El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acudió al Muro de los Lamentos en Jerusalén. Fue en su primera visita a Israel, durante la cual volvió a denunciar con virulencia el papel desestabilizador de Irán en la región.
Aunque apenas abordó el conflicto entre israelíes y palestinos, Trump, que espera un acuerdo de paz que no consiguió ninguno de sus predecesores, vio una rara oportunidad de cambiar la situación en la convergencia de intereses entre los países árabes e Israel frente al extremismo y a Teherán.
Al igual que en Riad, donde pasó dos días, el presidente de Estados Unidos atacó a Irán, afirmando que debía poner fin a la financiación, el entrenamiento y el abastecimiento mortales de los terroristas y las milicias.
En Israel, el mandatario se encuentra en un país muy preocupado por la influencia de Irán, su apoyo a organizaciones enemigas como el Hezbolá libanés y sus actividades nucleares. "Para poder soñar, debemos poder estar seguros de que Irán está muy lejos de nuestras fronteras, lejos de Siria, lejos de Líbano", declaró el presidente israelí Reuven Rivlin.
Trump pudo vislumbrar ayer la complejidad de la situación en Jerusalén al visitar el Santo Sepulcro, el lugar más santo del cristianismo, y el Muro de los Lamentos, el sitio más sagrado para los judíos.



