Eduardo Bauzá (46). El presidente provisional del Senado ingresó a la gastronomía y tiene fincas en Tunuyán y Tupungato.

Vides, nogales, sushi y política desde la cuna

Por UNO

Alejandro [email protected]

La política ha sido en su vida algo tan común como el almuerzo diario y desde hace once años se dedica principalmente a ella. Pero antes de zambullirse en política hizo algunas inversiones que le valieron que en la última década se erigiera en productor vitivinícola, olivícola y también empresario.

Es la otra vida de Eduardo Bauzá hijo, actual diputado provincial del peronismo.

En 1999 compró 147 hectáreas en Tunuyán. Aquel proyecto que inició en un terreno "pelado y lleno de piedras" es hoy una próspera finca de uvas varietales.

Gracias a ella se animó a comprar más tierra y a montar otra finca para convertirse en productor de nueces, mientras se encargó de administrar una finca que tiene con su padre, Eduardo Bauzá, con producción olivícola y un campo ganadero de la familia en San Luis. Su última apuesta fue el negocio gastronómico. Junto con un amigo y socio abrió un restorán de sushi en la Panamericana.

"En 1999 compré un campo inculto, era un piedrerío impresionante en el distrito El Topón, frente a Salentein. La fuimos montando de a poco, le pusimos 38 hectáreas de vid con tela antigranizo. Con eso empecé y la fui ampliando con la rentabilidad que me dio la finca hasta llegar a cubrir, en etapas, casi todo el paño con 140 hectáreas", cuenta Bauzá hijo.

"Allí tengo Malbec, Cabernet, Merlot, Syrah, Sauvignon blanc, Chardonnay y Pinot noir".

Y asegura: "Esa finca es mi mayor orgullo, porque logré ampliarla con el producido de la misma".

¿Cómo lo hizo? "Es que entre el 2002 y 2004 se ganaba muy bien con la uva", recuerda el legislador y productor. "Ahora no. Este año me la pagaron al mismo precio de 2011".

El emprendimiento hasta la permitió comprar otro pedazo de tierra "al lado del río Las Tunas, en Tupungato, donde estoy plantando nogales".

Cuando se le consulta porqué meterse con las nueces, explica: "En el mundo lo que más se comercializa son dulces y cosméticos, y para ambas cosas se necesitan nueces".

Gracias a su genteReconoce que "el buen funcionamiento de las fincas se lo debo a la gente que trabaja para mí, excelentes personas y muy eficientes. Gracias a ellos puedo dedicarme a la política e ir por las fincas cada 15 días".

Y describe como es la experiencia de ser productor propietario: "Entre noviembre y marzo uno anda todo el día con el corazón en la boca. Te levantás mirando al cielo y te acostás mirando al cielo, pero a mí me gusta muchísimo la actividad, me ha dado más alegrías que disgustos. Mi papá me inculcó el amor por la tierra y si vendo una finca enseguida compro tierra en otro lado".

Su última inversión fue "una franquicia del Sushi Club. Un amigo me propuso abrirla y lo hicimos. Eso sí, ahí yo sólo voy a comer... Ja ja".