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El escándalo del juez Walter Bento le da la razón a Montesquieu

Montesquieu decía que quien tiene poder busca abusar de él y que avanza hasta encontrar un límite. Walter Bento, principal autoridad de la Justicia Federal en Mendoza, se topó con ese dique

"Vengo asqueada de los federales", solía repetir la periodista Catherina Gibilaro cuando llegaba a escribir a la redacción de Diario UNO. "Los federales" a los que se refería eran los tribunales federales de Mendoza ubicados en España y Pedro Molina de Ciudad, un ámbito que ella recorría de manera cotidiana en busca de información judicial . Un asco similar le solían provocar los tribunales de enfrente, los pertenecientes a la Provincia.

En ambas jurisdicciones del Poder Judicial se cocinaban habas, pero en los federales, al depender de la Nación, los controles parecían ser más laxos y lejanos. Los tribunales de la Provincia tenían a los poderes Ejecutivo y Legislativo auscultando de cerca. Y a la prensa, claro.

Gibilaro decía ser especialista en lo que llamaba "las amansadoras", largas esperas en las antesalas de jueces y fiscales de "los federales" y de "los provinciales" que ella aprovechaba para hablar con todos, desde mozos, secretarias y policías hasta la más variopinta gama de abogados. A veces el magistrado aguardado salía después de un rato para decirle sólo que "hoy no tengo novedades". Pero otras veces el fruto de esas esperas tediosas era uno de los títulos destacados de la tapa del día siguiente.

El reino de Otilio

Los tribunales federales de Mendoza fueron, por ejemplo, el reino de algunos personajes como el fiscal Otilio Romano ( tanto durante la dictadura como después en democracia) hasta que éste fue acusado, enjuiciado y condenado a prisión perpetua por su complicidad en crímenes de lesa humanidad. El apodo de Romano era El Padrino por el poder que ejercía -entre las sombras- sobre ese engranaje judicial.

Recuerdo claramente la caracterización que -en la Redacción- solía hacernos Catherina del magistrado Romano, de cómo manejaba los hilos de la Justicia, del temor que muchos le tenían en el mundillo judicial, de las cosas que se decían por lo bajo de él, y de cómo tarde o temprano iba a terminar implosionando dentro de ese mismo reino trucho que él había armado.

El Poder Judicial en casi todos los países es el menos auditado. Los reflectores están puestos de manera particular sobre los funcionarios del Ejecutivo, porque manejan los fondos públicos y toman las decisiones políticas más importantes; y de los legisladores porque, además de hacer leyes, tienen fama de vagos y mal entretenidos. En los tribunales reina todavía un secretismo poco republicano. Y en mucha gente del común hay un peligroso "vizcachismo" de que a los "usías" es mejor tenerlos de amigos.

Una cosa es que los magistrados tengan un ámbito recoleto para trabajar sin presiones al investigar y juzgar y otra cosa es que intenten hacernos creer que no deben rendir cuentas. "El juez habla sólo a través de sus resoluciones", suelen decir algunos sin ponerse colorados. Son los mismos que no pagan impuesto a las Ganancias y que no suelen sentirse servidores públicos, sino miembros de una instancia de supuesta nobleza.

El Poder Judicial es parte del gobierno tripartito de una república. Los jueces también son parte de la conducción del Estado y su misión es hacer que se cumplan las leyes y de que éstas no se salteen la Constitución.

El abuso

Montesquieu decía de manera magistral lo siguiente: "Todo hombre que tiene poder se inclina por abusar del mismo; va hasta que encuentra límites. Por eso el poder debe detener al poder. Es una forma para que ninguno de los poderes predomine sobre los demás". Una función a la que luego las constituciones democráticas del mundo sumaron a la prensa, llamada así el cuarto poder.

El propio Poder Judicial parece refrendar esa máxima de Montesquieu aquí en Mendoza donde por estas horas la Justicia federal ha imputado por diversos delitos a su principal representante en la Provincia, el juez Walter Bento, titular del Juzgado Federal N° 1 quien es, además, el magistrado con competencia electoral. Durante mucho tiempo fue también reemplazante del Juzgado Federal N° 2.

Al juez Bento se lo acusa de enriquecimiento ilícito, lavado de activos, cohecho y asociación ilícita por ser el supuesto líder de una banda que se dedicaba a recibir jugosas coimas tras otorgar beneficios ilegales a presos o delincuentes vinculados a causas de narcotráfico y contrabando, ambas de competencia del fuero federal. También han sido acusados la esposa del juez, Marta Boiza, empleada en "los federales", y tres conocidos abogados (Luciano Ortego, Martín Ríos y Matías Aramayo) dentro de una lista de 15 sospechosos.

"¡Qué tragedia, Walter!"

Bento es juez federal de Mendoza desde 2005. En varias ocasiones la extinta Catherina Gibilaro me dijo que le daba "mala espina". Y que le llamaba la atención el empeño de Bento en tener perfil bajo en lo judicial, Bento sólo accedía a hablar con la prensa cada dos años cuando actuaba como juez electoral en la provincia.

Se destacaba en cambio por sus numerosos viajes al exterior, por sus inmuebles y rodados de alta gama, y de manera especial por su pulcro ropaje y zapatos. "Ahora entendemos sus trajes de Armani y sus continuos viajes de placer a Miami y Las Vegas", me dijo ayer un trotador de Tribunales.

Sí, Catherina, todo parece indicar que tu asco estaba justificado. Y sobre todo, sí Montesquieu: el poderoso abusa del poder y va hasta que se encuentra con un límite. Bienvenidos sean esos diques.

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