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“Quiero que la gente disfrute cada vez que vea los colores celeste y blanco y que cuelgue la bandera en su casa no sólo para los partidos del Mundial porque hay mil motivos para festejar el ser argentinos”, enseña su patriotismo parado a un costado de la rotonda del avión, sobre el Acceso Norte, Ángel Rosales (51), sobreviviente de la guerra de Malvinas, quien continúa su cruzada por el país vendiendo banderas e indumentaria de la Selección en la calle.Tiene puesta la camiseta que usa Messi. Es un fanático del equipo de Alejandro Sabella y alienta cada partido junto a su hijo Nahuel (13), quien lo acompaña en el puesto ambulante por las tardes. Después de presentarse, explica que el espacio elegido para la venta de accesorios para hinchas de la Selección no es puro azar. En ese sitio yace el monumento de un avión que estuvo en el conflicto bélico contra los ingleses al igual que él.
Mientras Ángel pelea su lugar compitiendo con otros vendedores apostados enfrente de su puesto y decenas de ellos ubicados en las principales esquinas de Ciudad, su señora Jésica Peralta (35), cuida de sus otro cuatro hijos: Aylén (17), Ángel (14), Macarena (10) y Milagros (11). Una familia numerosa a la que mantiene alternando changas ambulantes con un trabajo en el hogar de ancianos Santa Marta.
“Vendo banderas desde que volví de Malvinas en la calle Juan B. Justo y Boulogne Sur Mer. En todas las fechas patrias me vas a encontrar ahí”, cuenta el hombre que estuvo dentro de la Fuerza Aérea haciendo el servicio militar cuando la Junta Militar Argentina declaró la guerra. “Hoy hay 649 almas que gritan cada gol con nosotros”, agrega refiriéndose a los caídos en Malvinas.
Para Ángel hablar de la guerra de 1982 es muy difícil: se trata de una experiencia que prefiere no seguir recordando y por eso confiesa que evita charlar con sus hijos detalles de los horrores que padeció junto a otros compañeros de batalla. “Tuve muchos amigos y compañeros cercanos que murieron chicos porque se fueron con la explosión de una granada”, apunta tratando de contener el llanto.
“Hay muchas cosas de esta guerra que no han sido dichas y que se van a ir con nosotros. Perdimos porque no estábamos capacitados para una pelea de esa magnitud contra una de las potencias más grandes del mundo. Tuvimos muchos huevos y en ocasiones nos sentimos defraudados por la comandancia, pero pusimos sangre y valentía”, descarga apenado.
Más tarde da a conocer una anécdota. Rosales cuenta que formaba parte del cuerpo de paracaidistas y que tuvo que colgarse debajo de un helicóptero rescatando soldados argentinos después del hundimiento del Belgrano. “Viaje tres kilómetros con muchachos colgados de mis brazos. Los levantaba como podía y los sacaba. Estoy orgulloso del Ejército que tuvimos y de lo argentino que fuimos”, remarca.
El día despuésÁngel Rosales describe que le costó mucho rehacer su vida después de Malvinas. Cuando los ingleses tomaron Puerto Argentino, embarcaron a los soldados nuevamente a Buenos Aires y él tuvo que pasar internado varios meses en el hospital Militar ya que el frío le provocó graves heridas en una de sus piernas.
Actualmente sigue sufriendo las secuelas de esas lesiones.
“Después de muchos años pude formar pareja y tener mis hijos. Me costó. Siempre trabajé en la calle haciendo changas. Hace 10 años que laburo para el hogar de ancianos Santa Marta en el sector de mantenimiento. Ese lugar me ha hecho muy bien porque hizo que volviera a sentirme útil y que alguien me reconociera por mi trabajo y no como un loquito de Malvinas”, dice.
También expresa que en ese hogar hay viejitos que necesitan de mucho cariño. “Hay gente que han abandonado, como quizás nos sentimos abandonados nosotros los ex combatientes. Porque muchas veces fuimos dejados de lado por falta de reconocimiento ya que los chicos que cayeron allá se merecen un respeto único”.
“El Ángel de las camisetas”, mientras busca cambio para un vuelto, confiesa sin resentimientos que si hipotéticamente hubiese otra guerra dejaría ir a uno de sus hijos. “Si la guerra lo vale, no lo dudaría, pero ahora a la distancia pienso que Malvinas no era necesaria. La diplomacia de ahora tendría que haberse hecho antes, porque fue muy duro y bochornoso luchar contra tipos tan preparados”, afirma.



