PUERTO PRINCIPE, 18 enero (AFP-NA)- Rose-Marie llora desde que fue liberada de los escombros del
restaurante en el que estuvo atrapada cuatro días. La joven aguardó a los equipos de rescate
rodeada de los cadáveres de amigos con los que cenaba y según los médicos, aún no se da cuenta de
que sobrevivió.
"Sólo repite nombres y gime. Cree que está todavía en ese restaurante", afirma la enfermera
que le cura las numerosas heridas sufridas.
En una cama cercana de este hospital de campaña israelí creado a las afueras de Puerto
Príncipe, Jacky Desbois revive una y otra vez los dos días que pasó bajo las ruinas de una iglesia
hasta que unos vecinos vinieron a rescatarlo.
"Era como estar vivo en una tumba. Yo creía que Dios no podía abandonarme y rezaba pero creí
volverme loco. Pensé que iba a morir allá y nunca me encontrarían", recuerda.
"Unos amigos me sacaron pero me rompieron la pierna. Ahora me tienen que operar pero estoy
feliz de estar vivo. La pierna no me importa", afirma.
Seis días después del violento sismo que devastó la ciudad de Puerto Príncipe, algunos
sobrevivientes siguen apareciendo entre las ruinas. Son cada vez menos y en peor estado pero los
equipos de rescate mantienen viva una pequeña esperanza.
El último "milagro" en llegar a este hospital israelí es Jean Louis Brahms, un bebé de ocho
meses que pasó cinco días enterrado entre las ruinas de su casa hasta que su llanto traspasó las
piedras y fue escuchado por un vecino que llamó a los cascos azules de la ONU.
"Pasé varios días por nuestra casa, esperé, llamé y no había respuesta. No podía quedarme
allí, no podía aceptar la muerte de mi hijo, saber que estaba muerto entre las piedras y me fui",
cuenta su madre, entre lágrimas.
El padre del niño y su hermano mayor salieron de la casa a tiempo y sólo resultaron heridos,
pero el pequeño Jean Louis quedó atrapado en la casa familiar.
"Cuando lo miro hoy, lloro de felicidad y creo en Dios más que nunca. Había perdido todas mis
esperanzas", añade su madre.
"Lo rescataron casi muerto. Hubo que reanimarlo y sólo reaccionó a los antibióticos horas
después. Su pierna está gangrenada y no sabemos si podremos salvarla", afirma el médico israelí
Amit Assa.
"Es increíble que esté vivo después de cinco días sin agua, sin comida y con este calor",
agrega.
En el hospital israelí han recibido 250 heridos, la mayoría rescatados de entre las ruinas.
De ellos, 80 son niños, la mayoría huérfanos desorientados que tienen problemas en saber dónde
están y qué ha pasado en la ciudad y con sus seres queridos.
En las últimas horas también llegó a este hospital de campaña Marie-France, una joven de 22
años liberada de entre los escombros el domingo por la noche en un complicado rescate que exigió la
amputación de su brazo derecho.
"No sabía qué pasaba fuera, pero yo sólo pensaba en vivir", susurra, de forma casi inaudible,
todavía bajo los efectos de la morfina, en la unidad de cuidados intensivos de este hospital.
Unos metros más lejos, un hombre de unos 70 años describe que quedó atrapado cuatro días en
la panadería de su propiedad.
"Ya me había preparado para morir. El tiempo era interminable. Al salir no supe si habían
pasado dos días o dos semanas", explica.
Una hora después, en el hospital general de Puerto Príncipe, la llegada de una niña de unos
18 meses cubierta de polvo es celebrada con aplausos.
Nadie sabe cómo se llama ni quién es su familia, que probablemente murió y sigue sepultada
bajo las ruinas de su casa, debido al hedor que describieron las personas que la rescataron.
"Es increíble. No tiene ninguna herida. Sólo un niño es capaz de sobrevivir seis días en este
estado", se felicita la enfermera que le da agua y limpia cuidadosamente el cuerpo.