Las autoridades de la ciudad china de Wuhan, epicentro del peligroso brote de coronavirus, anunciaron este miércoles la paralización del transporte público que entra o sale de esa urbe de 9 millones de personas en un nuevo esfuerzo de salud pública para detener la expansión del contagio.
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La medida ocurre en momentos de la celebración próxima del Nuevo Año Lunar, cuando millones de habitantes del país se trasladan a sus ciudades natales para la celebración familiar de la fecha, uno de los feriados más importantes de China.
Fuera del gigante asiático, el mundo ve con preocupación el nuevo brote. El por qué está en alerta ante el nuevo coronavirus de China puede resumirse en cinco palabras: el temor a lo desconocido.
Lidiar conun virus impredecible con capacidad de matar es uno de los grandes temores de la comunidad científica y las autoridades de salud pública que ahora enfrentan justamente ese desafío.
Todo esto bajo la sombra de lo que ocurrió en 2002-2003 con el Síndrome Respiratorio Agudo y Grave (SARS) que también comenzó en China y terminó por expandirse a 29 países contagiando a más de 8.000 personas y matando a casi 800.
En aquella oportunidad, el hermetismo del gobierno chino que inicialmente intento encubrir la epidemia no ayudó. Pareciera que han aprendido la lección y desde el 31 de diciembre (cuando se creía que era un brote aislado) han demostrado mayor transparencia, pero también queda la duda de si comparten todo lo que saben.
Los reportes de casos han ascendido dramáticamente: de 9 muertos y unos 300 casos reportados el martes, las cifras oficiales subieron a 544 casos y 17 muertos la mañana de este miércoles.
“Tenemos razones para dudar si la vigilancia es adecuada ya que los casos siguen subiendo”, tuiteó Lawrence Gostin, experto en salud pública de la Universidad de Georgetown.


