Análisis y opinión

Dejen respirar a la Fiesta de la Vendimia

Una rozagante y variopinta burocracia se ha apoltronado en torno a nuestra principal fiesta impidiéndole respirar. Año tras año la dejan con menos oxígeno

Así como la Fiesta Nacional de la Vendimia se consolidó uniendo una muy interesante mezcla de géneros artísticos, lo cual le ha dado gran parte de la riqueza que tiene, así también ha generado, a lo largo de los años, una rozagante burocracia en torno al festejo integrada por funcionarios de la cultura, artistas "abonados", comisiones de ex reinas, jurados cada vez más poblados, toda una singular "atmósfera" que se ha apoltronado en torno a la celebración y que, año tras año, pareciera que la dejan con menos oxígeno.

Una cosa es que te digan -como ocurrió el año pasado- que la Fiesta debía hacer hincapié en los 90 años que cumplía la Vendimia. Y otra muy diferente que te pongan, como ahora, "requisitos estrictos" que terminan coartando el ingenio. ¿Qué necesita el principal festejo mendocino? Sin duda, ideas, ingenio, talento. Más libertad y menos corsets.

A la fiesta hay que dejarla respirar, hay que permitirle encarar lo nuevo además de respetar las tradiciones.

La estética vendimial: ¿libertad o corsé?

La estética vendimial: ¿libertad o corsé?

Hace unas semanas, las gacetillas oficiales anunciaron que el Gobierno había fijado "un requisito argumental estricto y transversal" para el libreto de la Fiesta de la Vendimia 2027. Esa exigencia dispuso que todos los libretos presentados al concurso debían "estructurar su guion respetando un doble homenaje cultural: 1) el centenario de la creación de Los Trovadores de Cuyo; 2) el legado artístico de Pocho Sosa.

Dicha orden no sonó del todo bien. No por las figuras a las que se ordenaba homenajear, ambas artísticamente muy respetables, sino por el énfasis puesto en que se entendiera que no se trataba de una sugerencia, sino de una imposición gubernamental. Algunos dirán: bueno, después de todo el Gobierno pone la plata. Otros les recordarán que la plata la ponen los mendocinos que pagan impuestos, que generan riqueza con su trabajo y que tienen derecho a ver una fiesta imaginativa.

Quienes empezamos a ver vendimias en los años '60 y '70 aprendimos a disfrutar de las cambiantes expectativas que generaba cada año el proceso creativo de la gran fiesta popular. Por entonces se vieron las más imaginativas puestas en escena; proyectos que le cambiaron la cara a la celebración y la hicieron famosa a nivel internacional.

La mutación más significativa se dio cuando en 1963 la Fiesta se trasladó al anfiteatro Frank Romero Day, un ámbito ideal para desplegar a lo grande el talento local. En efecto, se creó una nueva generación de directores, guionistas, escenógrafos, coreógrafos. Uno de los puntos más altos fue la figura del escritor Abelardo Vázquez. A este poeta -y con justicia- se lo considera el padre de la Vendimia moderna.

Abelardo Vázquez, un imprescindible.

Abelardo Vázquez, un imprescindible.

A veces como director, otras como guionista, o uniendo ambas tareas, la presencia vanguardista de Vázquez fue contagiosa. Títulos como "La vendimia de cristal" o "La vendimia del agua", entre los numerosos productos del poeta, contagiaron a otros directores.

Desde fines de los '50 ya se venían destacando figuras como Alberto Rodríguez (h) quien en esos años adaptó varios guiones en asocio con Vázquez. También hizo su aporte a la Vendimia quien sería la figura máxima de la literatura mendocina, Antonio Di Benedetto. Otros destacados fueron Eduardo Hualpa, Luis Villalba, Antonio Manzur y Eugenio Carbonari.

Casi todos ellos cargaban un bagaje cultural muy vasto, algo que no ha sido la norma en las recientes décadas. Por ejemplo, se ha notado en los sucesivos guionistas que han tenido las Vendimias de este siglo que, salvo excepciones, han nadado en una agobiante medianía o en una elementalidad "poética" de tipo escolar.

¿Vendimia oficinesca? Es indudable que nuestra fiesta se ha burocratizado. Cada vez aparecen más normas, trámites y papelerío. Quizás por eso se note ahora la ausencia de figuras como las de la etapa de Abelardo Vázquez. Se ha priorizado el tema administrativo por sobre el riesgo artístico.

Es indudable que la estirpe creativa de los años '60 pudo desplegar una bienvenida audacia que les permitió reinventar el festejo. Ahora, el burócrata tiende a complicar o retardar. Y sabido es que al artista le pinta modificar estructuras.

Los equipos que se presentan ahora para hacer las fiestas deben adaptarse a directivas muy rígidas, que fijan cuánto de música debe haber, cuántos cuadros de bailes, cuánto de teatro, cuánto deben durar las escenas, todo lo cual deja poco espacio para un guionista o un director imaginativo que, para poder ganar, se debe amoldar a lo que se ordena u olvidarse de participar.

La tecnología llegó a la Vendimia. Los algoritmos, a lo mejor, también.

La tecnología llegó a la Vendimia. Los algoritmos, a lo mejor, también.

Es como si la Vendimia hubiera caído bajo la dictadura de los algoritmos que se ven claramente en las series de las plataformas, donde les marcan cuántas escenas de sexo debe haber y en qué momento, o cada cuántos minutos debe haber situaciones de alta tensión o de violencia para mantener la atención, como si hubiese solo una fórmula milimétrica para tal fin, desdeñando la inventiva de un creador humano.

Hoy los burócratas desdeñarían a un artista como Abelardo Vázquez que concentraba en su figura al poeta, al guionista, al escenógrafo y al director general, y que tomaba decisiones de manera unilateral, por ejemplo, la de usar como balcones escénicos los cerros que bordean el proscenio del Romero Day, o la de cubrir el piso del enorme escenario central con un acrílico transparente (iluminado desde abajo) que sugería que los bailarines danzaban en el aire.

La función del director general está cada vez más desdibujada. Ahora la cucarda de director se la colocan hasta los que manejan el catering para los artistas. Ya no se convoca a la vanguardia. Los jurados ya no optan por los "Abelardos".

En pocas palabras

  • Burocracia y fiesta: la Fiesta Nacional de la Vendimia enfrenta una burocracia creciente que ahoga su potencial creativo.
  • Restricciones y arte: se critican los requisitos estrictos que coartan el ingenio en favor de imposiciones gubernamentales.
  • Legado y futuro: se evoca la época dorada de la Vendimia con figuras como Abelardo Vázquez, reclamando más libertad artística.
Resumen generado por Thinkindot AI

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