Julio Cortázar sigue siendo, hasta el día de hoy, uno de los escritores más destacados de habla hispana. Por ello no es de extrañar que aún se publiquen libros sobre su vida, no obstante, Miguel Dalmau, autor de El cronopio fugitivo, hace hincapié en la vida sexual del autor de Rayuela. "Yo me he limitado a poner una linterna en el otro lado de esa puerta, siguiendo pistas que los demás biógrafos han abandonado", afirma el biógrafo.Es así como todo comienza con un joven Cortázar, que a causa del gigantismo que sufría, debió someterse a un tratamiento hormonal con testosterona a finales de los años 60, que le produjo transformarse, de un hombre con cara de bebé, a un personaje barbudo y de pelo largo, pero que a su vez le estimuló el apetito sexual. "Ahí se acaba el intelectual retraído y monógamo", dice, Dalmau, en una entrevista con el diario El País.
Polémica biografía revela secretos sexuales de Julio Cortázar
