Los electores más angustiados, cuyas opciones favoritas quedaron en el camino, y los nuevos votantes serán decisivos en un marco de paridad en las encuestas.
Massa y Milei: el cara a cara de dos contendientes con estilos muy diferenciados
En el debate cara a cara, un candidato deberá convencer de que es capaz de hacer como presidente lo que no logró como ministro, y el otro que puede manejar sus emociones y que su proyecto es racional.
Desde el 36.7 por ciento de Sergio Massa y el 29.9 de Javier Milei que alcanzaron en las elecciones generales, las tendencias se han ido moviendo, según los sondeos, hasta promediar en un equibrio en las preferencias y rechazos.
Al abrirse las urnas en la noche del 22 de octubre, parecía que la suerte del balotaje estaba echada, tras la sorpresa que dio el candidato del oficialismo al terminar primero cuando se esperaba que Milei podría consagrarse en primera vuelta o bien quedar a punto de lograrlo.
En algún momento, hasta se llegó a hablar de una posible renuncia del libertario, lo que pasó al olvido como una de las tantas operaciones típicas de las contiendas electorales.
A pocos días de la definición, ambos finalistas mantienen sus chances intactas en esta Argentina vertiginosa y el resultado sigue abierto.
"Es sólo un voto", decía Patricia Bullrich -no sin razón-, cuando Rodríguez Larreta se sacaba fotos con cada dirigente que le brindaba su apoyo.
Se sabe que los referentes políticos no pueden manejar a voluntad a sus adherentes como si fueran rebaño. Sin embargo, el acuerdo que ha tejido Milei con Mauricio Macri y la fórmula Bullrich-Petri tiene otras implicancias, ya que va más allá de la contienda electoral.
Ese sector más afín al libertario, al tiempo que desgajó a Juntos por el Cambio, ya trazó una alianza estratégica para el parlamento y le ha marcado la cancha a La Libertad Avanza en el caso de que llegue a la presidencia.
El quiebre también se ha hecho notar entre los libertarios con un grupo de diputados que están haciendo rancho aparte.La necesidad de acumular fuerzas de Milei muestra al mismo tiempo su debilidad, pero a la corta le está sirviendo para capitalizar voluntades de aquellos votantes que intuyen que el sector de Juntos que lo apoya le puede generar una mayor racionalidad a sus propuestas.
La necesidad tiene cara de hereje y la trenza con el macrismo embrolla significativamente la prédica anticasta para reducirse a un mero embate antikirchnerista.
La conquista de la preciada mayoría lo tiene a Sergio Massa abrazando a radicales, gobernadores y allegados. Bajo la premisa de la "unión nacional", le ha rendido homenaje a Raúl Alfonsín recitando el preámbulo, trajo fondos y promesas a Mendoza, se mostró en la Córdoba reactica al kirchnerismo en sintonía con el campo y, aunque no ha logrado congraciarse con el Gringo Schiaretti, sumó la adhesión explícita de Juan Manuel Urtubey, compañero de ruta en otros tiempos del fallido peronismo federal.
Por su condición de ministro de Economía, Massa tiene no sólo enfrente a un rival que está posicionado como un garante del cambio, sino que debe lidiar con el mal humor cotidiano por la inflación y que se incrementó con la escasez de combustibles hace unos días.
Tampoco le faltan obstáculos desde su propio gobierno que le complican su camino al balotaje, como el embate oficialista a la Corte o el escándalo de espionaje a jueces, empresarios, periodistas y políticos (incluso a él mismo).
Mano a mano
El debate del domingo puede resultar crucial cuando suene la campana, atento a la marcada paridad con que llegan a la disputa televisada.
El cruce se convertirá en un esfuerzo por conquistar a los indecisos, a los que están inclinados hacia el voto en blanco y a los que están pensando en no ir a votar.
