Analisis y opinión

La semana naif que se vivía antes del atentado a Cristina Kirchner

Es sintomático que en esta época de virtualidades y de opciones digitalizadas tenga tanta importancia algo tan clásico como un álbum de papel y unas figuritas

Aclaración necesaria: esta columna se terminó de escribir antes del episodio en el que se atentó contra la vida de la vicepresidenta Cristina Kirchner. Habla de cómo las figuritas y el álbum del Mundial habían creado en las familias argentinas una especie de shock social digno de analizar. En principio creí oportuno desechar este material, pero luego me pareció que podía ser ilustrativa de cómo un hecho de violencia política trastoca, deforma y dinamita sucesos entrañables y colectivos de la vida cotidiana, como el de armar un álbum.

El caso Panini

De repente la gente habla de Panini con la familiaridad de quien menciona al Muñeco Gallardo o al Gordo Lanata. Quien esto escribe escuchó en la cola del supermercado unos divagues sobre Panini, a quien algunos le alababan que la estuviera "levantando en pala". Un cuarentón que integraba la cola explicaba que estaba allí porque sus hijos lo habían conminado a que les consiguiera las figuritas y el álbum del Mundial. Y acotó: "este Panini nos la puso a todos".

Los clientes habituales de los súper que pasan a llevarse rápido la comida u otros artículos de primera necesidad están que braman. Es que ahora el local está copado por nuevos clientes "mundialistas". ¿Qué es esto? se alarman cuando se encuentran con el local repleto de preadolescentes que no saben de Precios Cuidados, pero que taponan los pasillos. Cuando los chicos llegan a las cajas sacan los billetes hechos un bollo, se piden plata entre ellos "porque me faltan cien pesos que mañana te devuelvo" y empiezan a abrir ahí los paquetes con las "figus" y a quejarse porque les han tocado las de Senegal.

¿Quién es ese tipo de apellido Panini? En realidad es el nombre de una conocida editorial italiana que ganó la licitación para explotar el negocio de los álbumes del Mundial de Fútbol de la FIFA 2022 . Este mismo rebusque ya lo habían tenido en otros mundiales anteriores. La empresa la manejan cuatro hermanos visionarios -los Panini, claro está- a quienes, en efecto, no les deben alcanzar las horas del día para contar los dólares que les están entrando desde diversos países del mundo.

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"Stockear" figuritas

Es sintomático que en esta época de virtualidades y de opciones digitalizadas tenga tanta importancia algo tan palpable como un álbum de papel y unas figuritas hechas a la manera tradicional, Armar un álbum es una tarea artesanal, tradicional, que muchos suponían en vías de extinción. Parece que no.

En el consultorio de un oculista escuché a una mujer que le admitía a otra haber mentido para conseguir que le vendieran más paquetes de figuritas que los permitidos por persona."Dije que tenía cinco hijos y que no podía llegar a la casa sólo con dos paquetes. Me creyeron y me fui con 10 paquetes". Tiene un solo hijo.

Y en una heladería pituca un grupo de chicas adolescentes me sorprendió por la naturalidad con que hablaban de las variadas posibilidades de hacer dinero con la reventa de álbumes y figuritas. Algunas vienen haciendo stock de figuritas desde hace una semana con la idea de venderlas más cerca del Mundial. Otras tiraban "data" acerca de dónde funcionan los centros informales de canje. Un mundo a descubrir, diría un locutor de programa de la tarde.

En pie de guerra

Los kiosqueros agrupados están que trinan porque les entregan el producto a cuentagotas. Argumentan que Panini está privilegiando otras cadenas de comercialización, como supermercados, shoppings, estaciones de servicio e incluso aplicaciones de delivery. Y que a ellos, en cambio, los tienen en menos.

A la manera de los taxistas que combatieron la aparición de Uber o Cabify porque consideraban que ellos tenían exclusividad en el servicio, los kiosqueros que integran alguna cámara aseguran que, por tradición, la venta de álbumes les corresponde a ellos. Es una prueba más de la argentinidad al palo que no logra entender que el mundo ha cambiado. Pero no son los únicos. Algunos dirigentes peronistas están convencidos de que el poder en la Argentina está guardado para ellos.

En algunos puntos del país conmocionado por las "figus", como Santa Fe y Ciudad de Buenos Aires, hay movidas de las cámaras de kiosqueros contra esa "discriminación" que sufren. Quieren impedir, a la manera "de los Moyano", la salida de los camiones desde los depósitos de la editorial hasta que les den una solución. Algunos diarios ya han titulado "La guerra de los kiosqueros con Panini".

Factor Di Pietro

Hoy Francisco Di Pietro, el primer argentino que llenó el Album del Mundial, tiene más prestigio que algunos políticos. El tipo es un estudiante de la UADE (Universidad Argentina de la Empresa) que armó una "ingeniería" en las redes sociales para conseguir todas las caritas de los jugadores y lo logró en tiempo récord. Y encima le sobró una de Messi.

Este Mundial, que empezará el 21 de noviembre y que concluirá el 18 de diciembre, ya ha superado todas las expectativas en materia de venta de álbumes y figuritas. Y a este ritmo de demanda la Argentina será el país que más figuritas haya adquirido.

Los comerciantes atribuyen esta fiebre contagiosa a las fuertes expectativas de que el país, de la mano de Messi, salga campeón mundial. Es decir, a que en algo nos vaya bien. Tal vez en el mundo de las figuritas no haya grieta.

A los argentinos nos va mal en lo económico y en lo político. Y es escasa la confianza en los dirigentes. Eso hace que mucha gente decida juntarse en torno a temas donde sabemos que somos buenos -el fútbol- y en los que podemos tener un rédito aunque sea moral o emocional.

Los argentinos tienen necesidad de sentir que forman parte de una empresa común. Quizás por eso, asuntos entrañables como coleccionar figuritas resistan con honores el paso del tiempo. Nada más alejado que un arma en la cabeza de alguien.

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