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Lo integran la viuda de Marcelo Rosas, Claudia Sosa; Sonya Sejanovich y el director musical, Darío Ghisaura. El resto del grupo no sufrirá cambios

Tras la muerte del director vendimial, un trío toma la posta

Algunos dudan de la existencia de ese duende que sobrevuela las vendimias, las festivas y las laboriosas. Ahora ya nadie podrá hacerlo. Si existe, andará acompañado, si no, ahora habrá uno verdadero. Algunos creerán que se escuchan truenos cuando se le ocurra zapatear y relámpagos cuando haga ondear su pañuelo. Dicen que el viernes a las 6 murió Marcelo Rosas (42), pero no es cierto. Apenas quiso subir más alto para ver mejor su Vendimia 2015.

El bailarín, “mi primer bailarín”, como lo definió Pedro Marabini, decidió dejarse ir cuando estaba acostado en su casa de Rivadavia, como él quería.

Hasta el jueves 6 y después de 20 días de internación en la Clínica del Sol, los médicos autorizaron que fuera trasladado a su hogar. La cruel enfermedad que lo afectaba desde hace algunos años y que en los últimos meses lo atacó sin piedad ya lo había dañado irreversiblemente.

Aún así, con la fuerza y el entusiasmo que lo caracterizaron desde niño, Marcelo dio pelea siempre y hasta el último día. Finalmente, decidió irse, dejarse llevar, para jugar con el Zonda y la brisa fresca del Sur.

Laura no puede contenerse. Llora. “Fuimos amigos inseparables desde que teníamos 7 años”, dice. Quiere que no se la mencione por su apellido, pero relata tiernamente cómo “bailamos juntos en Raíces Huarpes y en 1988, él era un año más grande que yo, ganamos Cosquín”.

Laura cuenta la vida. Dice que Marcelo le presentó a quien sería su primer marido, “nos casamos en la misma época y también nos separamos juntos”. Era una relación de hermanos. “Siempre fue muy inquieto, lleno de cosas iniciativas, muy abocado a su profesión. Un luchador”. Recuerda que siempre fue “muy coqueto” y que “desde afuera se veía parco y serio, pero era un hombre muy divertido”.

El viernes, por la casa velatoria Ferreyra, en la primera cuadra de la calle Vicuña Prado, de Rivadavia, comenzaron a desfilar ininterrumpidamente mendocinos de todos las edades, de todos los departamentos, de todos los sectores. Desde bailarines a políticos, desde alumnos de Marcelo hasta sus antiguos admiradores de la época de adolescente. Todos temían este final, pero también todos esperaban un milagro.

En octubre, cuando se supo que Marcelo Rosas y su espectáculo Postales de un oasis que late serían los encargados de la principal Fiesta mendocina, el director ya estaba delicado e internado.Ahora, como él quería y cómo lo había preparado, será ese equipo que formó el que dirigirá la fiesta, aunque en lo formal el peso puede recaer en la asistente de dirección Sonya Sejanovich.

Pero, como contó Rosa Balderrama, la madre de Marcelo, hace unos días, “él ha armado un equipo y quiere que ese equipo lleve adelante su proyecto, y los ha dejado preparados para eso”.Por ejemplo, allí está la esposa de Marcelo, Claudia Sosa, que es la coreógrafa general, y también su amigo de siempre Gustavo Uano, que es el productor general.

Marcelo se formó como bailarín y coreógrafo en el emblemático conjunto Raíces Huarpes, que dirigía por ese entonces Ángel Giménez. Era un niño de 6 años cuando comenzó a bailar.

Después formó Hueney, su propio grupo, en La Colonia, y consiguió un sinnúmero de reconocimientos nacionales.

Luego, viajando constantemente a Buenos Aires, se recibió de licenciado en Danzas Folclóricas y Tango.

Dirigió cuatro vendimias departamentales de Junín y una de Rivadavia, y en el último tiempo fue director de Cultura de la Municipalidad de Junín.

El “primer bailarín”

“No se tiene conciencia de la dimensión de la pérdida. Marcelo era uno de los mejores bailarines del país”, dijo Marabini.

“Lo conocí en el ’92 y desde allí fue siempre mi primer bailarín, mi coreógrafo y trabajamos siempre juntos”, dijo. “El talento de Marcelo ha quedado sembrado y lo importante no será su muerte, sino que se lo recuerde siempre. En esta Vendimia nos va a iluminar desde arriba”, resaltó.

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