ver más
Inicio Más noticias
Hugo Alejandro Hurtado (33) pasó 71 días en una misión en el Polo Sur. “Es algo indescriptible”, dijo.

Un mendocino contó su gran experiencia en la Antártida Argentina

Editado por []

Pocos son los que tienen la oportunidad de conocer lugares inhóspitos como la Antártida. Pocos son los que se atreverían a pasar más de dos meses bajo temperaturas bajo cero en medio del Polo Sur. Pero quienes lo hacen guardan una experiencia que los acompañará toda su vida. Este es el caso del mendocino Hugo Alejandro Hurtado, cabo principal y mayodormo del ARA Bahía San Blas.

Oriundo de General Alvear, el marino estuvo 71 días a bordo de la nave. Desde enero hasta mediados de marzo, Hurtado tuvo la oportunidad de desempeñarse en el Sur. “Es otro mundo. Ver todo blanco es una sensación indescriptible”, contó a su regreso.

El alvearense, de 33 años, participó en la operación Fraternidad Antártica I. La Armada Argentina le brindó apoyo logístico a la Marina de Brasil y, así, ambos países trabajaron en conjunto para reconstruir la estación antártica Comandante Ferraz (ver recuadro).

Una de las misiones del buque fue trasladar 43 contenedores desde el puerto de Punta Arenas, en Chile, hasta Comandante Ferraz. Para cumplir esa misión, la nave tuvo que partir desde Puerto Belgrano, en el sur de Buenos Aires, hacia el país trasandino.

Hurtado, quien pasó de haber nacido y vivido su infancia en un desierto de arena a uno de nieve, aprendió a valorar tras esta dura experiencia aquello que dejó de lado cuando viajó: sus afectos. Sus padres y sus hermanos viven aún en la tierra ganadera mendocina y su hijo de 3 años está en Chubut.

“Lo que más se extraña es la familia y los amigos. De mi ciudad en particular, extraño la tranquilidad y la limpieza”, comentó. En Punta Alta, la ciudad donde hoy vive cerca del puerto, tuvo que dejar a su pareja, Ivana, durante el viaje.

En su función de camarero en la Antártida, colaboró en los servicios brindados al personal de otros países destinado a las tareas en tierra: desayunos, almuerzos, colaciones y cenas para unas 90 personas. “Traté de brindarles todo mi apoyo y de que se sintieran cómodos”, dijo.

La vocación del cabo nació cuando era adolescente. Fue su abuela quien lo incentivó a formar parte de la fuerza y le recomendó anotarse en la Delegación Naval de la ciudad de Mendoza. A los 16 años decidió entrar a la Escuela de Suboficiales de la Armada y, aunque conocía poco de lo que se hacía en esa institución, la idea de subirse a un buque lo entusiasmó a punto tal que con el tiempo eso llegó a convertirse en su forma de vida.

“De la Armada sólo conocía los barcos que veía en televisión. Estudiaba y trabajaba en una fábrica para hacer duraznos enlatados hasta que ingresé, en 1997”, relató sobre sus comienzos. La fuerza para hacer lo que lo apasionaba fue tal vez lo que lo ayudó a sobreponerse a uno de los pasos más difíciles para todo marino: la despedida. “Ese momento fue duro, pero sabía que iba a aprender muchas cosas. Me siento orgulloso de mi decisión”, concluyó.

Una misión de fraternidad

El ARA Bahía San Blas viajó a la Antártida para brindarles apoyo logístico a todos los marinos que trabajan en Comandante Ferraz. Más de 90 personas –entre canadienses, chilenos, brasileños y argentinos– fueron servidos por la nave, que comandó el capitán Carlos Pedro Schavinsky Trinchero.

Alojamiento a bordo, y preparación y distribución del desayuno para quienes realizaban tareas en tierra fueron algunas de las labores que tuvo que desempeñar la tripulación del buque argentino.

Pero los marinos locales no trabajaron solos. También los acompañó el buque mercante Germania, que colaboró en la elaboración y la distribución de los almuerzos y las cenas.

Los tripulantes del San Blas no se dedicaron exclusivamente a labores gastronómicas, sino que también debieron realizar tareas de apoyo, como hacer la pintura en los módulos de comunicaciones, meteorología, galpón, garaje y cocina secundaria.

En tierra, en medio de la nieve y el hielo, la nave argentina también destinó buzos, camareros, electricistas, enfermeros y meteorólogos para la tarea de reconstrucción de la base marina operativa de Brasil.

 Embed      
El paraje es durísimo para quienes, como Hurtado, viven una experiencia en la Antártida.
 Embed      
Hugo Alejandro Hurtado.
 Embed      
Tareas en tierra. Los marinos que están en la Antártida trabajan para reconstruir la base Comandante Ferraz.
 Embed      
Tripulación a bordo. Los marinos argentinos, arriba del Bahía San Blas.

MÁS LEÍDAS