El tema fue puesto en discusión en el libro
Años y calendarios II: Tiempo y astronomía en el mundo antiguo y medieval, de John M.
Steele, donde se explica que el calendario maya fue compatibilizado con nuestro calendario
gregoriano usando una fórmula matemática a partir de documentos históricos escritos en lengua maya
con caracteres latinos. A esta regla se le llamó GMT, en honor a 3 de los primeros estudiosos de la
cultura mesoamericana.
La fórmula fue más tarde supuestamente confirmada por el trabajo del linguista y antropólogo
estadounidense Floyd Lounsbury, quien se apoyó en un antiguo documento del siglo XI o XII conocido
como la Tabla de Venus del Código de Dresden, que determina las fechas en relación al movimiento de
este planeta.
Sin embargo, el profesor de estudios mexico-estadounidenses de la Universidad de California,
Gerardo Aldana, señala que la fórmula GMT no tiene asidero científico.
"Si no resulta posible comprobar la GMT según la Tabla de Venus como postula Lounsbury, su
aceptación depende de la posibilidad de corroborar los datos. Pero esos datos históricos son aún
menos confiables que la Tabla en sí misma, por lo que el argumento de la fórmula GMT se cae como un
castillo de naipes", explicó Aldana a LiveScience.
El problema es que si bien esto descarta el 21 de diciembre de 2012 como "posible" fecha del
fin del mundo, también siembra la duda sobre cuál es el verdadero día signado por los mayas, en
tanto que no hay datos confiables para estimarlo fuera de un lapso entre 50 a 100 años más a partir
de ahora.
