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Juan José Campanella, otra víctima de la militancia desbocada y fanática

Un artista de innegable talento, como Juan José Campanella, tropezó y se fue al pasto al intentar cuestionar al gobernador kirchnerista Axel Kicillof con argumentos "muy pequeños"

La militancia política acrítica, desbocada, fanática, termina tarde o temprano afectando las neuronas. De Alfredo Casero a Dady Brieva, de uno y otro lado de la grieta, hay una larga lista de gente que ha perdido los estribos y el discernimiento, lo cual los lleva a hacer papelones, a decir barbaridades, a convertir su lengua en un muestrario de pavadas impensadas.

El director de cine y TV Juan José Campanella es un hombre de innegable talento, creador de películas superlativas como El secreto de sus ojos, director de series de TV realizadas en Estados Unidos y en España, (La ley y el orden, Doctor House, entre otras), guionista destacado, autor y director teatral.

Exhibió además una conocida adhesión al gobierno de Cambiemos que luego trasladó al partido opositor Juntos por el Cambio. Es un activo cuestionador de los gobiernos populistas, en particular del kirchnerismo. Todo bien hasta ahí. Un artista también es un ciudadano y no hay problemas en que difunda sus opiniones políticas. Lo que hace prender las alarmas es cuando los militantes se obnubilan y dejan de razonar de manera adecuada.

Al pasto

Desde hace un tiempo Campanella viene incurriendo en algunos excesos y torpezas en su rol de militante partidario. Y ha terminado derrapando feo al dejar que ese ímpetu lo desborde y no lo deje pensar de manera coherente, humana.

La prueba más contundente la ha dado en estos días cuando por criticar al gobierno de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires ha caído en esas agresiones fuleras donde la necesaria argumentación, clave de todo debate, da paso a la más elemental agresión vinculada a asuntos de la sexualidad o de la estatura.

Es llamativo que un creador que ha hecho películas conmovedoras, como El hijo de la novia, Luna de Avellaneda o El cuento de las comadrejas, donde logró mezclar tan bien el drama y el humor, la tragedia y la comedia, es decir las dos carátulas de la vida cotidiana, haya optado por hablar de las supuestas características de la genitalidad de Kicillof donde sólo debió existir el necesario y bienvenido debate político.

El centímetro

"Escucho a Kicillof escupir una mentira tras otra para tapar su triste fracaso, criticando todo el tiempo a Larreta y gesticulando con enana soberbia, y la única imagen que se me ocurre es ésta", escribió Campanella en Twitter junto a la foto de un micropene erecto de dos centímetros, dato que es certificado por un metro plegable colocado al lado.

Cuesta aceptar que una mente activa, potente, diversa, como la de un artista del nivel de Campanella, apele a un comentario digno de un cómico mediocre de vodevil. Hasta los Sofovich lo hubiesen dicho de una manera más sutil. Lo que estoy diciendo no tiene nada que ver con esas tendencias de los nuevos policías o gendarmes del pensamiento, que en nombre de la progresía pretender enseñarnos lo que debemos decir. De ninguna manera.

Por mí, que Campanella diga lo que quiera. No lo estoy censurando. Detesto cualquier forma de censura. Digo, sí, que tratar de combatir a una persona por el supuesto tamaño de su pene, sea grande o chico, no es una muestra de inteligencia. Mucho más productivo hubiera sido que Campanella lo refutara a Kicillof con datos, cifras, números y no que se entretuviera con la entrepierna del gobernador.

Hediondos

Uno puede entender el apasionamiento en la discusión. Aceptar, en cambio, el énfasis en la torpeza, es más difícil. "Alegorías" como la del micropene es algo habitual en los meandros más hediondos de las redes sociales. Campanella tiene laureles ganados que no debe dejar arder en esas fatuidades.

Arturo Pérez Reverte suele decir que "una ideología sin lucidez crítica es muy peligrosa. La ideología no puede ser visceral, requiere de razonamientos complejos. Si no tienes esa base crítica, lo que buscas es que el otro, el distinto, no hable". Y la remata así: "sólo tengo respeto por las ideologías que son capaces de albergar dudas".

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