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Hoy se cumplen 46 años de la muerte de Ernesto "Che" Guevara. Figura discutida y amada, es uno de los principales personajes del siglo 20.

Hasta siempre Comandante: a 46 años de la muerte del Che

Por UNO

"Seamos realistas y hagamos lo imposible". Figura amada por unos y repudiada por otros. Ernesto “Che” Guevara, médico, hincha de Rosario Central, revolucionario se convirtió en una leyenda tras su muerte en Bolivia.

El 9 de octubre de 1967, Guevara caía en manos de soldados bolivianos, que le habían dado alcance con la ayuda de la CIA norteamericana,

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Ese día, Guevara daría su última orden: “¡Póngase sereno y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre!”, le dijo a su verdugo, el soldado boliviano, Mario Terán.

Guevara, quien antes de involucrarse en la revolución cubana había recorrido gran parte de América Latina, conociendo las realidades más complicadas de cada país y dejando en cada lugar un recuerdo, nació el 14 de junio de 1928, se encontraba en Bolivia intentando repetir el éxito de la revolución cubana, que en ese momento, igual que hoy, era castigada por el gobierno de Estados Unidos, que veía en el comunismo un gran demonio y en la figura del Che un peligro enorme, que se traduciría también en una serie de dictaduras militares latinoamericanas apoyadas por el país del Norte.

“Ese fue el peor momento de mi vida. En ese momento vi al “Che” grande, muy grande, enorme. Sus ojos brillaban intensamente. Sentía que se echaba encima y cuando me miró fijamente, me dio un mareo. Pensé que con un movimiento rápido el “Che” podría quitarme el arma. ‘¡Póngase sereno –me dijo– y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre!’ Entonces di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y disparé”, recordaría Terán con el tiempo.

Hace unos años, el escritor Osvaldo Bayer recordaría una entrevista con él y lo definiría de la siguiente manera: “Era un poeta el tipo. Un poeta que hablaba con acento argentino-cubano. Era genial. Nos dio una clase instructiva maravillosa de la revolución. Y fui yo, que siempre meto la pata, el que hizo una pregunta, porque nadie de la delegación había abierto la boca. Él nos hizo toda la descripción de cómo debía comenzar la cosa en la Argentina. Nos describió lo mismo que años después hizo en Bolivia. Cómo bajaban, cómo iban recorriendo ciudades. Pero no dijo nunca nada de la represión. Entonces, cuando terminó, dijo: '¿Bueno, hay alguna pregunta?' Y nadie preguntó, hasta que yo le digo: 'Compañero, le agradecemos muchísimo esta hermosa descripción, pero hay un tema que a mi me interesa mucho, usted no nos habló de la represión. Cuando usted dice que hay 50 jóvenes revolucionarios que parten de las sierras de Córdoba y que de allí parte la revolución…”

En esa entrevista el Che había descripto como empezaba esa revolución.

“Al día siguiente va a aparecer en los diarios burgueses 'guerrilleros en Córdoba', y va a ser el momento en que la revolución argentina, los jóvenes van a marchar todos a Córdoba y van a reconocer el lugar y ya no van a ser 50, van a ser 250, 500. Entonces van a bajar por primera vez y van a reconocer el pueblo, y van a tomar armas de la comisaría, y un compañero va a hablar en la plaza pública de lo que es la revolución latinoamericana y entonces ya se va a juntar la juventud, y se va a concretar una ciudad como Marcos Paz, y ya con los cuarteles se van a conquistar las armas, y el compañero va a ir a la plaza principal, y así hasta que sean 2000, y cuando sean 2000 van a bajar definitivamente. Toman camiones, el sindicalismo argentino gana en el país, la gente sale a la calle a saludarlos, llegan a la casa de gobierno”.

Ante la pregunta de Bayer, la respuesta del Che fue corta y concisa: “Son todos mercenarios”, explicó haciendo referencia a las fuerzas de seguridad.

“El Che hizo la revolución, así que posiblemente la receta sea no empezar a pensar que hay represión, porque si te detenés en eso no hacés ninguna revolución. Lo que él quiso decirme fue eso”, razonaría el escritor años después.

Aquel sueño de Guevara, de la revolución en Argentina nunca pudo llevarse adelante, a cambio decidió comenzar en Bolivia, pero la idea quedó trunca. Hoy sólo queda su imagen, su recuerdo y su ideología. Y eso no es poco.