Mendoza Domingo, 23 de septiembre de 2018

Una gestora cultural que une el arte y el psicoanálisis

Gabriela gestiona el espacio de arte de la Bodega Monteviejo, y actualmente, el Balcón de las Artes, del hotel Hyatt.

Sus propuestas son eclécticas, tienen la intención de provocar, de interpelar y no de instalarse cómodamente en los lugares comunes sino resignificar y deconstruir.

Este es el trabajo de la psicóloga, escritora y gestora cultural Gabriela Nafissi, que se propuso, a través de la literatura, convertir sus inquietudes personales en planteos artísticos que buscan respuestas diversas y abiertas.

Sus proyectos parten de la base de una pregunta disparadora, que cada artista convocado tiene la tarea de responderse a sí mismo, en primer término, y luego volcar en su propuesta creativa.

Así, ha encarado muchos recorridos, desde los bordes en los que el psicoanálisis y el arte escriben juntos. Planteos como qué es una mujer, las formas del vacío, el lenguaje, la voz y el deseo, la oscuridad, la intimidad, se transforman en boomerangs lanzados a buscar significados diversos. Y lo que traen en su retorno, siempre enriquece a la propuesta inicial.

Gabriela gestiona el espacio de arte de la Bodega Monteviejo, y actualmente, el Balcón de las Artes, del hotel Hyatt. En estos espacios, sus cuestionamientos artísticos colectivos toman una forma concreta: escultura, música, literatura, pintura, poesía.

En esta entrevista compartió cuáles son y de qué manera recorre los intrincados caminos entre el psicoanálisis y el arte.

-¿Cómo llegaste a vincular la psicología y el arte?

-Soy licenciada en Psicología, me formé en psicoterapias psicoanalíticas breves, por distintas circunstancias, me fui encontrando con el psicoanálisis de orientación lacaniana. Realmente hubo como un giro en mi vida y sigo formándome ahí, participo de los seminarios. Estoy en un dispositivo de cartel, que es como un grupo de investigación. Esta forma de trabajar tiene muchísimo que ver con la forma de las propuestas artísticas que se han generado a partir del proyecto reencarnaciones.

-Me decías que tu punto de partida fue la literatura...

-Hay un recorrido. Yo siempre estuve interesada en la literatura. Me gusta mucho leer ficción, he estado relacionada con talleres literarios y de hecho ahora participo en uno. En el 2008 surgió la idea de hacer un libro objeto, con una serie de cuentos que estaba escribiendo. Ese libro, de alguna forma y sin saberlo en ese momento, va a tener que ver con ese devenir de experimentación artística que termina vinculándose al psicoanálisis.

-¿Fuiste haciendo un camino?

-Sí, un camino que comencé de manera intuitiva, por amor a la literatura. Los cuentos que escribí, tenían un corte fantástico. El libro se llamó Reencarnaciones, cuentos audiovisuales. La propuesta tenía que ver con los efectos de la palabra en el que lee. Cómo el que lee, de alguna forma es el que reescribe. De ese concepto muy incipiente es que yo considero que la literatura funcionaba como causa para reescritura de artistas o lectores que se sintieran causados por esa lectura.

-¿Desde ese punto realizaste la convocatoria?

-Sí, allí le propuse el trabajo a Guillermo Rigattieri, la idea era que leyera los cuentos y los transformara en una obra. Él realizó 5 esculturas, de 9 cuentos. Que a él le resonaron de alguna forma particular. Esas esculturas se transformaron en fotografías intervenidas digitalmente, en las que colaboró Fernando Rosas. Andrés Ceccarelli para la parte musical y finalmente hubo un cortometraje que hizo Ramiro Navarro.

-"Rencarnaciones" fue una propuesta "orgánica" que se transformó en el proceso.

-Se convirtió en una obra que tenía los cuentos, las fotografías intervenidas de las obras de Guillermo, tenía un CD con los 9 temas musicales de Ceccarelli, y un DVD con el cortometraje de Navarro. Todo en un sobre, y con una fotografía de uno de los cuentos

-¿Considerás que "Reencarnaciones" fue el germen de todo lo que vino después?

-Sí, fue el punto de partida y el espíritu de mi propuesta, que tenía una cuota de experimentación y que de ella surgieran determinados productos artísticos culturales, que vos no sabés el devenir que tendrán, y eso es lo interesante. Vos abrís con un disparador, que no sabés adónde te va a llevar, y eso en una maravilla.

-¿Cómo se planteó la dinámica para el proyecto?

-Como era una convocatoria tan amplia, se desarrolló en cuatro años, desde el 2008 hasta el 2012. Trabajamos casi sin tiempos de producción. "Tengo la escultura", decía Guille, "vengan a verla". Y nos reuníamos en su casa, veíamos el trabajo que había hecho en función del cuento, eran muy hermosos los encuentros, también con Andrés que compuso la música. Así fue haciéndose, primero escribí cuatro cuentos que después fueron nueve y en todo ese interín que te cuento.

-¿Qué fue lo más complejo del trabajo?

-La gestión de armar un libro así es complejo, son libros casi imposibles de hacer, te diría.

-Es un concepto diferente del arte, con una visión diversa.

-A mi me interesa ese lugar, estoy parada en el litoral entre los discursos. A mi el psicoanálisis me cambió la vida. Fue un golpe de timón cuando lo descubro, comienzo a hacer psicoanálisis de orientación lacaniana. Luego empecé a meterme con la lectura de Lacan y otros autores que han continuado su obra, y ni hablar de Freud. Cuando descubrí su obra en la biblioteca de mi viejo, con Psicopatología de la vida cotidiana, marcó mi interés por la psicología y me ayudó a definir mi carrera. Son caminos que después se articulan, aún sin darte cuenta.

-¿Qué es lo que intentás transmitir con tus propuestas?

-Intento que los encuentros artísticos sean un acontecimiento en sí mismos para quien participa, cuando pienso los proyectos y eventos culturales, que sea eso. No me intersa en cuanto evento social, va mucho más allá de eso.

-¿Buscás provocar un cambio?

-Quiero que haya una transformación en las personas que participan. El psicoanálisis me transformó, subjetivamente hablando. Pero el arte también, he tenido marcas relacionadas con lo artístico en mi vida, en mi infancia y adolescencia y las he seguido teniendo. Y no eran excluyentes una de la otra, sino que las dos se daban en paralelo. Por eso, me he inventado algo que me permite transitarlas, sabiendo que son discursos diferentes, pero que en algún borde se tocan y ahí hay que inventar, porque hay un vacío mediador que te llama a la invención.

-¿Cuáles son tus disparadores?

-Temas que a veces son difíciles, como qué es lo femenino, en el contexto actual, ver cómo bordearlo para abrir y no para cerrar, sino para abrir. El deseo, el vacío, el signo, son preguntas disparadoras que buscan una diversidad de respuestas. Me sirvo mucho del psicoanálisis para extraer algún significante, un tema que me a mi me interpela y lo convierto en un disparador, y también convoco a otros, para ver a qué llegamos bordeando ese tema. El artista tiene que poner su trazo, y desde su pregunta hacer algo. A través de la obra llegás a tus propias marcas. Eso es lo interesante, salirse del lugar cómodo, ya instalado, y sabés que te vas a poner en un proceso que no tiene un camino trazado previamente, pero tenés algo que te está causando.