A las 20.30, Eduardo Frei llegó al búnker de Sebastián Piñera para felicitar al vencedor y decirlesa los chilenos que, a pesar de ser el primer concertador derrotado en los últimos 20 años, "hoy es
un día democrático muy positivo para Chile". En un salón del hotel Crowne Plaza, los rivaleselectorales que se dijeron de todo hasta ayer a la mañana estrecharon sus manos y sonrieron
mientras el país apreciaba el gesto por la TV. Frei no llegó sólo a poner la cara en el peor momento de su carrera política desde queregresó la democracia a Chile, en 1990. Lo acompañaron su esposa Marta Larraechea y sus cuatrohijas, mientras que Piñera lo recibió flanqueado por su esposa, Cecilia Morel, y sus hijos. "Unnuevo gobierno abre expectativas para el futuro", dijo el abanderado de la Concertación antes depostular que su grupo político hará "una oposición constructiva". Frei fue escueto y luego le dejópaso a Piñera al frente del micrófono. "Nuestro país necesita hoy unidad", contestó el presidente electo, quien desafió a Frei a, " de inmediato, revivir la democracia de los acuerdos". El candidato derrotado seguirá ocupando unabanca en el Senado. "A Eduardo lo conozco desde hace muchos años. Fui admirador de su padre, (elpresidente chileno electo en 1964) Eduardo Frei Montalva. Mi familia ha sido muy amiga de la suya". El reconocimiento de la derrota por parte de Frei fue la confirmación para el país deltriunfo de la Coalición por el Cambio. A las 18.45, el abanderado del oficialismo salió a reconocerque, después de 20 años ininterrumpidos de la Concertación en el poder, el próximo 11 de marzoasumirá la primera magistratura de Chile el derechista Piñera. Fue el momento de quiebre expresivoen los dos comandos de campaña: lágrimas, abrazos y cruces de palabras en tono cómplice pintaron lapelícula compuesta por la imagen que regalaban uno y otro bando electoral. En el búnker perdedor,las emociones fueron negativas. Después de 20 años, perder fue más doloroso. A pocos metros de ahí, en la puerta del hotel Crowne Plaza, los seguidores de Piñera, que yavenían festejando la victoria desde que se revelaron las primeras proyecciones, desataron las pocasriendas que sostenían la cordura. La aglomeración de fanáticos en ese punto del centro de Santiagoobligó a interrumpir el tránsito frente al búnker de la Coalición para el cambio. En el interior del reducto convertido en centro de operaciones del consagrado presidente deChile, los partidarios que trabajaron en la campaña se abrazaban sin poder creer que finalmentederrotaron a la Concertación. Además de la dirigencia chilena que se define como "nueva derecha",en la base de sustentación electoral del empresario dueño de LAN, Chilevisión y Colo Colo, entreotros negocios, ocupó un rol importante la Unión Democrática Independiente (UDI), en la que seenrolan dirigentes vinculados al régimen del dictador Augusto Pinochet. Derrotada en cuatro presidenciales consecutivas, la derecha –en todas sus variantes– viviócomo una resurrección el mandato de ayer de las urnas. "Se acabó la dictadura", gritaban los másenfervorizados en la vereda del Crowne Plaza, con referencia al final de una etapa política decinco lustros dominados por las victorias electorales de la centroizquierda. Antes, Pinochet habíagobernado de facto durante 17 años. El discurso de los vencedores en las urnas bajaba de tono cuando era pronunciado por losdirigentes con responsabilidad en la campaña, quienes esperan ocupar posiciones de gobierno apartir de la asunción de Piñera. Iván Moreira, diputado de UDI y férreo reivindicador de Pinochet,llamó a la Concertación a "hacer un gobierno de unidad, siempre pensando en los más necesitados".Arriesgó, además: "Esta oportunidad no la vamos a despilfarrar". Desde el comando de campaña de Piñera, la primera voz que se escuchó tras la confirmación delos resultados iniciales oficiales fue la de la hija mayor del candidato, Magdalena. "Estoy muycontenta y emocionada. Era lo que mi papá más quería: servir a Chile", declaró. "Y créanme,chilenos, que no se equivocaron: van a tener al mejor presidente de la historia", les dijo a suscompatriotas. A la par de la celebración que estalló en el hotel elegido por la Coalición por el Cambiopara esperar los resultados, en la calles de Santiago y de otras ciudades importantes del interiordel país, miles de chilenos se lanzaron a festejar la consagración de Piñera. Cerca del hotelCrowne, el epicentro de la festividad de los electores del empresario fue la plaza Italia. "Veinte años estuve esperando no ver más a los izquierdistas en La Moneda (la Casa de Gobierno). Ha sido peor que soportar una dictadura, pero ahora todo eso va a cambiar", manifestóenfervorizado Vicente Trejo, "un trabajador de Santiago", como se presentó a Diario UNO. "Con Piñera se viene el cambio que necesita Chile. Estoy orgullosa de sentirme parte de lahistoria", sostuvo, con la voz arruinada por el uso, Matilde, una mendocina que cruzó la cordillerahace 25 años para radicarse en Santiago y recién legalizó su situación el año pasado, por lo queéstos fueron sus primeros comicios.

