Opinión

Por qué a la generación X el fin del mundo de la IA no nos asusta: inventario generacional del apocalipsis

Después de haber sobrevivido a guerras, desastres económicos, pandemias y profecías no cumplidas, a los +50 no nos convencen tan fácilmente de hacer las valijas

La Inteligencia Artificial (IA) nos anda buscando para terminar con nosotros. No lo dicen solamente los paranoicos de internet. Algunos de los investigadores que trabajan justamente en el desarrollo y la seguridad de estos sistemas advierten que una inteligencia cada vez más poderosa podría escapar de los controles humanos. Hay científicos que incluso abandonaron sus puestos para alertar sobre los riesgos de avanzar demasiado rápido.

La noticia debería asustarnos. Pero los que tenemos alrededor de 50 años tenemos un pequeño problema para entrar en pánico: ya nos anunciaron demasiadas veces que el mundo se terminaba.

Así que antes de preocuparnos por si una computadora decide que los humanos somos un estorbo, conviene hacer un pequeño inventario generacional de todos los apocalipsis que nos tocaron imaginar y que no llegaron.

La Guerra Fría: cuando todo dependía de un botón rojo para el fin del mundo

Nacimos o crecimos con la Guerra Fría.

Estados Unidos y la Unión Soviética tenían armas nucleares suficientes para convertir el planeta en una mala idea. Durante años vivimos bajo la amenaza de que dos señores sentados en algún despacho podrían desaparecer a la humanidad.

Estuvimos a nada de ser eyectados al infinito y más allá con solo apretar este botón.

Estuvimos a nada de ser eyectados al infinito y más allá con solo apretar este botón.

No sabíamos demasiado de geopolítica, pero entendíamos perfectamente una cosa: si se equivocaban los grandes, nos moríamos todos

No es un mal comienzo para entrenar en supervivencia que exista la contundente amenaza de que tu vida depende de que alguien accione un botón rojo y el mudo se convierta en una piñata lanzando gente al espacio.

La "casi" guerra con Chile por el Beagle

Los militares ya tenían ganas de una guerra antes de las Malvinas. En 1978 tuvimos que llamar al Papa para que la frenara.

Los militares ya tenían ganas de una guerra antes de las Malvinas. En 1978 tuvimos que llamar al Papa para que la frenara.

Mientras vuestras generaciones menores creen que los conflictos más grandes que tenemos con Chile son por un partido de fútbol, a cuánto nos queda el cambio y si nos vamos de vacaciones a Reñaca, la nuestra estuvo al borde de una guerra.

En 1978, Argentina y Chile querían "lanzarse con de todo" por el canal de Beagle.

Hubo movilización militar y planes para un enfrentamiento que finalmente no ocurrió gracias a la mediación del papa Juan Pablo II. El conflicto terminó encauzándose por la vía diplomática y en 1984 ambos países firmaron el Tratado de Paz y Amistad.

Nosotros todavía estábamos bastante ocupados con cosas importantes, como jugar, andar en bicicleta o descubrir que los adultos podían discutir durante horas, pero mientras tanto los adultos habían conseguido otra excelente idea: pelearnos con el país de al lado.

En mi casa se vivió con una particularidad, mi hermano estaba en la edad de ser convocado al ejército, y mi madre juraba que se iría con él haciendo de enfermera. Creíamos que no lo decía en serio hasta que la vimos haciendo un curso para poner inyecciones.

Yo resistía en base a imaginación y gracias a la colección de los Musicuentos de Viscontea. (googleen)

La guerra de Malvinas

Después de haber desaparecido a toda una generación de jóvenes, los militares se quedaron con las ganas de armar una guerra. Antes de irse, se encargaron de mandar a estos adolescentes a pelear al fin del mundo.

Después de haber desaparecido a toda una generación de jóvenes, los militares se quedaron con las ganas de armar una guerra. Antes de irse, se encargaron de mandar a estos adolescentes a pelear al fin del mundo.

En 1982, un dictador que no pasaba un test de alcoholemia decidió que era una buena idea para salvar el pellejo y evitar de volver a la democracia, meternos en una guerra con Inglaterra por la soberanía de las Islas Malvinas.

