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Fernández da el puntapié inicial a la campaña electoral

Flanqueado por Cristina, Alberto Fernández abrirá las sesiones ordinarias del Congreso en un año crucial por las elecciones

Si el discurso es coherente con lo que se viene escuchando todo el tiempo, Alberto Fernández será duro una vez más al inaugurar el año legislativo y la carrera electoral con fecha todavía incierta. Es más, todavía no sabemos si habrá PASO o alguna alquimia en estas elecciones de medio término.

Precedido por una demostración de descontento en las calles de los sectores que se identifican con la oposición, la asamblea legislativa estará enmarcada en un clima social espeso por las secuelas de la pandemia que golpea en diversos flancos y por los evidentes problemas que atraviesa la gestión que llegó al poder con promesas que distan mucho de plasmarse.

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Lo que parecía, hace ya largos meses, estar bajo el control gubernamental mientras la cuarentena estricta era acompañada por la población, con el transcurso del tiempo, y sin una estrategia alternativa, el desgaste comenzó a pegar bajo la línea de flotación del Presidente y de un gabinete con escasas respuestas a los múltiples frentes de demandas de todo tipo.

A los problemas heredados de la gestión macrista y otros tantos irresueltos durante la presidencia de Cristina -sin seguir más atrás-, se le fueron sumando nuevas situaciones críticas derivadas de la parálisis de la economía que quedó frenada durante la mayor parte de la pandemia. Agotados los recursos para seguir sosteniendo las asistencias y programas para las provincias, las empresas y las personas, lo que queda es apuntalar la recuperación económica.

Allí va a apuntar el discurso presidencial, sobre la base de algunos "brotes verdes", siempre en la comparación con uno de los peores años de que tengamos memoria. El plan de obras públicas, en los papeles ambicioso, será una herramienta multiplicadora de trabajo, de soluciones habitacionales y de infraestructura, lo que resulta redituable en cada ciclo electoral.

Es la economía

Una vez más, Fernández hará hincapié en la meta inflacionaria que, jugados los primeros dos meses del año, se acerca más a las expectativas del mercado de casi el doble de los 29 puntos diseñados en el presupuesto. El incremento a los jubilados y la recuperación del salario deberán estar por encima de la pauta inflacionaria como estrategia de recuperación, ha dicho el ministro Martín Guzmán y será parte del discurso presidencial.

Una y otra vez se machacará con que este es un gobierno de diálogo, pero inflexible con los especuladores. El acuerdo de salarios y precios, y las mesas sectoriales forman parte del método con que seguirá insistiendo el Gobierno para frenar la escalada de precios. Los productores de alimentos tendrán que justificar el incremento de los insumos y se pondrá foco en la revisión de la cadena de valor.

Otra prueba de un estilo aperturista y con la mirada puesta en el largo plazo es la convocatoria al Consejo Económico y Social compuesto por referentes de diversos ámbitos, planteará el Presidente. La idea es trabajar sobre ejes estratégicos como políticas de Estado, aunque con la notoria y contradictoria exclusión de los partidos políticos y de representantes legislativos.

Se prevé que en la arenga siempre esté presente lo supuestamente virtuoso del proceso actual en contraste con cada uno de los aspectos comparados del gobierno de Cambiemos. Allí aparecerá el problema de la deuda que el Gobierno ha reestructurado con el sector privado, mientras negocia condiciones aceptables con el FMI, y se enumerarán unos cuantos males como saldo de la gestión de Macri y sus amigos, dejando a su paso "tierra arrasada", como suelen decir desde el Frente de Todos.

El Estado protector

Un Estado presente para cuidar a la población del coronavirus, las diversas ayudas estatales, los convenios para obtener las vacunas, la apuesta temprana por la Sputnik V, los palos en la rueda de la oposición, también son componentes del discurso oficial, y sería extraño que no se abordaran en el mensaje del 1 de marzo.

El "vacunagate" no podrá ser eludido, pero hay distintas formas de describirlo y encararlo. Lo que se ha apreciado, es la intención de circunscribir la cuestión a un "error" circunstancial que, desde la visión oficial, quedó subsanado gracias a una rápida reacción de Fernández al desprenderse del ministro de Salud. Lo demás, según la impronta albertista, forma parte de un circo mediático donde se trasluce la "payasada" judicial y el "invento" de los vacunatorios VIP.

La persecución política

En el relato replicado en todos los frentes y, explicitado por conspicuos miembros del kirchnerismo, el "low fare" está a la orden del día por la ejecución del pacto político-mediático-judicial. Según esta tesis, todo deriva en una persecusión a la actual Vicepresidenta con la complicidad de la Corte, lo que hace imperioso cambiar las estructuras del Poder más desprestigiado.

La reciente condena al clan Báez y sus allegados en la causa de lavado de activos, se enmarca en un avance de la conspiración, toda vez que se liga a la causa Vialidad, donde se sustancia lo que sería el delito originario de la fortuna de Lázaro, y que tiene a Cristina como procesada. Desde esa perspectiva, la sentencia del Tribunal Oral Federal N°4, es un paso más en dirección hacia el cometido de los poderes contrarios a la justicia verdadera y a los gobiernos populares.

La dura condena al empresario que fuera amigo de Néstor, sindicado como emblema de la corrupción en la obra pública, fue un cimbronazo en medio de una de las peores semanas del gobierno de Alberto Fernández, después de destaparse los casos de privilegio en un tema tan sensible como el de las vacunas escasas, que vienen llegando a un ritmo ostensiblemente menor a las millones prometidas para esta fecha.

El Presidente necesita imperiosamente recuperar la iniciativa en los temas de la salud, los económicos y los judiciales. Pese a ser definida como prioritaria por el kirchnerismo, la reforma judicial ha tenido modestos avances. Y en la medida que se agilicen las causas, cualquier intervención sobre la Justicia se verá cada vez más como consagratoria de la impunidad.

La cuenta regresiva

El discurso de apertura a las sesiones ordinarias deberá servir como declaración de principios para la interna en el Frente de Todos, en donde se observan signos de impaciencia creciente, y deberá mostrarse como hoja de ruta para la sociedad de cara a los objetivos generales del Gobierno. La gestión de Alberto Fernández no tiene demasiado margen para seguir errando, toda vez que la caída de su imagen es incesante sin que la oposición se aprecie mucho mejor.

Cerrar filas con los suyos, encontrar los apoyos en la coalición, reacomodar algunas piezas en el gabinete y levantar la puntería en cuanto a lo que esperan quienes lo votaron, no puede faltar en la estrategia de recupeación.

No le sobra tiempo al gobierno antes de la elecciones para mostrar señales positivas que mejoren el humor social. Contener el ritmo de la inflación, reactivar la economía y apurar la campaña de la vacunación deben dejar de ser una quimera.

Los comicios que se avecinan implican mucho más que el recambio legislativo, teniendo en cuenta que se pone en juego el futuro de un proyecto político y, más que eso, la suerte del Poder Judicial, lo que es decir, la situación de quienes están bajo proceso.