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Análisis y opinión

A Dios rogando y con la política dando

Editado por Manuel De Paz
mdepaz.2015@gmail.com

El hombre se emocionó cada vez que en la reunión le mencionamos la palabra Dios”. Rubén Proietti, pastor evangélico, dijo esa frase al salir de la residencia de Olivos. “El hombre” aludido no era otro que Alberto Fernández.

El Presidente acababa de recibir a líderes de iglesias evangélicas con quienes había compartido oraciones por los enfermos del coronavirus y por el fin de la pandemia.

El pastor contó además que en un momento los visitantes extendieron los brazos en dirección al mandatario para comenzar un rezo y que Fernández también extendió los suyos. “No -le dijeron- no alce sus brazos, usted es el destinatario de nuestros pedidos a Dios”.

Un misterio

El hombre emocionado es el mismo político que hoy es un enorme signo de interrogación para millones de argentinos y una sorpresa para otros tantos, y que traducido en números concretos puede ostentar un acompañamiento positivo de casi el 80% de los argentinos, según coinciden las encuestas.

Eso es hoy. Y no se trata de un aval militante que necesariamente se extenderá en el tiempo, salvo en algunos sectores peronistas. Es, sí,  un crédito ciudadano, un apoyo crítico. Una necesidad de confiar en el jefe de Estado.

Es un dato de sanidad democrática que en ese acompañamiento hayan radicales, macristas, independientes, antikirchneristas, o  descreídos de la política.

Esa confianza la ha generado Fernández por el manejo que viene haciendo de la pandemia. Y en política, generar confianza es haber hallado oro en polvo.

Nunca falta un buey corneta

Pero, guarda: en estos tiempos descreídos que corren, la confianza política suele tornarse volátil y hasta sutil. La actual pandemia aglutina, solidariza, pero es más por miedo que por convicción.

Nadie le asegura a Fernández que esa confianza se extienda cuando la peste haya pasado. El fin de esta tragedia sanitaria global es un horizonte que nos corren todos los días: hoy llega a julio, mañana a agosto, pasado mañana a septiembre, luego a fin de año o a mediados del 2021.

“Esto recién empieza”, ha dicho la líder alemana Angel Merkel, pese a que en su país el pico de la enfermedad parece haber pasado. ¿Habrá querido decir que todavía nos falta pasar por el calvario de una economía arrasada?

Leé mis labios, tontón

La economía es el objetivo al que comienzan a dirigirse ahora las miradas. Lentamente, subrepticiamente, ésa otra crisis está empezando a crecer en las casas de todos nosotros.

Sectores que solían tener los mejores sueldos de mercado, como los petroleros, están ahora parados y con rebajas de sueldox de 40% y 50%. En el otro extremo, el de la informalidad, los que vivían del cartoneo piden volver a las calles, pero los comercios, que son los que generan buena parte del cartón descartado siguen en su mayoría sin poder abrir.

El Gobierno de la Provincia acaba de advertir que de seguir la caída en la recaudación de impuestos peligrará a partir del mes próximo el pago de los sueldos a los estatales.

Los odiados

Los economistas concentran su artillería y dicen: si al principio de esta peste era la vida humana o la economía, ahora es la vida “y” la economía, las dos cosas juntas.

Dentro de los economistas hay de todo: están los criteriosos que sostienen que hay  que armar un mecanismo de relojería para salvar las dos ecuaciones y que admiten que las liberaciones deben ser equlibradamente pautadas.

Y, por otro lado, están los Milei y compañía que exigen liberar la economía a cualquier precio, como hace Donald Trump cuando cada mañana “manda” vía tuit que los Estados de la Unión sean liberados de “la tiranía del aislamiento”.

Habrá que estar atentos entonces a cómo deviene en las próximas semanas el andar político de “el hombre” citado por los pastores. Es decir, “el emocionado” del 80%, el que ahora carga un marcado sobrepeso sobre sus espaldas, y que encima de pandemias y de una economía rota, tiene que atender las singularidades políticas de su principal socia política.

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