Por Luis Martín Morilla (especial para UNO de San Rafael)
Desde BARNA, acrónimo cariñoso de Barcelona, ciudad del Mediterráneo, un mar muy latino, temperamental, calmado, tierno, en el que han navegado todas la civilizaciones antiguas desde hace mil años, os contaré que, a pesar de esta crisis de valores, que una serie de mangantes, estafadores, violadores del verso y la cultura ha perpetrado, somos felices; nuestro equipo del alma ha ganado la liga de España, tenemos el salón del automóvil internacional a reventar de expositores. Lo de público comprador con posibles, ya es otro cantar.
No se puede pedir más, estamos en el centro del mundo mundial, con una crisis de valores estremecedora, donde estamos pagando el precio de ser absolutamente soberbios y creer que el dinero es nuestro dios, pero eso sí, felices de vivir en la ciudad más “fashion” del mediterráneo. Una crisis salvaje, con 6.200.000 parados en el país, pero felices.
Todo el mundo mira a BARNA, con esos ojos de admiración-envidia, pero no hay que engañarse, esta ciudad ha intentado muchas veces estar en el estrellato mundial como lugar de referencia, pero no hay que olvidar que somos Latinos descendientes de los Romanos y medio Moros, o sea unos golfos.
En fin, como dice la canción del Serrat “nací en el mediterráneo”, no hay que avergonzarse de nada, cada uno es como es. Esta nuestra ciudadanía, es como un rico venido a menos, de momento conservamos un buen abrigo de última moda y lustroso, pero no podemos llevarlo al tinte. Y se nota una cierta desesperación por parte de los que estamos acostumbrados, (bien acostumbrados) a verlo todo lustroso, con las obras resueltas, las calles asfaltadas, bien iluminadas, con fastos de todo tipo, con cualquier excusa de celebración, pero amigos esto se terminó y por un largo periodo de tiempo.
Esta ciudad a lo largo de su historia, unos mil años, ha sufrido todo tipo de calamidades, y siempre ha salido airosa de todo trance, en mil años te puede pasar de todo y si algo no ha ocurrido ya, no puede tardar. Pero hay algo que nos caracteriza a los Catalanes, vivir aferrados a nuestra identidad y a la pasta (dinero) y esta ciudad siempre ha sido la capital de Catalunya, por ese motivo los grandes negocios siempre se han cocido aquí.
La pompa de nuestras celebraciones ha sido muy alegre, sobre todo cuando nuestros mandatarios no gastaban su dinero, sino el de los demás, ejemplo claro las olimpiadas del 1992, nos metieron en un patatal que se terminó de pagar hace un año.
Los impuestos de esta ciudad siempre han sido los más altos del Estado Español, pero es solo para Europeizarnos, así nos hacen creer que estamos más cerca del resto de Europa, la parte rica de Europa quiero decir.
Y el turismo, esa vaca sagrada donde la haya, el único negocio que va viento en popa, estamos rodeados de “guiris (cariñosamente extranjero) que además de andar perdido, va vestido de una forma que solo él puede vestirse sin sentirse avergonzado de ir así, que se disfraza de cualquier cosa, (en su país lo encerrarían en la cárcel por atentado al buen gusto), pero eso sí, como es un “guiri” le está permitido todo.
La parte positiva, la única parte positiva, es que se deja el dinero y esa es la segunda cuestión para un catalán (identidad y pasta), así que a la vaca sagrada, gallina de los huevos de oro, ni tocarlo.
En aras al “guiri”, hemos ampliado nuestro puerto internacional hasta límites insospechados, hemos desviado un río (el Llobregat) porque estorbaba, tenían que hacer una nueva terminal y no se les ocurrió nada más que empujar al río, en mil años nadie aprendió que a la naturaleza se le debe pedir permiso, nunca obligarla.
Pero no importa nada, somos felices, tan felices que el último proyecto, el más inquietante, es construir una isla delante de las costas de BARNA, no tengo palabras, bueno, sí las tengo, pero son de una incorrección que no se pueden escribir.
Después de dejar que una aberración de arquitecto dejase su pisada, (más bien su patada) al templo de la Sagrada Familia de Gaudí, después de esconder al diseñador de gran parte del centro de la ciudad (el eixample), como si fuera un apestado, el gran Cerdà, permitir que sin responsabilidad alguna, ni civil ni penal, toda una secuela de arquitectos municipales le hayan perpetrado a esta ciudad una serie de actos terroristas arquitectónicos, ahora a algún iluminado le ha dado por diseñar una isla delante de Barcelona. Esta obra faraónica ¿la pagarán ellos?, no amigos, la pagaremos entre todos incluidos los “guiris”.
En esta ciudad también recalaron los Fenicios, (suena a insulto, pero es historia) y además de su saber hacer, nos dejaron una escuela de negocios impagable, gracias a ellos somos lo que somos, negociamos toda clase de cuestiones, no importa si son sentimentales o materiales, incluso divinas, nada escapa al poder de la negociación de un buen Catalán.
Queridos lectores esta crónica solo pretende acercaros a una realidad de una pequeña ciudad del Mediterráneo, que pretende competir con la alta sociedad para tener un hueco en la opinión mundial. No es la mejor ciudad del mundo, es una de las mejores ciudades para vivir del mundo, pero no os creáis todo lo que explica un ciudadano, que el amor lo puede todo y no es buen consejero para dar opiniones. Nuestro Mediterráneo está dispuesto a acariciar a todo aquel que se acerque a él.
