un asunto que aborda seguidamente con Darío Sztajnszrajber. “Deconstruimos el amor tal como nos lo enseñaron para construir un amor mejor”.

Golosa, picante, deseante

Luciana Peker, superando cualquier condicionamiento social, ha hecho de sí misma un personaje icónico. Disruptivo.

Se yergue frente a los hombres en toda su estatura, fomenta la realización del deseo en voz alta, se banca el talle XL, el comer bombones, el interpretar una cumbia picante.

¿Es realmente así? ¿Cómo es, en definitiva, Luciana Peker? “Golosa, absolutamente”, define.

¿Golosa? ¿Cuánto? Ríe: “¡En Mar del Plata me vuelvo loca con los churros con dulce de leche y en Mendoza he comido unos copitos!... He hecho un picnic con Ana Negri, una periodista que quiero mucho de tu provincia. Si hay algo tentador de Mendoza es su gastronomía y eso está primero en el erotismo”.

No solo eso. No se trata solo de comer. “En fin, para mí ser golosa, como figura en el libro, es una forma de vivir: disfrutar más allá de cómo te miran los demás y no perder el placer propio”.

¿Y es picante, como anuncia la cumbia? “Sí, me siento picante, porque no me quedo callada, porque voy para adelante como dice la canción; porque si hay que subirle la pimienta, la subo como periodista, porque este oficio es mi vida y amo escribir; y por eso amo la posibilidad de los libros”.

El autorretrato se cierra en un círculo perfecto: “Me defino muy fuertemente como madre porque la maternidad, en mi caso, es una elección, un deseo y un enorme disfrute. Me defino también como alguien que apuesta al amor, políticamente, colectivamente; pero también desde lo íntimo como alguien que quiere construir desde la amorosidad”.