El debate puede resultar orientador, no tanto por las propuestas, sino por lo convincente, lo competente, la solvencia y la espontaneidad que puedan mostrar en cada round. Más allá del morbo que pueda movilizar el cara a cara, el televidente-elector logra semblantear los atributos de cada candidato, aunque la destreza escénica no se traduzca en forma directa en la capacidad para gobernar.
La hora del espanto
El voto en blanco se ha convertido en un refugio para aquellos que sienten que no tienen otra opción que los deje en paz con su conciencia. Las críticas cruzadas están a la orden y no se salvan de los embates ni los que se han pronunciado por la neutralidad o la abstención, al ser considerados como funcionales a tal o cual candidato por no jugarse en esta hora crucial. Un tercio de la ciudadanía no se siente representada y, lo que es peor, no pocos expresan repulsión por ambos candidatos.
Por otro lado, los definidos por convicción, o por descarte, acumulan un rosario de furibundas objeciones hacia el polo opuesto, que resumen los peores presagios de lo que depara al país. Basta con una breve revisión a las redes para encontrar las proclamas del tipo "salvar la república", "la democracia está en peligro", "es el cambio o .....".
Pero en el terreno de los hechos, lo importante está por venir después de la asunción del nuevo gobierno el 10 de diciembre, y la más de las veces alejándose de las promesas o consignas de campaña, según indican las experiencias.
Mendoza espera
Nuestra provincia ya tiene gobernador electo, quien retomará la continuidad, con su propia impronta, de una gestión que arrancó a fines de 2014. Con expectativas respecto de quién se hará cargo del país y cómo será la relación entre ambos gobiernos, Alfredo Cornejo ha abogado por la neutralidad de Juntos por el Cambio, con expresiones críticas y de desconfianza hacia ambos candidatos presidenciales, tal como un ciudadano que en el cuarto oscuro pudiera inclinarse por el voto en blanco, lo cual él mismo ha señalado, resulta intrascendente en términos políticos.
Lo cierto es que esa relación entre nación y provincia empieza a construirse no ahora, sino después de las elecciones con la nueva autoridad presidencial consagrada y, más adelante, con un tire y afloje de un día a día que a la larga debería resultar constructiva para Mendoza, después de este período signado por las hostilidades entre el gobierno de Alberto Fernández y el de Rodolfo Suarez.
Mientras tanto, a Cornejo le aguardan momentos de conflicto en el marco de una altísima inflación con los gremios estatales activando sus reclamos y reivindicaciones.
Fronteras adentro también tendrá que apelar a la destreza política con dos fuerzas políticas con presencia en la Legislatura donde se disputarán la primacía.
El gobernador electo se ha desgañitado predicando que Mendoza, como el resto de los estados provinciales, está condicionada por los desequilibrios macroeconómicos que dependen de la gestión del gobierno nacional. Esa es la condición necesaria para el despegue, porque las variables locales están en orden y tal como ha sucedido en los períodos de sanidad económica, la provincia ha crecido más que la nación.
Según un informe de la DEIE, el PBG de Mendoza creció 4% en 2022 respecto 2021, pero en 10 años lo hizo apenas 4.7%, y en la misma serie el producto per cápita cayó 6.2%
Con una economía transable y con productos de alto valor agregado, la provincia necesita estabilidad y competitividad macroeconómica para crecer.
En lo que respecta a las cuentas públicas, los períodos encabezados por Alfredo Cornejo y Rodolfo Suarez han logrado una sensible baja en la deuda de la provincia de alrededor de un 30% desde 2014 a la actualidad, como resultado de ejercicios fiscales austeros, de acuerdo con un informe trabajado por el CEM.
Mendoza no es una isla, sino una provincia con sus características distintivas y sus potencialidades que es necesario desplegar, tanto por los esfuerzos locales, como por la capacidad de gestión de un gobierno nacional que en lugar de significar un obstáculo para el desarrollo, debería ser una plataforma de oportunidades. El próximo domingo la ciudadanía argentina comenzará a signar el porvenir.





