La carpa “social” estuvo cinco días en el Le Parc, en Guaymallén, y ahora lo hará en El Pozo de Godoy Cruz El Von Pérez de La Plata y los locales Haravicus Teatro y Circo Trópico dan clases a niños de barrios carenciados.

Un circo diferente, con la finalidad de llegar a todos

Por UNO

Miguel García [email protected]

Se trata de la esperanza. Frente a los que consagran su vida al cuidado de los centavos de un millonario, esperando la aprobación del poder que da el dinero y el premio de las perversas migajas del capitalismo; frente esos cuantos perfumados parásitos, a esa mínima porción de la sociedad corrompida y autojustificada, de cara a toda esa miseria moral está la resistencia de los artistas.

La mezquindad del voraz es tan antigua como la generosidad del pobre, y aunque Goliat tenga muy buena cintura para esquivar los lances de los que ven más allá de la sonrisa del patrón, David, bastante seguido, le da un buen peñascazo en la frente al monstruo. Y es el día en que todos comparten el pan del arte, que es lucha, militancia y batalla diaria.

Clases de circo para niñitos y para adolescentes: una idea sencilla que llegó bufando en un viejo bondi desde La Plata y trayendo buena gente. Los artistas pusieron durante toda la semana en el predio del Espacio  Cultural Julio Le Parc sus habilidades y sus herramientas de trabajo para que los más jóvenes del asentamiento ubicado en los galpones del ex ferrocarril Belgrano, allí, a pocos metros, pudieran ver que hay algo girando en el aire, un malabar, una pirueta, una oportunidad.

Juntaron voluntades las compañías Von Perez, de La Plata; el Circo- Trópico, comandado por el talentoso mendocino Martín Baigorri, y Haravicus Teatro, también de menducos. Fueron cinco días de talleres en Guaymallén y otros cinco que se darán en El Pozo, en Godoy Cruz.

Circo Social suena a algo vacío, a un estuche de guitarra sin guitarra, pero es nada más que un nombre entre los nombres que se le da a la solidaridad, a esa trompada que somos capaces de dar en la boca voraz del  estómago del espanto.

Algunos sedentarios hombres y mujeres, comatosos televidentes de lo que pasa en la vida, no entendemos cómo una decisión de montarse en la ruta puede ir más allá de una turística ambición.

Salir para andar y compartir, eso hace la gente del Circo Von Pérez

Taina y Marcelo se sumaron a la aventura del circo de la familia Von Pérez. Ellos son una pareja de brasileños, paulistas, que hace varios meses salieron a recorrer la América Latina real haciendo trabajo social. Vienen de hacer su labor en barrios carenciados de Bariloche y desde hace algunas semanas trabajan en la Mendoza oculta, donde descubrió Taina, veinteañera y esperanzada… y también sorprendida de lo que hay detrás de la imagen turística de Mendoza, más allá del cuerno de la abundancia de los vinos y los frutos: carencias, tristezas y privaciones. El rodaje vital de Taina y Marcelo puede verse en www.facebook.com/calleamericanet.

La oportunidad de cambiar las cosas muchas veces viene con el circo. Como en el comienzo de la novela Cien años de soledad. Allá por la primera página nomás Gabo se encarga de avisarnos que algo maravilloso pasará desde ese punto en adelante, porque nos habla de la llegada del circo a Macondo, de los malabaristas, del gitano Melquíades…

El paso del micrito de los Von Pérez por Mendoza afortunadamente será algo más que estas cuantas palabras. De demostrarlo se encargarán los años y ese piberío de los barrios pobres que pudieron vivir algo diferente y  ser protagonistas por primera vez en sus vidas.