El ministro de Finanzas suizo, Hans Rudolf Merz, se tienta al leer un texto plagado de tecnicismos sobre importaciones de embutidos cárnicos.

El ministro que hace reír a media Europa

Por UNO

Nueve de la mañana en la sede de Los Verdes en Berlín. La reunión de la Ejecutiva del partido

comienza con retraso porque sus miembros "estaban viendo el vídeo de Merz", explica un asistente.

Cuando aparecen en la sala, Jürgen Trittin deja escapar todavía risas sueltas, bastante más

abiertas y espontáneas que las de la semana pasada, cuando las encuestas auparon a su partido hasta

alcanzar, por primera vez en la historia, la intención de voto a los socialdemócratas.

Apenas una hora más tarde y en un escenario muy distinto, la sede del Partido Liberal, el

Thomas-Dehler Haus de Berlín, las sonoras carcajadas traspasan las puertas de los despachos y

resuenan en los pasillos enmoquetados que conducen al departamento de Prensa. Al FDP le va de pena

en las encuestas, así que la pregunta se impone: "¿Por qué están de tan buen humor?". La respuesta

es todavía más intrigante que las risas: "Tienes que ver el vídeo", dice un diputado todavía

desternillándose y con lágrimas en los ojos.

El video que alegra el día de tal manera a la clase política alemana y centroeuropea es un

fragmento de la intervención parlamentaria del ministro de Finanzas suizo, Hans Rudolf Merz, en el

que aparece contestando a una pregunta de trámite, en una sesión de control, para lo que lee una

respuesta, también de trámite, que habían preparado sus aplicados asesores. El texto es un ejemplo

de lenguaje burocrático enrevesado, plagado de leguleyos y que evoca los guiones de las películas

de los Hermanos Marx, con referencias legales al apéndice del punto del parágrafo del artículo...

Algo que no es capaz de entender ni el que lo está leyendo, tal y como el mismo Merz confesó

después de la hilarante sesión del Bundesrat del país alpino. La pregunta en cuestión versaba sobre

importaciones de embutidos cárnicos, y ahí está el ministro, tratando de sobreponerse a los

increíbles tecnicismos sobre el paso por aduanas de chorizos, salchichas y butifarras helvéticos.

Sin críticas

Merz es un hombre adusto y serio donde los haya. En los últimos meses, se ha negado a pagar

el rescate de los ciudadanos suizos retenidos en Libia y se ha cargado de un plumazo gran parte del

secreto bancario en el que tradicionalmente se ha basado buena parte de la prosperidad de este

pequeño país, medidas que no le han servido precisamente para ganar amigos. Hubiese sido previsible

una oleada de críticas a su pérdida de papeles, pero la oposición, contagiada por la comicidad del

absurdo, cayó presa del mismo ataque de mandíbula y sus risotadas impedían incluso que el orador

retomase el discurso sereno, a pesar de sus denodados esfuerzos.

Sus lágrimas de risa han suscitado una ola de simpatía por el ministro saliente y todavía

continúa media Europa riéndose con él. Sólo en las 24 horas posteriores a la sesión parlamentaria,

el vídeo fue visto en YouTube por 300.000 personas. Ni siquiera los empresarios del sector cárnico

suizo han osado acusar a Merz de tomarse poco en serio sus problemas, y uno de ellos ha anunciado

un nuevo eslogan para su próxima campaña publicitaria: "Nunca pierdas el sentido del humor".

"Un político se ríe de la política. La dosis de reirse de uno mismo que el vídeo ha inoculado

en los políticos centroeuropeos se traduce en síntomas como buen humor y pensamiento positivo que

sustituyen a la típica agresividad y al ring de boxeo parlamentario", dice la redactora jefe de

'Die Welt' antes de aseverar: "Nos ha recordado que la democracia necesita humor".

Fuente: El Mundo.es