Uno de los contratistas del yacimiento San José, que tiene a dos de sus operarios bajo tierra, dijo que hay mucho oro y que saben dónde está ubicado.

“El futuro de la mina quedará en manos de otra explotadora”

Por UNO

“Seguramente van a buscar otra empresa para que se haga cargo de la explotación; ahora tienen una radiografía del yacimiento que no se conocía, saben exactamente cuánto oro hay y dónde está ubicado”. Así analizó el futuro de la mina San José Héctor Gallardo Kolega (47), dueño de una empresa contratista que tiene a dos de sus operarios atrapados por el derrumbe ocurrido el 5 agosto y visitante semanal del interior de la explotación desde hace siete años.El chileno Daniel Herrera y el boliviano Carlos Mamaní manejaban dos vehículos de la empresa Maritza Kolega por el interior de la mina cuando se produjo el derrumbe.Herrera lleva un año trabajando para Kolega: “Es un gran chico, a mi me cumplió siempre”, calificó el patrón. Sobre el joven boliviano, en cambio, sus apreciaciones fueron acotadas porque al quedar atrapado sólo tenía dos días trabajando en la empresa que lleva el nombre de la madre de Gallardo.“A Carlos esto le va a venir bien. ¡Qué tiene que estar en otro país! Ahora su presidente vendrá a buscarlo y le dará trabajo en su país, le va a ir muy bien”, expresó entusiasmado el contratista sobre el único boliviano que hay entre los mineros atrapados.Evo Morales, presidente de Bolivia, anunció su presencia en la mina San José en el momento en el que se produzca la fase final del rescate tras pedirle “permiso” protocolarmente a su colega chileno, Sebastián Piñera, para presenciar la salida a superficie de los mineros. Morales ya les prometió a los familiares de Mamaní un trabajo en su país para el joven.De los 33 refugiados a más de 700 metros de profundidad, 9 son dependientes de empresas contratistas.“Yo estoy seguro de que ninguno querrá volver a la misma mina y muchos de ellos, por no decir la gran mayoría, cambiarán de vida. Algunos tienen futuro en los medios”, arriesgó Gallardo.El contratista, además de los dos empleados, tiene bajo tierra dos vehículos de su empresa: un montacargas y un camión. Mamaní es el operador del montacargas, pero con seguridad su carrera como obrero minero está tan cerca de terminar como el cautiverio de “los 33”.Gallardo dialogó con Diario UNO al borde de la ruta 5, en el ingreso a la cabecera de Copiapó, el municipio donde se enclava la mina San José. A ese lugar debió trasladar la maquinaria que tenía afectada al emprendimiento minero hasta el derrumbe.Mientras la empresa San Esteban, en proceso de quiebra desde que evaluó que no podía hacer nada frente a la demanda económica que significaría el derrumbe, funcionaba con normalidad, el contratista tenía su campamento en el espacio que ocupa ahora el centro sanitario de emergencia montado en las inmediaciones de la boca de la mina. Aunque es el dueño de la compañía, Gallardo aclaró que al entrar a la mina se siente “como un compañero de trabajo más” de sus empleados.“No es un trabajo de oficina, acá sin solidaridad, sin tirar todos para el mismo lado, no se consigue nada. Yo cuando bajo a la mina hago los trabajos que son necesarios, no siempre me quedo supervisando”, contó.La empresa Kolega tiene contrato de prestación de servicios con San Esteban desde 2003. “Desde entonces entraba por lo menos una vez por semana a la mina San José”, señaló el gestor de la contratista.El empresario está convencido de que una nueva compañía se hará cargo de la explotación del yacimiento de oro que hoy genera atracción mediática mundial.“Hasta ahora se iba avanzando en la explotación hacia la profundidad de la montaña, pero no había un diagnóstico preciso del potencial final del yacimiento, con los estudios que se hicieron para rescatar a los mineros se logró una radiografía que indica exactamente cuánto oro hay y dónde está concentrado”, remató.