Veinte años después de la caída del dictador Augusto Pinochet y de ininterrumpidos gobiernos de laConcertación de centroizquierda, la derecha chilena está confiada en que hoy las urnas cambiarán la
historia. El oficialismo espera arañar apenas por encima del 50% para tener cuatro años más decontrol del gobierno.
Lejos de la paridad que demostró una encuesta nacional difundida sobre el cierre de lacampaña, Sebastián Piñera, candidato de la Coalición para el Cambio, y sus seguidores adelantan untriunfo contundente y cómodo. Mientras que Eduardo Frei, postulante del oficialismo, y su gentellegan a la jornada electoral con mucha más mesura, aunque presagiando una victoria cuando seenciende un micrófono. En el centro comercial y en las zonas residenciales más acomodadas de Santiago la sensaciónen la calle es que Piñera será el próximo presidente. Pero ese escenario no es tan claro para elaspirante de la derecha cuando las opiniones provienen desde las afueras de la capital y desde lasregiones del interior del país. Ni siquiera en los últimos minutos previos se advierte en el ambiente de la capitaltrasandina la tensión de una elección tan reñida. En general, la gente está ocupada en otros temas.Las vacaciones y el deseo de una escapada a las playas del Pacífico son temas más recurrentes enlas mesas de los bares y los restoranes que los comicios que definirán quién conduce el país hasta2014. "La clase media sabe que gane quien gane, todo va a seguir igual. El lunes (por mañana) hay que levantarse temprano para ir a trabajar y seguir peleando contra los mismos problemas", analizóel taxista Benjamín Cortez, decidido a votar por Piñera porque "los de la Concertación ya me tienenlleno". Buena parte de los confesos votantes del candidato derechista, que no son militantesideológica ni partidariamente, mencionan el "odio" al candidato de la Concertación y el hartazgo dever siempre a los mismos políticos en los cargos del gobierno entre sus principales argumentos deese voto. Mientras que una masa de sufragantes equivalente a no menos de 12 puntos porcentuales deltotal que obtenga Frei sólo votará por éste para que no gane Piñera. En las calles de Santiago los convencidos del triunfo de Piñera demuestran mucho más fervor yexpectativas que quienes apuestan a las chances de Frei. Y los candidatos replican estassensaciones con sus discursos. "Vamos a ganar en forma clara y categórica", dijo Piñera con la vedaproselitista ya instalada. Frei fue mucho más cauto en la estimación del resultado: "La diferenciava a ser muy estrecha y cada voto cuenta". Para la derecha, el amplio triunfo en primera vuelta es el mayor agente esperanzador.Mientras que el oficialismo se entusiasmó en la recta final de la carrera presidencial porque lasencuestas lo pusieron en competencia franca tras el duro golpe de las urnas en diciembre. Piñeraobtuvo el 44% de los votos en aquella oportunidad, contra 29% de Frei. El tercero en discordia fue Marco Enríquez Ominami, un socialista que desertó de laConcertación, con 20%. Esos votos son los que definirán quién será el presidente de Chile. YEnríquez oficializó su voto a favor de Frei un rato antes de que se cerrara la actividadproselitista, dejando que sus seguidores decidieran individualmente su elección para hoy. Si el total de votos emitidos es similar al de la primera vuelta, Piñera no ganará si almenos unos 400 mil votantes de Marco Enríquez no lo eligen hoy. El candidato de la derecha tambiénse beneficiaría si una masa importante de votantes del tercero en la primera vuelta se queda en susvacaciones o en su casa sin ir a votar. Por eso, la estrategia de Frei y su comando de campaña en los últimos días dividió el mensajeen dos: por un lado apuntó a convencer a los votantes de Ominami para que elijan a la Concertacióny por otra alentó al electorado en general a concurrir a las urnas.