La guerra de Malvinas dejó 649 pibes muertos, casi 500 se quitaron la vida después de la guerra, aproximadamente 1500 quedaron con heridas irreparables después de la Guerra, y una marca que todavía forma parte de nuestra historia. Pero para quienes éramos chicos o adolescentes también significó descubrir, de una manera brutal, que los adultos podían mandar a otros a una guerra y después explicar por televisión por qué todo estaba saliendo maravillosamente bien, cuando todo estaba saliendo estrepitosamente mal.

Chernóbil y el planeta que tampoco colaboraba

Este reactor casi termina con el mundo, mientras nosotros veíamos a Grecia Colmenares arrastrando una guitarra en

Este reactor casi termina con el mundo, mientras nosotros veíamos a Grecia Colmenares arrastrando una guitarra en "María de Nadie".

En 1986 explotó el reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil.

De pronto apareció otro elemento para nuestro inventario: la posibilidad de que algo que supuestamente estaba bajo control pudiera convertirse en una catástrofe.

Y justo cuando empezábamos a digerir eso, llegó otro asunto.

El agujero de ozono.

Durante años escuchamos que la capa que nos protegía de la radiación ultravioleta estaba deteriorándose y que había que tener cuidado con el Sol.

No era una fantasía: el problema ambiental era real. Pero para nuestra imaginación infantil el asunto podía resumirse así:

el cielo se estaba agujereando.

La hiperinflación: el fin del mundo estaba en el supermercado

La hiperinflación: el fin del mundo estaba en el supermercado.

La hiperinflación: el fin del mundo estaba en el supermercado.

Y cuando habíamos sobrevivido a los militares, a una guerra descabellada, al reactor nuclear explotando en el otro lado del planeta y a unas cuantas cosillas más, llegó la debacle económica, algo en lo que los argentinos tenemos un doctorado.

En 1989, conocimos la hiperinflación.

No hacía falta mirar el cielo buscando señales del Apocalipsis. Bastaba con ir al supermercado.

Lo peor de la hiperinflación llegó entre mayo y julio de 1989, con un pico mensual histórico de 196,6% de inflación en julio de 1989 (mientras que en mayo llegó a superar el 200% según la medición de arrastre del período)

Los precios cambiaban a una velocidad que hacía que el dinero pareciera tener fecha de vencimiento. El sueldo perdía valor, las familias hacían cuentas y la economía argentina parecía empeñada en demostrarnos que siempre podía inventar una forma nueva de complicarnos la vida.

Después, por supuesto, apareció la solución mágica.

Un peso, un dólar y después vemos

¿Cómo no se nos ocurrió antes si era tan fácil? Bastó con quitarle cuatro ceros al austral para que todo se acomodara mágicamente. Con ustedes, el genio de la convertibilidad, Domigno Cavallo.

¿Cómo no se nos ocurrió antes si era tan fácil? Bastó con quitarle cuatro ceros al austral para que todo se acomodara mágicamente. Con ustedes, el genio de la convertibilidad, Domigno Cavallo.

En 1991 llegó la convertibilidad.

Un peso, un dólar. Una genialidad nunca antes vista. Bastó con quitarle cuatro ceros al austral para que mágicamente, pasáramos de vacacionar en Mar Chiquita a pasar una temporada entre el sol y las Palmeras de Miami.

Argentina había encontrado, aparentemente, la manera de resolver para siempre el problema de la economía. Comprábamos cosas importadas, viajábamos, hablábamos de Miami y durante un tiempo pareció que habíamos hackeado el capitalismo.

Después descubrimos que no.

Pero para entonces ya habíamos aprendido algo importante: si una solución parece demasiado perfecta para ser cierta, probablemente convenga guardar el recibo.

Cólera, ántrax y el peligro de abrir una carta

Estos eran los camastros que se usaban para el cólera, no hace falta explicar para qué servían, usen la imaginación.

Estos eran los camastros que se usaban para el cólera, no hace falta explicar para qué servían, usen la imaginación.

También tuvimos cólera. En Argentina la epidemoa de cólera comenzó en febrero de 1992 en el norte argentino (provincia de Salta) y se extendió durante cinco años hasta 1996

Una enfermedad que sonaba a Edad Media apareció en las conversaciones cotidianas y volvimos a preocuparnos por el agua, los alimentos y la higiene.

