Por Natalia Sosa Abagianossosa.natalia@diariouno.net.ar
Tyler, el niño que dejó perplejos hasta a los más entendidos en el andinismo
T yler Armstrong, el californiano de 9 años que subió el Aconcagua (6.962m), marcó un récord por ser el más joven en hacer cumbre en la montaña más alta de América. Pero su paso por Mendoza también dejó planteado un debate sobre la conveniencia o no de someter a un nene de esa edad a semejantes exigencias físicas y psicológicas. La respuesta final parece haberla dado este pequeño que alcanzó la cima sin ningún tipo de inconvenientes y que incluso completo la expedición antes de tiempo por motivos climáticos.
Su imagen en el techo del Centinela de Piedras resume toda esta historia a pesar de la polémica que generó su ascenso en compañía de su padre Kevin Armstrong (30) y el guía sherpa Lhawang Dhondup (50).
Con el cielo completamente despejado y las nubes por debajo de sus pies, se lo puede ver a Tyler con una gran sonrisa y sin signos de cansancio extremo. No son muchos los andinistas que se pueden jactar de pisar esas alturas en esas condiciones y tampoco son muchos los que logran su objetivo por una u otra razón.
De hecho, en la misma fecha que este niño festejaba su logro con repercusión internacional, un cliente estadounidense sufría un paro cardiorespiratorio en La Canaleta, uno de los últimos tramos con dificultad para llegar a la cumbre.
Tengo que reconocer que soy uno de los tantos mendocinos que se sorprendió con la noticia de Tyler. pero que se alegró cuando se conoció que la tarde de Navidad había completado su hazaña.
En su momento cuestioné la decisión de su padre, quien había tenido que pedir una autorización judicial para que su hijo pudiera subir el Aconcagua, ya que esta actividad está prohibida para menores por la Dirección de Recursos Naturales de la provincia.
Una jueza de Familia, Elsa Galera, le dio el visto bueno para el ascenso teniendo en cuenta la experiencia de Tyler en la montaña (escaló el Kilimanjaro, de 5.895 metros, en Tanzania, África, y el Whitney, de 4.421 metros, el pico más alto de Estados Unidos) y los estudios médicos que acompañaron la presentación de su papá.
La decisión de la Justicia aludió a la patria potestad, cuyo poder –en este caso– está por encima de cualquier reglamentación. Aunque también el padre de este pequeño debió asumir todas las responsabilidades de lo que pudiera pasar en la travesía por la cordillera.
Por lo visto el entrenamiento de Tyler ha sido muy bueno (se preparó durante un año y medio) y sus aptitudes físicas no son las de un chico cualquiera de su edad. El propio sherpa lo destacó en una nota con Diario UNO. “Es especial. Fue mi mejor cliente en el Aconcagua”, dijo el experimentado guía, quien contó que el pequeño cargó su ropa y su comida sin ninguna ayuda, algo que muchos andinistas hacen gracias a la contratación de portadores.
Más allá de las opiniones encontradas, este niño pasará a la historia por su destreza en la montaña y mientras otros eligen sentarse frente a una computadora o una PlayStation, Tyler seguirá corriendo y haciendo ejercicios para completar una nueva marca. Todo por un fin solidario: ayudar a tres amiguitos que padecen una enfermedad que atrofia los músculos y que afecta a 300.000 chicos en el mundo.