Es de manual: las malas noticias no las anuncia el gobernador. Si la realidad pinta para el cachetazo, los ministros deben dar un paso al frente y poner las mejillas. Ellos son fusibles. Nadie los votó. Y está bien.
Esta vez la mala nueva la anunció Lisandro Nieri, ministro de Hacienda. La Provincia no puede asegurar el normal pago de sueldos a partir de los haberes de mayo ni de los siguientes meses, incluido el medio aguinaldo de junio.
Además, el Gobierno dice estar obligado a replantear todo un nuevo escenario que permita refinanciar su deuda, incluida una emisión de Letras que nos dé el auxilio para poder regar el páramo.
Lo cierto es que un sudor frío corrió por la espalda de los estatales cuando el ministro Nieri les zampó la novedad. El recuerdo de la rebaja de sueldos a estatales y del cobro con Petrom durante la crisis de 2001-2002, cuando la provincia era gobernada por Roberto Iglesias, se corporizó ipso facto.
Antes de que se desatara el coronavirus, los funcionarios de Hacienda ya hablaban de que había comenzado “una tormenta perfecta” para la economía y las finanzas provinciales y de la Nación. El panorama de estas horas sugiere una rémora del diluvio universal.
El vaso recontra lleno
La recaudación provincial ha caído de forma rotunda, la Nación está quebrada y la generación de riqueza está parada por algo más que el impacto del coronavirus y de las medidas de aislamiento que se han debido tomar.
La peste ha venido a rebalsar de manera catastrófica un vaso que ya estaba lleno por la falta de aciertos estratégicos del país en el último siglo (además de los problemas estrictamente financieros y económicos) y que se acrecentaron en los gobiernos de Cristina Kirchner y de Mauricio Macri, en donde fracasaron las revoluciones imaginarias de una, y los brotes verdes del otro.
Aquello de que “entre la vida y la economía, elijo la vida” sonó humanamente correcto durante marzo y parte de abril, pero ahora esa dicotomía empieza a hacer un ruido ciertamente agudo. Ahora necesitamos las dos cosas, vida y economía.
Logrado el objetivo central de amesetar o frenar el número de infectados por la pandemia mediante la cuarentena, es ahora la economía la que empieza a presentar síntomas de fiebre. Corte de la cadena de pagos, rebajas de sueldos, suspensiones, cierres, malhumor social.
¿Faltó una mesa?
Razón no parece faltarles a algunos economistas intelectualmente honestos -que los hay, porque no todo es Milei en la viña del señor- que insisten en que así como Alberto Fernández tuvo el acierto de convocar a los mejores especialistas en temas de virología y pandemias antes de tomar cada una de las medidas sobre aislamiento y cuidados sanitarios, así también debió tener una mesa consultiva de los mejores cerebros en la ciencia económica o a políticos que hayan consumado matrimonios duraderos con la economía.
El Presidente sugiere haber comprendido la necesidad de no esperar hasta que pase el pico de la pandemia para empezar a descomprimir con inteligencia práctica el cerrojo a la economía.
Asimismo habla bien de Alberto Fernández la ligazón que sigue manteniendo con los gobernadores, sobre todo con los de la oposición, para escucharlos y consensuar una sagaz liberación de los resortes económicos sin que ello signifique tirar por la borda los resguardos sanitarios.
Volver al futuro
Es cierto que el Presidente necesita ampliar su base de sustentación político-partidaria dentro de esa complejidad que es el peronismo, y también que su relación con Cristina es un matrimonio de conveniencia cuyas formalidades no tienen destino de durabilidad.
Quizás el mandatario haya percibido, gracias a la crisis de la deuda y a la pandemia, que hay otras formas de generar adhesiones que no necesariamente deben estar ligadas al cerco a veces asfixiante de una fracción política.
¿Cuándo va tener Alberto Fernández otra oportunidad de tener a un 80% de los argentinos dispuestos a acompañarlo, aunque sea críticamente, a pasar la guerra del virus, y que incluso podría -si el país sale de esta tragedia- estirarle ese crédito para ver cómo maneja la guerra de la deuda?
¿Alguien cree que lo logrará si se recuesta en el kirchnerismo o en ciertas ideas apolilladas del peronismo que se quedó en el tiempo?
Quizás este Presidente no sea el estadista que la Argentina está necesitando desde hace décadas, pero tal vez con pico y pala podría insinuarnos el camino para hallarlo.
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