El miedo a morir consumidos por nuestras propias heces contaminadas nos perseguía al punto de que todo lo que comíamos tenía gusto a lavandina.

Después llegó el ántrax.

El terrorismo internacional había incorporado una nueva herramienta: cartas con polvo blanco.

Durante un tiempo un sobre sospechoso podía convertir a cualquier persona en protagonista involuntaria de una película de suspenso.

La humanidad había conseguido una cosa extraordinaria: tener miedo de abrir el correo.

El Y2K, el primer fin del mundo tecnológico

¿Cómo olvidar el Y2K? si hasta me da ternura recordarlo. Nuestro primer ensayo de fin del mundo cibernético. Me provoca gran nostalgia tener esos problemas imaginarios.

¿Cómo olvidar el Y2K? si hasta me da ternura recordarlo. Nuestro primer ensayo de fin del mundo cibernético. Me provoca gran nostalgia tener esos problemas imaginarios.

Después llegó el año 2000 y con él, nuestro primer temor a que las máquinas terminaran con nosotros: el Y2K.

Hasta me da ternura recordar ese miedo cibernético tan rudimentario.

El famoso Y2K podía provocar errores en sistemas informáticos porque muchas computadoras habían sido programadas utilizando solamente los dos últimos dígitos del año.

Se habló de bancos, aviones, servicios, centrales y sistemas que podían dejar de funcionar.

Nos preparamos para el colapso.

Llegaron las 12 de la noche del 31 de diciembre de 1999.

Y nada.

Las computadoras siguieron funcionando.

Nosotros seguimos vivos.

Y el mundo descubrió que también se podía sobrevivir a un apocalipsis que había sido evitado, en parte, porque miles de personas habían trabajado para que no ocurriera.

Xuxa y el demonio escondido en un cassette

Esto si que no se lo esperaban. Cuando habíamos superado el cólera, el ántrax, la Guerra Fría, la hiperinflación y todos sus derivados económicos, apareció Xuxa trayendo al demonio en un cassette. La verdad, estamos vivos de milagro.

Esto si que no se lo esperaban. Cuando habíamos superado el cólera, el ántrax, la Guerra Fría, la hiperinflación y todos sus derivados económicos, apareció Xuxa trayendo al demonio en un cassette. La verdad, estamos vivos de milagro.

Esto si que no se lo esperaban. Cuando habíamos superado el cólera, el ántrax, la Guerra Fría, los militares, Malvinas, la hiperinflación y todos sus derivados económicos, apareció Xuxa trayendo al demonio en un cassette. La verdad, estamos vivos de milagro.

Si hablamos de amenazas incomprensibles, no podemos dejar afuera a Xuxa.

Durante los 80' y 90' circuló la versión de que algunos de sus temas contenían mensajes satánicos si reproducías sus cassettes al revés.

La idea era extraordinaria.

Una mujer brasileña que conducía un programa infantil podía, además, tener un convenio laboral con Satanás.

Nosotros no teníamos Spotify. Teníamos cassettes y miedo. Nos conseguíamos truchas las cintas de grabación de Xuxa y hacíamos malabares para pasar la cinta al revés. Lo más cerca del demonio que estuvimos fue cuando nuestros padres nos corretearon por la casa porque habíamos roto el radiograbador.

Torres Gemelas: el apocalipsis en vivo para todo el mundo

En 2001 vimos caer las Torres Gemelas.

Ese acontecimiento cambió la política internacional, la seguridad, los viajes y la manera en que Occidente miraba el terrorismo.

No fue un apocalipsis anunciado que finalmente no ocurrió. Ocurrió.

Por eso entra en el inventario de otra manera: como uno de esos momentos en los que una generación descubre que lo que parecía imposible también puede pasar

La gripe aviar y otras pestes como antesala del Covid

Después volvieron las enfermedades capaces de atravesar fronteras.

Gripe aviar.

Gripe A.

Ébola.

Zika.

Cada brote traía nuevos mapas, nuevas recomendaciones, nuevos barbijos y alguna nueva manera de preguntarnos si esta vez sí había llegado el virus definitivo.

