La lavanda es una planta hermosa. El color violeta de sus flores impresiona la vista de cualquiera, y su intenso olor es capaz de impregnar hasta el último de los rincones. De hecho, es su perfume el que le ha dado la fama que hoy por hoy tiene. Sin embargo, hay quienes piensan que su aroma es el mismo que el que encontramos al destapar cualquier desinfectante comercial, esto no es cierto. Los productos de limpieza no huelen igual que la planta, y para evitar caer en prejuicios sólo debemos oler unas cuantas ramas: su exquisito perfume nos enamorará enseguida.Pero la lavanda no es sólo una fragancia. Ciertamente su aroma es el causante de que se haya popularizado tanto. Pero más allá de esto, esta planta esconde muchos beneficios para nuestro organismo. Afortunadamente, crece con abundancia en los países mediterráneos y resulta muy fácil de cultivar, así que no es complicado obtenerla. Lo que se utiliza comúnmente de ella es su aceite esencial, el cual se coloca de forma tópica en ciertas partes del cuerpo.
La lavanda: más allá de una fragancia
