El establecimiento está en alerta porque, en cuestión de horas, comenzará a recibir a los 33 mineros. Los esperan con las camas tendidas y las ventanas bloqueadas para que no los moleste el sol.

El primer destino de los mineros será el Hospital de Copiapó

Por UNO

El Hospital de la ciudad de Copiapó será el primer destino al que serán transportados los mineroschilenos atrapados, una vez que sean rescatados de las entrañas de la tierra, más de dos meses

después del derrumbe de un yacimiento de cobre en pleno desierto de Atacama.

Y la norteña Copiapó ha visto alterada su rutina, con los preparativos para la salida de los

mineros. En el centro médico ya se han reforzado los turnos de enfermeras, especialistas y médicos

clínicos o "internistas".

La fachada del edificio luce impecable, recién pintada, con un cartel de color blanco que

parece apenas estrenado, con el nombre destacado: "Hospital Regional San José del Carmen".

"Pudimos arreglarlo", dice a BBC Mundo el portavoz del centro, Abel Olmos Sarria. Eso, pese a

que en dos años el centro de salud se mudará a un edificio aledaño. El actual, remozado para ser el

escenario médico de la gran operación de rescate, será demolido sin más.

Por la puerta principal, entran los lugareños a hacer fila en la sala de urgencias. Otros

descansan y conversan en las sillas de afuera, entre perros sin dueño y vendedores de flores y

empanadas.

En pocas horas, la escena pueblerina se transformará radicalmente con la llegada de cientos

de curiosos y periodistas. Para ordenarlos, se han instalado vallados en la calle y se ha

establecido que el ingreso de los mineros se hará por una entrada trasera, en una ruta de

ambulancias alejada de la vista de todos.

Salas VIP

Los mineros llegarán hasta aquí tras un viaje en helicóptero, de entre 9 y 12 minutos,

seguido de otro trayecto en ambulancia. En el simulacro organizado por el gobierno chileno, el

operativo demoró 23 minutos, con una aceitada ejecución por parte de los guardias hospitalarios y

la escolta de una decena de motos policiales.

Así se hará si lo permite la neblina, advierten las autoridades: la "camanchaca" típica de

este paraje podría dificultar los traslados aéreos y obligar a cubrir por tierra los 45 kilómetros

que separan al hospital de la mina.

Los ingresarán en camilla, silla de ruedas o –de cumplirse los pronósticos de los

supervisores médicos- muchos de ellos lo harán caminando. Los últimos reportes de salud, tras los

exámenes practicados en el refugio subterráneo, señalan que los 33 están en buen estado.

Por corredores de paredes moradas y azules, con carteles de bienvenida colgados en su

homenaje, los pacientes llegarán a alojarse en los pisos superiores. El segundo y el tercero, con

"régimen hospitalario y tratamiento VIP", según cuenta a BBC Mundo una médica, que ya sabe que

entrará a la guardia tan pronto el rescate esté en marcha.

"Estarán distribuidos entre las ocho habitaciones del segundo piso, que tienen dos camas cada

una, y la Unidad de Cuidados Especiales de la tercera planta, que tenía originalmente 10 camas y se

la ha reacondicionado para poner 17, en semicírculo alrededor de la estación de enfermería",

detalla Olmos Sarria.

Allí recibirán visitas de médicos especialistas y familiares, en dosis más generosas que los

pacientes comunes.

Pulmones, piel y ojos

Radiografías, evaluaciones dentales, pruebas dermatológicas, exámenes de

laboratorio. Con una batería de tests, los médicos intentarán medir las secuelas del encierro en

las anatomías de los mineros.

En particular, los cuadros respiratorios y los problemas de piel se anticipan como los más

frecuentes. Muchos deberán someterse a un régimen de ejercicio para recuperar la pérdida de masa

muscular, estimada en hasta un 10%, y los tratamientos odontológicos estarán a la orden del día.

"Algunos de ellos tienen enfermedades crónicas que pueden descompensarse durante este último

período de rescate y por estas condiciones me refiero fundamentalmente a diabetes, hipertensión

arterial tenemos un paciente con fibrosis pulmonar y restricción pulmonar crónica que nos ha dado

mucho trabajo", dijo el ministro de Salud, Jaime Mañalich, en entrevista exclusiva con BBC Mundo.

Y agregó: "Hay algunos que han presentado enfermedades nuevas desde que están en la mina,

específicamente infecciones bastante importantes por hongos, dada la humedad que hay en la mina".

Viaje de riesgo

También preocupa a los expertos las posibles consecuencias del ascenso en la

cápsula Fénix, la maniobra principal del salvataje, por el estrecho túnel de 630 metros de largo.

Anticipan que varios podrían sufrir hipertensión por la velocidad del viaje, así como trombosis

pulmonar o venosa.

Para contrarrestarlo, les están administrando dosis de aspirinas desde el sábado, según

informó el ministro.

Por otra parte, la cobertura de los vidrios del hospital con una malla negra está pensada

para compensar otro de los problemas asociados a la prolongada estadía subterránea: la sensibilidad

a la luz y los daños oculares.

"Pueden presentar irritación ocular, pero en mi opinión es poco probable que tengan daños

severos o irreversibles", desestimó el jefe de Oftalmología del hospital, Luis Salinas.

Permanecerán, en total, unas 48 horas en observación, incluso aquellos mineros que muestren

mejor estado. Para cuando salgan, el gobierno les ha ofrecido un mínimo de seis meses de apoyo

psicológico.

Y se irán seguramente con una recomendación: estar atentos a cualquier síntoma de

enfermedades que podrían desarrollarse en el largo plazo, desde la tuberculosis pulmonar al estrés

post-traumático, después de la pesadilla que les ha tocado vivir bajo tierra.