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Dónde habitar, un problema general que se sufre a diario

CONCEPCIÓN – "No sé adónde voy a ir a vivir; ayer me pidieron $390.000 para arrendar una casa y acá

pagaba $190.000 por mes", contó a UNO Lusmira Pozas, de 65 años, entre los escombros que quedaron

de la casa que alquilaba en la calle Castellón, del centro de Concepción, en la Región chilena del

Bio Bío.

El sábado, esta mujer que es ama de casa y pensionada, volvió a nacer, justo el día que

celebraba su cumpleaños. A las 3.34, mientras dormía profundamente, no alcanzó a sentir el tremendo

movimiento de la tierra antes de despertarse golpeada por pedazos del techo de su casa.

"Me dieron por la cabeza, quedé toda golpeada pero gracias a Dios los vecinos fueron muy

solidarios y me ayudaron a salir. Quedé muy dolorida pero no tuve problemas mayores, aquí me ven,

estoy bien. Volví a nacer, pudo ser mucho peor", contó la anciana mientras mostraba cómo quedó el

dormitorio que habitaba hasta el sábado.

Ella no sabe qué será de su vida pero está segura de que "la solidaridad de mis vecinos no

tiene límites, por eso estoy un poco más tranquila. Ellos me van a ayudar a salir porque siempre

hemos colaborado con los que tienen problemas".

La mujer fue la única que se quedó sin casa en un vecindario que se unió aún más que antes

para enfrentar las consecuencias del terremoto del sábado en la madrugada. El grupo lo conforman

unas 200 personas que viven en el pasaje Bombero Vílchez.

Francisca Ramírez, una adolescente de 17 años, estudiante de la secundaria, comentó que "

siempre nos llevamos bien entre todos pero desde el sábado estamos más unidos, pasamos todo el día

juntos y en las noches nos turnamos por grupos para cuidar nuestras propiedades". Alejandro Muñoz,

vecino del pasaje y dueño de un almacén que tuvo pérdidas de mercadería totales como consecuencia

del sismo, aunque no sufrió daños edilicios, explicó a este medio cómo terminaron organizándose

como si fueran un escuadrón –dicen que sin armas de fuego– para defenderse de los saqueadores,

grupos de personas que encontraron en el caos que generó el movimiento sísmico un buen motivo para

tratar de robarse todo lo que los demás no alcancen a defender.

Las noches del domingo y el lunes fueron furiosas en Concepción, epicentro político y social

de las repercusiones del terremoto del sábado. Desaparecieron las leyes y ninguna autoridad pudo

controlar ni el más mínimo apego a las leyes ni brindar respuestas a la interminable lista de

necesidad que afloraron en la sociedad. Concepción tiene cerca de un millón y medio de habitantes,

lo que la hace la segunda urbe más importante del país trasandino, después de su capital, Santiago.

El martes la situación empezó a cambiar lentamente con la declaración del estado de

emergencia y el toque de queda, medidas que son custodiadas por las Fuerzas Armadas del país.

"El domingo y el lunes quedamos bajo la autoridad de los saqueadores sin que el gobierno

reaccionara. Por eso, nosotros –relató Muñoz– nos organizamos entre los vecinos. Nos dividimos por

turnos y preparamos palos para patrullar caminando todo el perímetro de nuestras viviendas; esas

noches vimos a muchos saqueadores pasar llevando todo tipo de bienes".

Francisca agregó que "como no tenemos luz, hacemos fogatas en las puntas del pasaje para

alumbrarnos y evitar que los saqueadores entren. Nunca pensé que en Concepción llegaríamos a esto,

siempre una ciudad tranquila con un poco de inseguridad, como todas las ciudades grandes pero

tranquila".

La organización antisaqueadores del pasaje Bombero Vílchez es sólo una muestra particular de

una gran cantidad de grupos vecinales que se autoconvocaron frente al caos y la amenaza de los

ladrones que se aprovecharon de la situación.

"Yo estudié la teoría del caos en la facultad, pero nunca me imaginé que la vería en la

práctica en Concepción, una ciudad que siempre fue tranquila. Podía imaginarlo en Santiago pero acá

no", consideró Osvaldo Martínez, un estudiante avanzado de derecho, de 29 años.

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