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Para Clarisa Lugea (51) y Oscar Torres (59) el andar por esta vida con la conciencia tranquila y estar en paz con uno mismo es tan o más valioso que un abultado fajo de billetes.
Una semana atrás esa profunda concepción la pusieron a prueba y el matrimonio Torres salió airoso. Hallaron más de $10.000 ocultos en un par de botas que les habían donado de una difunta mujer y, aunque para el mundo exterior el dinero ya no existía y bien podría haber saciado una pequeña porción de la gran cantidad de necesidades que tienen, hicieron todo lo posible para devolverlos.
Por tamaña acción sólo recibieron como recompensa un gracias seco y un apretón de manos casi por obligación acompañado de un billete de $100.
“Era un fajo de guita impresionante y cuando lo vi me asusté. Nosotros tenemos necesidades pero eso no era nuestro y lo devolvimos. Somos humildes pero trabajadores y sabemos lo que es ganarse la plata trabajando. Vino, se fue y listo”, contó con total naturalidad Clarisa.
Oscar y Clarisa siempre trabajaron la finca en General Alvear pero como empleados. Fruto del matrimonio llegaron 3 hijos, Mauricio (36) y Jairo (24) que ya partieron para formar un nuevo hogar y junto a ellos está Marcos (31) que padece parálisis cerebral y está postrado en una silla de ruedas.
La historiaEl curioso episodio que los tuvo como protagonistas se desarrolló el lunes 16 cuando el hijo menor les arrimó un bolsón con ropa que le habían regalado.
“Venían una camperitas y un par de botas blancas y me las quise medir. Tomé la bota derecha y cuando traté de meter el pie no entraba, tenía una cosa dura adentro. Llamé a mi marido y cuando lo sacó era algo duro y estaba envuelto en ropa interior negra. Pensé que era un jabón para perfumar y le dije que lo dejara por ahí”, relató la mujer.
Grande fue el asombro cuando Oscar desenvolvió el paquete y “habían varios atados con billetes de $100”, dijo.
Como el hijo sabía la procedencia de la donación “lo llamamos ahí nomás para que le avisara al dueño y la devolvimos”, agregó Clarisa.
Por lo que pudieron saber, la dueña del efectivo era una mujer mayor que había fallecido tiempo atrás y los familiares habían perdido toda esperanza de encontrar el dinero tras meses de búsqueda.
“Nadie sabía que estaba esa plata oculta en la bota. Decí que llegó acá, porque si iba a parar a otro lado vaya a saber si la devuelven”, remató.
NecesidadesSueñan con una casa: el patrón de Oscar les regaló un terreno en calle F, a pocos metros del actual trabajo pero no pueden construir.
Crédito IPV: mientras luchan para conseguir fondos a través del IPV para construir, en 2015 deberían abandonar la casa que ahora tienen en calidad de préstamo.
FUENTE: Diario UNO San Rafael



