Juan Pablo II ya había pisado esas tierras hace 28 años, aunque sin la invitación de la Reina. En aquella ocasión Karol Wojtyla cautivó multitudes, le rogó al Ejército Republicano Irlandés que dejara las armas y se convirtió en una estrella.

Adelantaron que el Papa Benedicto XVI hará por primera vez una visita de Estado al Reino Unido

Por UNO

La visita de Benedicto XVI al Reino Unido, que empieza este jueves, es una de esas ocasiones en lasque el tan abusado término "histórico" es particularmente pertinente: se trata de la primera visita

de Estado de un pontífice al país.

Pero el encuentro sin precedentes de la cabeza de la Iglesia anglicana y su homólogo de la

Iglesia Católica en suelo británico no es la única señal de cambio.

Con los escándalos de pederastia, las acusaciones de homofobia y una frase papal durante una

conferencia en la Universidad de Regensburgo en 2006 que ofendió a los musulmanes, no faltan

quienes quieren expresar su desdén por la doctrina que representa Benedicto XVI.

Pero más significativo en el largo plazo quizás sea el hecho de que esta visita ha dejado en

evidencia la brecha que se ha abierto entre los católicos liberales británicos y el cada vez más

conservador y centralizado Vaticano.

Falta de entusiasmo

La visita de Benedicto XVI no es, sin embargo, la primera de un Papa al Reino Unido. Ese hito

lo marcó en 1982 Juan Pablo II, cuya visita pastoral tuvo tanto éxito que sentó un precedente

difícil de superar.

Aunque no invitado por la reina, Juan Pablo II llegó, cautivó multitudes, le rogó al Ejército

Republicano Irlandés (IRA) que abandonara las armas y se convirtió en una estrella.

Pero eso fue hace 28 años y Benedicto XVI no está bendecido con el mismo carisma de su

antecesor, ni lidera una Iglesia tan relativamente libre de problemas.

Uno de los principales eventos de la gira de cuatro días del actual pontífice ilustra la

diferencia: la ceremonia para beatificar la cardenal victoriano John Henry Newman en septiembre 19.

Inicialmente, los organizadores habían escogido el mismo lugar donde Juan Pablo II dio una

misa que, en un país que se distingue por el secularismo, logró atraer a 350.000 espectadores.

Pero en esta ocasión, la Iglesia no puede darse ese lujo. El escenario fue cambiado para

reducir el número de espectadores a 80.000.

Y en los actos reservados para miembros de la comunidad católica, ha habido poca demanda de

boletos por parte de las congregaciones. Aunque muchos aducen problemas prácticos, eventualmente

aceptan que también se debe a cierta falta de entusiasmo.

"Se ha dicho que hubo falta de interés por las boletas porque las empezaron a ofrecer en

agosto, cuando las personas están de vacaciones, o porque les están pidiendo a los fieles que

lleguen demasiado temprano a los actos", le dijo a BBC Mundo Elena Curti, del semanario católico

The Tablet.

Pero si estuviéramos hablando del Papa Juan Pablo II, ¿habrían hecho el esfuerzo?

"Probablemente sí", concedió.

Inquietud en el rebaño

No obstante, muchas de las visitas del actual pontífice a otros países han sido precedidas de

temores similares y al final han resultado bien.

Además, en el Reino Unido confían en que católicos inmigrantes, provenientes de lugares como

Polonia y América Latina, alimenten las filas. En caso de que todo falle, siempre se puede recurrir

a la práctica común entre políticos de alquilar multitudes para ahorrarse momentos vergonzosos.

Pero hay católicos que sí han estado esperando aprovechar la visita de Benedicto XVI.

Grupos como Voces Católicas por la Reforma (CV4R) articulan una corriente de opinión que se

ha ido fortaleciendo de tal manera que han estado esperando la llegada del Papa no para defender su

vida, como habrían hecho en el época isabelina, ni sencillamente para venerarlo, como sucedió con

Juan Pablo II, sino para entregarle un pliego de peticiones que apuntan al cambio de conceptos

fundamentales en su propia religión.

El documento cuestiona aspectos como la posición de la Iglesia frente al celibato, la

ordenación de las mujeres, la falta de democracia en sus instituciones y el mensaje respecto a la

homosexualidad.

Varias de las denuncias resuenan con las pronunciadas por grupos seculares, pero éstas vienen

de "católicos devotos y comprometidos", de manera que su intención no es condenar, sino propiciar

una "discusión abierta sobre cómo la Iglesia puede cumplir su sagrada misión en el mundo moderno",

pues consideran que "es el único camino por seguir".

"Yo, por ejemplo, no diría que apoyo la ordenación de las mujeres –aunque me queda difícil

encontrar argumentos para oponerme- pero no estoy de acuerdo con que la Iglesia prohíba la

discusión. No deben cerrarse a ningún tema", le comenta a BBC Mundo Bernard Wynne, de CV4R.

¿Representativos?

La pregunta es qué tan generalizada es esta opinión entre los católicos británicos.

Wynne estima que expresan el punto de vista de al menos el 50% de los fieles que asisten a

misa en el Reino Unido y un porcentaje más alto entre aquellos que no participan en el rito.

Y Elena Curti, de The Tablet –que ha estado reportando el acontecer de esta religión desde

1840-, confirma que ése es el sentir de muchos correligionarios.

"Yo diría que la mayoría de los católicos, respecto a varios temas como permitir el

matrimonio entre los sacerdotes, apoyan el cambio. Asimismo, muchos de nosotros tenemos amigos o

familiares homosexuales y queremos que nuestra Iglesia sea compasiva y comprensiva. Particularmente

sobre el asunto de moralidad sexual hay una corriente fuerte que quiere que la institución sea más

humana".

El dilema, sin embargo, es que una de las características más distintivas de ser católico es

aceptar que el Papa es el representante de Jesucristo -y por ende Dios- sobre la Tierra, lo cual no

deja mucho espacio para opinar.

En conversación con BBC Mundo, Wynne no tuvo más que citar las palabras del hombre que

Benedicto XVI va a beatificar durante su visita.

"Como dijo el Cardenal John Henry Newman, 'la conciencia primero, el Papa después'".