Diario Uno Opinión PASO 2021
Análisis y opinión

Mendoza y la Nación: dos formas de ser y de entender la política

La senadora provincial por el oficialismo mendocino, Natacha Eisenchlas, opina de la interna en el Frente de Todos y el impacto en la gestión de Alberto Fernández

Han pasado pocos días desde las Paso 2021, ese día tan importante, con esos resultados tan inesperados en todos los sentidos. Parece que hubiera pasado una eternidad. Días preocupantes, inciertos, dolorosos. Hace días que la política, los medios y los analistas hablan de los resultados y sus consecuencias.

Pero para la gente de a pie, los votantes, esos protagonistas silenciosos y verdaderos dueños de lo que ocurrió ese día, los problemas son otros. Es como una película ajena con personajes que no nos representan ni saben escucharnos.

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Es muy impactante esa dicotomía: una agenda política nacional tan distinta, tan de espaldas a la gente. Tal vez allí, se encuentre una explicación al enorme fenómeno que ocurrió el 12 de septiembre. Sin saber lo que iba a ocurrir los mendocinos intuíamos que nuestra vida cotidiana no estaba entre las prioridades del oficialismo nacional. Una sensación de desamparo, de soledad, que se tradujo pacíficamente en una forma de votar. Sin estridencias, en las urnas. De una manera emocionante hablamos con tranquilidad y contundencia.

Pareciera que sabíamos que lo que nos ocurría en el supermercado, o cuando nuestros niños volvían a la escuela después de tanto tiempo, o cuando mirábamos las imágenes de esas fotos que eran como un golpe a la mandíbula, eran como puntos latentes de algo mucho mayor. Algo que no nos representaba. Y si no lo intuíamos, lo que vino después nos devolvió una imagen tremenda que legitimó lo que hicimos.

Una incertidumbre institucional, una administración nacional paralizada por una pelea interna, una guerra de egos, una especulación política… Pienso en esos cientos de miles de argentinos que volvían de un día de trabajo, o de buscarlo, sacando cuentas para llegar a fin de mes, que llegaban a sus casas a la noche, prendían el televisor o leían los titulares y veían los datos de la inflación, el aumento de la canasta básica y la posibilidad tremenda del mes que viene estar peor.

Al mismo tiempo veían al presidente y a la vicepresidenta peleando por las redes sociales, cada uno atrincherado en un lugar distinto, una diputada oficialista insultando al presidente por audios. ¿Qué habrán sentido? No lo sabemos, pero seguramente sí sintieron que quienes tenían la obligación de ponerse a trabajar en lo que la gente les reclamaba, no lo hicieron. Porque si se pone la energía en una cosa, no se pone en otra.

Me faltan las palabras para describir lo que pasó. Puedo aproximarme: tristeza, incredulidad, desazón. ¿Cómo puede ser que después de todo el dolor que nos costó nuestra democracia el resultado de una elección produzca este espectáculo que nadie hubiera querido ver?

Ahora parece que un intercambio de funcionarios es la solución. Esperamos que lo sea aunque sirva sólo para evitar que sigamos viendo esta tragicomedia. Pero no lo es en profundidad. Hay un germen de falta de templanza y de empatía en la dirigencia nacional que no afecta sólo a ellos. Mencionando sólo rápidamente que en Mendoza también hubo expresiones de dirigentes importantes tomando posición en algún u otro sentido, esperamos que esto no tenga más consecuencias. Porque perdemos todos.

Lo primero que ocurre es un distanciamiento cada vez mayor entre la gente de a pie y la dirigencia política. La incredulidad, el desgano y la angustia, le quitan fuerza a cualquier posibilidad de sentirnos parte de algo colectivo, de posibilidad de sentir que vale la pena seguir viviendo en este país que queremos y a la vez nos duele. Cuando gana el sálvense quien pueda, nuestros lazos se debilitan.

Nada importante se logra en soledad, por eso es tan importante que nos sintamos contenidos, todos, en un país que respetemos. Si votamos como la mayoría o si no. No importa, importa que los resultados no nos produzcan más zozobra de la que ya sentimos.

En Mendoza tenemos una posibilidad, tal vez no tomamos total conciencia del poder que tenemos. Hay un equipo entre quienes gobiernan y los mendocinos. Votamos como lo hicimos antes de que esto pasara. El resultado fue apabullante en números, pero lo fue aún más en su calidad.

Tenemos que cuidarlo, respetar lo que hicimos y volver a decirlo con aún más contundencia. Es mucho, muchísimo lo que está en juego. La calma, la serenidad, el equilibrio en la gestión y en la forma de visualizar la política tiene consecuencias directas en nuestra vida cotidiana. No se trata de más peronismo. Tampoco de más radicalismo, ni de más Pro, ni de más socialismo.

Se trata de sensatez, de contacto con el que sufre, el que tiene incertidumbre y miedo, el que está resignado y piensa que el futuro de sus hijos está en otro país. Hay formas distintas de hacer las cosas, lo vemos concretamente. Hay luz en este camino, tenemos motivos para la esperanza. Podemos caminar juntos hacia ese lugar.

La autora es senadora provincial por el Frente Cambia Mendoza.

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