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Mendoza logró esquivar a tiempo la tormenta perfecta

El acuerdo por el presupuesto, a último momento, permite avisorar el futuro con mejores expectativas.

Ni vencedores ni vencidos. La política o, para decirlo mejor, oficialistas y opositores venían pugnando al borde de la cornisa. Y cuando se estaba perdiendo toda razonabilidad, la que corría riesgo de caerse en serio era la Provincia.

Al menos, ahora sabemos que se podrá encarar un plan de obras indispensables que brindará mejoras en la calidad de vida de la población e impactará positivamente en la economía y en el empleo.

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Probablemente ya sea parte del anecdotario cómo se logró destrabar las posiciones encontradas, lo cierto es que finalmente las fuerzas confrontadas se prestaron al diálogo y lograron acordar, no tanto como lo que pretendía el oficialismo ni tan poco como aceptaba la oposición.

Ahora la pelota quedó en el campo del Gobierno, quien deberá decidir los proyectos, conseguir los créditos, y trabajar sobre la refinanciación de los vencimientos tras la autorización legislativa al roll over.

El camino ha empezado a despejarse para Mendoza en algunos aspectos, aunque todavía no termina de resolverse la situación del presente año, uno de los más duros en la última década, con una caída de la recaudación local en torno al 17 por ciento, y menores ingresos por coparticipación. Esta semana arrancó la negociación paritaria en el sector estatal sin oferta de mejoras salariales, mientras la mitad del aguinaldo todavía no tiene un cronograma cierto.

No obstante, cuando la negociación entre el bloque legislativo de Cambia Mendoza y el Frente de Todos parecía llegar a un lugar sin retorno, se presagiaba lo peor, al punto de que ni siquiera podría garantizarse el pago de los sueldos. Y es sabido que cuando se cae la maquinaria estatal, arrastra consigo al sector privado.

Con las autorizaciones legislativas, a pesar de la crisis extraordinaria, la Provincia encara el 2021 con equilibrio presupuestario y sin déficit proyectado en las cuentas de los gastos corrientes. El año próximo no promete una etapa de bonanzas, pero sí un camino de recuperación gradual. La esperada apertura turística, si bien no es inminente, traerá consigo una renta tan importante como esperada, para lo cual los actores que quedaron en pie poco a poco se van preparando. Mientras tanto, el turismo interno cada vez va cobrando mayor dinámica, lo que por el momento alcanza para mantener la llamita encendida.

Otro sector que Mendoza espera con ansias es el petrolero. El contexto internacional continúa siendo incierto y el consumo de combustibles se ha caído por efecto de la pandemia. El reclamo del gobernador Rodolfo Suarez al CEO de YPF, Sergio Affronti, es por la escasa participación de la petrolera en las inversiones en la Provincia y en el desarrollo de Vaca Muerta en Malargüe.

Ambos recorrieron la destilería de Luján, que tiene un plan de expansión hasta 2024. Las autoridades locales quedaron conformes con el encuentro pero, entre otros planteos, pidieron la aplicación del Plan Gas en Mendoza. La senadora Fernández Sagasti, que días previos se reunió con Affronti, también puede lograr algunos objetivos en el asunto.

Una esperanza cierta se abre en la transacción con VALE, que le permite a la Provincia disponer de los valiosos activos si se obtiene el aval legislativo que será tratado en los próximos días. Ya el Gobierno ha tomado contacto con firmas extranjeras interesadas en el complejo Potasio Río Colorado.

Aún con una escala del cinco por ciento de la magnitud proyectada inicialmente por la compañía brasileña, se prevé la reactivación de la mano de obra calificada, y el establecimiento de una base logística en la zona para el desarrollo de un polo industrial.

Por otro lado, se abren expectativas en la obra pública a partir de algunos proyectos que financiará la Nación y, principalmente, a partir de la autorización legislativa para tomar créditos para infraestructura e inversión pública, más la posibilidad de mantener los programas de Mendoza Activa.

El contexto nacional marcará el ritmo de la economía pero, después de haber tocado fondo, Mendoza mira con cierta expectativa el camino de la recuperación.

Vieja historia de amor y odio

La delegación del FMI que permaneció durante dos semanas en el país analizando la economía y las intenciones del gobierno nacional concluyó la primera misión con buen semblante. El equipo que lidera Martín Guzmán tiene la esperanza de que el pedido de las autoridades argentinas de aplicar un programa de Servicio Ampliado (SAF) llegue a buen puerto. Así, gana cuatro años y medio para empezar a devolver el préstamo extraordinario que el Fondo otorgó al gobierno de Macri.

Siempre que la política no embarre la cancha, la idea de la administración de Alberto Fernández es avanzar en un acuerdo que, evidentemente, implicará un plan económico que será monitoreado por el FMI, como contralor de que el Gobierno cumpla con las reformas estructurales que se van a exigir como contrapartida.

El Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, sigue diciendo que el país no aceptará condicionamientos de ningún tipo. Claramente necesita llevar un mensaje que, aunque se contraponga a la realidad, busca sostener un relato épico para acumular consenso.

El país necesita imperiosamente recomponer sus finanzas, ante la caída en todos los indicadores, la pérdida de reservas, y el incremento de la deuda en unos diez mil millones de dólares durante la gestión actual.

Las autoridades son conscientes de que es imprescindible estabilizar la economía y generar confianza para proyectar inversiones y el crecimiento.

Mientras un ala de la coalición está enfocada en cambiar las condiciones para nombrar el Procurador y otros manoseos institucionales por el estilo, un sector del Gobierno pone todas sus energías en el drama económico.

La situación de las pymes y del empleo están marcando cuál es la realidad del país que hay que revertir. Al menos, un dato a destacar: aparentemente Alberto Fernández se desenamoró de la cuarentena, lo que no es poco para empezar a trabajar en lo urgente e importante.