En 2009, la Organización Mundial de la Salud declaró la pandemia de gripe A H1N1.

Y otra vez aprendimos a mirar con desconfianza a alguien que nos tosía cerca.

El 2012 y la profecía Maya del fin del mundo

A este vaticinio del fin del mundo le tuvimos cariño. Pero los mayas nos defraudaron. Aquí estamos, hace 14 años esperando que la profecía se cumpla.

A este vaticinio del fin del mundo le tuvimos cariño. Pero los mayas nos defraudaron. Aquí estamos, hace 14 años esperando que la profecía se cumpla.

Y entonces llegaron los mayas.

El mundo se iba a terminar el 21 de diciembre de 2012. Esta vez teníamos fecha exacta y por lo menos eso resultaba tranquilizador y aterrador a la vez.

Uno podía organizarse, comprar regalos y hacer explotar la tarjeta de crédito, si total todo lo arreglarían los mayas dando de baja al mundo para Año Nuevo.

Eso nunca se hizo realidad, lo que sí se hizo realidad fue el resumen de la tarjeta y entonces muchos quisieron que los mayas hubiesen acertado con la profecía.

La pandemia: el fin del mundo con alcohol en gel y barbijo

Antes de este nuevo miedo desbloqueado del fin del mundo gracias a las IA, tuvimos la pandemia de Covid 19, que fue algo así como

Antes de este nuevo miedo desbloqueado del fin del mundo gracias a las IA, tuvimos la pandemia de Covid 19, que fue algo así como "una que sepamos todos" en cuanto a terrores colectivos.

Y finalmente llegó la pandemia, nos encerramos, conocimos el teletrabajo y aprendimos a ver la vida por Zoom.

Aplaudimos desde los balcones. Aprendimos a usar barbijo. Hicimos videollamadas con amigos, nos cortamos el flequillo en la casa y compramos cosas absurdas por internet.

Nos convertimos todos en epidemiólogos después de leer tres hilos de Twitter.

Y descubrimos que una sociedad entera podía discutir durante horas sobre si una persona estaba autorizada a caminar tres cuadras.

Fue un período espantoso y extraño.

Pero incluso ahí apareció nuestra vieja especialidad: la de adaptarnos mientras esperamos que termine el apocalipsis.

Y ahora la guadaña cibernética con forma de IA

Despidan a la especie humana que se va: llegaron las IA para reemplazarnos.

Despidan a la especie humana que se va: llegaron las IA para reemplazarnos.

Y ahora vienen ellas. Las máquinas que escriben, dibujan, programan, traducen, hacen videos, analizan información y conversan con nosotros.

Algunas personas que trabajan en el desarrollo de estos sistemas advierten que pueden volverse demasiado poderosas o difíciles de controlar. Quizás tengan razón o exageren. Por las dudas, yo me cubro tratando muy bien a las inteligencias artificiales con las que interactúo a diario.

Qué vengan nomás, yo tengo unas cuantas tareas en las que necesito que me releven. Educar hijos, llegar a fin de mes, asegurarme de comer proteínas, tener vida social y no amanecer todos los días como si me hubiera llevado por delante un tren.

De verdad, vengan. Los espero con un mate de rulemanes y la memoria RAM a punto de explotar.

Lo que sí, dejen de anunciar un fin del mundo con una anticipación de 2 o 3 años. En Argentina eso no funciona, estamos todos ocupados en descubrir la fórmula de llegar al día 20 de cada mes sin reptar.

El 2030 queda a años luz. lo más urgente es sobrevivir.

En pocas palabras

  • IA como vaticinio: expertos advierten sobre los riesgos de una inteligencia artificial cada vez más poderosa y difícil de controlar.
  • Cansancio apocalíptico: quienes superan los 50 años han vivido múltiples anuncios del fin del mundo, desde la Guerra Fría hasta profecías mayas, generando escepticismo ante nuevas amenazas.
  • Resiliencia generacional: a lo largo de décadas, diversas crisis y miedos (guerras, pandemias, crisis económicas) han forjado una capacidad de adaptación y supervivencia ante escenarios catastróficos.
Resumen generado por Thinkindot AI