Por Enrique Pfaabpfaab.enrique@diariouno.net.ar
Estudiantes de una escuela de Junín investigaron cómo aprovechar desechos como el mercurio y el fósforo.
Un grupo de alumnos diseñó un aparato para reciclar tubos de luz

JUNÍN– Una simple caja de chapa, algunos implementos de una amoladora vieja, el retazo de una manguera de riego y hasta un preservativo. Con eso evitan que un tubo fluorescente desgastado, que en su vida útil ahorró una importante cantidad de energía, contamine ahora 30.000 litros de agua.
Son alumnos de la escuela 4-110 Presidente Nicolás Avellaneda, de Palmira, que guiados por un profesor, investigaron y crearon esta pequeña y simple máquina que puede ser adaptada para colocarla en un camión recolector de residuos o instalarla en un comercio de venta de materiales eléctricos. Sin embargo, todavía no hay nadie en el país que aproveche estos desechos, entre los que hay mercurio y fósforo.
En octubre del 2012 viajaron a la 6ª Feria Tecnológica de San Pablo, en Brasil. Así concretaron un trabajo que duró seis meses de dedicación y esfuerzo, investigando y construyendo lo que llamaron el “neutralizador de tubos fluorescentes”.
“Fue un proceso de prueba y error”, dijo Dardo Morata, el profesor de electricidad de los alumnos de 5º año de la escuela técnica de Palmira. Así construyeron con materiales reciclados un aparato que tritura y reduce a polvo los tubos fluorescentes de 20, 40 y 105 vatios y luego los empaqueta en una serie de bolsitas 10x10 centímetros cada una.
“Comenzamos a pensar qué hacer con las lámparas de bajo consumo y luego nos dimos cuenta de que era mucho más complejo resolver el descarte de los tubos fluorescentes”, explicó el profesor. Es que las lámparas al menos pueden soportar el traslado, pero los tubos estallan con el más mínimo golpe “y el vidrio, el fósforo y el mercurio se esparcen instantáneamente”, acotó.
Entonces comenzaron el trabajoy para llevarlo adelante, sin fondos ni materiales disponibles, debieron agudizar aún más el ingenio. “Nuestra especialidad es la electricidad, no la mecánica, por lo que el prototipo está hecho con mucho esfuerzo y puede mejorarse”, afirmó Morata.
El diseño y su funcionamiento
El resultado fue una pequeña caja construida con perfiles y chapas, fácil de transportar y oficia de soporte. En el centro, la carcasa de protección de una amoladora vieja, adentro un disco de bidia para hacer la molienda. En el extremo inferior, un tubo de unos 25 centímetros en el que se coloca una manguera de riego de cultivos, hecha con una especie de nailon negro grueso y resistente pero flexible, cerrado el extremo. Este será el dispositivo en el que caerá el tubo ya reducido a polvo.
En la parte superior de la carcasa sale otro tubo. Este es de PVC. Allí entra el tubo a procesar. Para que no subiera por allí el polvo, debía colocarse una válvula. “Probamos con distintos elementos hasta que descubrimos qué era lo que funcionaba a la perfección: un preservativo”, recordó el docente.
Cuando un tubo se tritura el desecho cae a la manguera de riego. El desperdicio ocupa 10 centímetros cuadrados. Se cierra ese cuadrado y se sigue llenando la manguera con otro tubo. Al final del proceso queda una especie de chorizo, conteniendo una decena de tubos fluorescentes reducidos a polvo. “Lo que descubrimos también es que de esta manera podemos transportar los desechos sin riesgo, pero no hay nadie que trate estos desperdicios. Al menos así se puede evitar que se dispersen y se puede ubicarlos en un lugar seguro”, dijo Morata. Los chicos disfrutaron de la experiencia de viajar a Brasil, pero lo más valioso fue haber participado en el proceso de estudio, diseño y fabricación del prototipo. “Después de este tipo de experiencias, los alumnos son incondicionales y ven a la escuela como su casa. Para hacer esto hubo muchos días en que ellos venían a las 8 de la mañana y se iban a las 10 de la noche”, resaltó el profesor.
La Comuna de Junín ya le ofreció a la escuela financiar la fabricación en cadena de esta máquina.