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Jack el destripador y el crimen de Mary Jane Kelly

En el distrito del East End londinense de Whitechapel, Reino Unido, la serie de asesinatos que desde el 7 de agosto estaba llevando a cabo un siniestro personaje que se dio a conocer como “Jack el destripador” llegó a su fin el 9 de noviembre de 1888 con su último crimen conocido: el de Mary Jane Kelly, una joven prostituta de 25 años que fue descubierta degollada y con el vientre abierto en una habitación que ocupaba en Dorset Street.En poco más de cuatro meses, habían aparecido asesinadas siete mujeres.

Ese domingo 9 de noviembre de 1888 era un día festivo para los londinenses, en el cual se celebraba la fiesta del Lord Mayor, distinción que recibe el Alcalde de Londres, York, y otras ciudades importantes del Reino Unido. Pero no todos estaban de espíritu alegre esa mañana.Mientras oía el paso de la carroza que transportaba al Lord Mayor y los vítores de la muchedumbre, John McCarthy –locador de Kelly y dueño de un bazar próximo al edificio de Miller´s Court, donde moraba la chica- refunfuñaba tras revisar sus cuadernos de cuentas. Al puntear con su lápiz repasó la deuda que mantenía la pensionada del número 13. El importe ascendía a una libra y nueve chelines.
Llamó a Thomas Bowyer, su empleado de cobranzas, y le ordenó que fuera a reclamar el pago. A las 10.45 el cobrador llamó a la puerta de aquel cuarto. No hubo respuesta, por lo que se dirigió a una ventana lateral, la cual tenía una rotura que permitía introducir la mano para correr la cortina.Cuidando de no lastimarse, apartó la sucia tela y aplicó un ojo a la abertura a fin de escrutar hacia el interior. Lo que vio le hizo proferir un grito de terror, y retiró tan rápido la mano que se raspó el dorso, el cual empezó a sangrar levemente.El macabro hallazgo que Bowyer tuvo la desgracia de hacer resultó uno de los más espantosos y depravados que consignan los anales de la criminología.Sobre la cama bañada en sangre reposaban maltrechos despojos de la inquilina. Únicamente llevaba puesto un menguado camisón que dejaba ver el atroz estropicio infligido a su organismo. Su estómago lucía abierto en canal y habían seccionado su nariz, sus senos, y sus orejas. Trozos de muslo y fragmentos de piel de su cara yacían junto a su cuerpo descarnado. Los riñones, el hígado, y otros órganos, se esparcían en torno al cadáver y encima de la mesita de noche. “¡Parecía más la obra de un demonio que la de un hombre!”, exclamó John McCarthy, al testimoniar en la ulterior encuesta judicial, dejando constancia de la tremenda impresión que le produjo el monstruoso descubrimiento, que estremeció aún a los endurecidos policías que concurrieron a la tétrica habitación. La identidad de uno de los más sanguinarios asesinos en serie de la historia quedó sepultada en el enigma, ya que nunca fue atrapado. Lo que se sabe de Mary Jane Kelly Nació en Limerick, Irlanda, en algún momento de 1863. En el año 1879, contando con dieciséis años, se casó con el minero John Davies. El matrimonio duró menos de un año, pues el marido pronto falleció tras producirse una explosión en la mina donde laboraba. El atraso de la compañía de seguros en pagarle la póliza a la viuda la condujo a la prostitución. Conforme parece, sus primeros pasos en el oficio los dio luego de trasladarse a la ciudad de Cardiff, cuando aún no había cumplido los diecisiete años. La chica viajó a la capital inglesa en 1884 y, de acuerdo con su propia versión, ejerció como meretriz de lujo en el West End. Posteriormente se trasladó a Francia, aunque al poco tiempo retornó a Inglaterra, ahora para residir en el este de Londres donde vivió pobremente y se fue volviendo adicta al alcohol. Es discutible, empero, que durante su primer período en la capital británica viviera tan cómodamente como adujo. Su historia idílica de que en aquel lapso disfrutó de lujos y esplendor, al ser mantenida por un millonario, no ha sido corroborada. Algunos autores han destacado que la joven era una mitómana, perdida en un mundo de fantasías fomentado por su condición de alcohólica crónica, y que tenía una gran tendencia a exagerar. Al sobrevenir los crímenes de Jack el Destripador (desde el 31 de agosto hasta el doble crimen del 30 de septiembre de 1888) quedó muy asustada, y por precaución dejó su oficio momentáneamente, mientras convivía con un trabajador del mercado de Billinsgate llamado Joseph Barnett.La mayor parte de los escasos datos biográficos sobre esta víctima provienen de las deposiciones formuladas por ese hombre en la encuesta judicial instruida tras el óbito de su compañera. Fuente: Wikipedia

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