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El secreto mejor guardado: las cuestionadas finanzas del Vaticano

Las finanzas del Vaticano están en el ojo de la tormenta desde hace un tiempo, sobre todo por el hermetismo con que se manejan. Benedicto XVI dio el primer paso en esa dirección al abrir las puertas del Instituto para las Obras de Religión (IOR) a Moneyval.

La misión de esa agencia del Consejo Europeo es controlar y evaluar los esfuerzos de la Santa Sede para luchar contra el lavado de dinero y la evasión fiscal.

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El hoy pontífice emérito también exigió crear una agencia independiente de control financiero de las actividades del IOR, y tuvo que vencer la resistencia de los sectores más conservadores de la curia romana para imponer esas dos iniciativas.

Los expertos estiman que el papa Francisco deberá profundizar ese camino porque falta mucho por hacer, según publica el sitio mexicano Proceso.

A comienzos del pasado enero el gobierno italiano prohibió todo contacto entre los bancos nacionales y el IOR. La meta del Ejecutivo italiano era evidente: denunciar la supuesta falta de transparencia financiera que sigue prevaleciendo en la Santa Sede.

Cuando se habla de la fortuna de la Iglesia, en realidad nadie conoce a ciencia cierta lo que posee. Se afirma que no existe registro exhaustivo de todos sus bienes. En su libro El Vaticano indiscreto, Caroline Pigozzi arriesga algunos datos que arrancó a sus interlocutores de la Santa Sede a lo largo de 20 años de investigación.

Destacan en particular bienes raíces ubicados en la capital italiana y alrededor de ella, los cuales gozan del estatuto de extraterritorialidad: 70 hectáreas de terrenos con edificios en Roma, además de inmuebles administrativos y de distintas universidades pontificales; 55 hectáreas de la residencia de verano del Papa en Castel Gandolfo rodeada por 550 hectáreas de explotación agrícola, 200 hectáreas a la orilla del mar y 1.200 más en la periferia de la ciudad eterna.

Cabe agregar a esa lista los bienes de 325 órdenes religiosas femeninas y de 87 órdenes masculinas representadas en Roma, además de las múltiples propiedades legadas a la Iglesia por fieles adinerados a lo largo de los siglos.

El catastro italiano tiene registros de los bienes de fraternidades, congregaciones, institutos, fundaciones, misiones, obras pías, etcétera. Un ejemplo: la orden hospitalaria de San Juan de Dios posee una isla entera sobre el río Tíber, en Roma.

Hasta 1870, afirma Pigozzi, los bienes de los Estados pontificales se extendían a lo largo de 18 mil kilómetros cuadrados e incluían a Roma y la tercera parte de la península itálica. El tratado de Letrán firmado en 1929 con la flamante República los limitó a cambio de una compensación equivalente a 1.000 millones de euros, que el Estado italiano pagó a la santa sede. Gran parte de esa fortuna fue invertida en oro y depositada en la American Federal Reserve.

Esos fondos están administrado por el IOR, cuyo patrimonio declarado asciende a 6.000 millones de euros, 88% de los cuales pertenecen a congregaciones y monasterios. Esta institución bancaria administra alrededor de 33.000 cuentas destinadas a obras de religión y caridad europeas y del Vaticano.

El banco de la santa sede goza de un estatuto muy especial que le permite realizar discretas transferencias de fondos hacia países políticamente hostiles al catolicismo. Por eso lo acusan de usar esas transferencias para lavar dinero y se encuentra en la mira de Moneyval, así como de la justicia italiana.

FUENTE: Minutouno.com