Maureen O’Connor fue alcaldesa de San Diego, Estados Unidos, entre 1986 y 1992. Se casó con el dueño de uan cadena de restaurantes, enviudó y heredó una fortuna. Pese a ello, y tras una presunta adicción al juego, quedó acusada de robar U$S 2.1 millones de la organización humanitaria de su marido.
En un giro inédito de lo podría ser otro caso de corrupción, la ex alcaldesa alega que fue el tumor cerebral que le habían diagnosticado lo que la llevó a robar el dinero.
Según informa la revista Time, O’Connor fue alcaldesa de Sandiego entre 1986 y 1992. Creció en una familia modesta, de 13 hermanos, pero al casarse con el fundador de la cadena de restaurantes Jack in the Box y enviudar en 1994, heredó cerca de 50 millones de dólares (unos 37 millones de euros).
Según sus abogados, la mujer comenzó a tener problemas con el juego en 2001, después de perder a varios seres queridos. Pasaba horas y horas jugando al póker en los casinos de San Diego, Las Vegas y Atlantic City. Su volumen de apuestas llegó a ser tan grande, que los propios casinos ponían jets privados a su disposición para que volara gratis a cualquiera de ellos. En su mejor año, declaró ganancias de 200 millones de euros (150 millones de euros).
La Fiscalía ha consultado a varios expertos médicos para tratar de echar por tierra el argumento de la defensa: que fue el tumor el que le llevó a cometer varios delitos. Según el doctor Mark Willenbring, aceptar la ‘culpabilidad’ del tumor sentaría un peligroso precedente: “Fijémonos en el caso de los psicópatas. Su falta de empatía es fruto de procesos que tienen que ver con los genes, pero eso no sirve de excusa para que los asesinos en serie no sean juzgados por sus actos”.



