Mendoza Domingo, 27 de mayo de 2018

Transgresoras de prejuicios, épocas e injusticias

Felipe Pigna presentará el próximo jueves en Mendoza Mujeres insolentes de la historia, una colección de relatos que demuestran que los actos heroicos no son patrimonio de los hombres

Valientes, pioneras, ciudadanas de un mundo que las llenaba de obligaciones pero que no reconocía sus derechos. Estas son las Mujeres insolentes de la historia, las protagonistas del último libro de Felipe Pigna, que el historiador presentará el próximo jueves 31 de mayo, en el polideportivo Vicente Polimeni, como parte del ciclo Grupo Planeta - Grupo América, que cuenta con el auspicio de la Municipalidad de Las Heras y la producción general de Franganillo/Comunicación.

A días de llegar a nuestra provincia, Felipe Pigna, uno de los autores más convocantes de nuestro país, charló con Diario UNO acerca del libro que viene a presentar.-En algunas librerías mendocinas he visto tu libro en la sección de obras infantiles, pero por su tono general no creo que se trate de un libro destinado a los niños...-Es un libro para todo público, que tiene un enfoque que puede ser perfectamente destinado al público infanto juvenil, pero la verdad es que lo está leyendo mucha gente adulta. -Quizá las ilustraciones llevan a pensar que es un libro infanto juvenil...-Son ilustraciones muy modernas, de Augusto Costhanzo, un gran ilustrador y a mí me pareció interesante también ese guiño para que lo lea toda la familia. Lo importante es que nos enteremos de quiénes fueron estas señoras. En este primer tomo llegamos hasta comienzos del siglo XX, con Alfonsina Storni.-¿Cómo hiciste la selección de las historias de estas mujeres?-Fue arduo, porque traté de incluir a las más representativas de cada elemento de insolencia. Empleo insolencia en el sentido de la palabra que utilizaban los españoles para llamar a las insurrectas, a las que se rebelaban contra la conquista. Eran guerreras, mujeres que pensaron, que se atrevieron al poder, científicas, escritoras, luchadoras sociales. Eran parte de luchas justas, pero en ese marco de autoritarismo-machismo, todo sonaba "insolente". Los actos que ahora, por suerte, son naturales, en aquellas mujeres eran tildados de insolentes. Por ejemplo, Cecilia Grierson, nuestra primera médica, la pasó muy mal. El doctor que le tomó examen hizo constar en el acta correspondiente: "Conste que le estoy tomando examen a un ser inferior", por tratarse de una mujer. Era un marco tremendamente machista y es bueno conocer estas historias para que valoremos lo que tenemos, aunque para mí falta mucho todavía.-Además de las mujeres pioneras, en tu libro aparecen mujeres que tomaron las armas y a las que incluso se les dio un grado en el ejército. ¿Cómo sucedió esto en una organización tan machista?-En el caso de Martina Céspedes y Manuela La Tucumana, se dio en un contexto muy particular, donde todo el pueblo luchó, que fueron las invasiones inglesas. Entonces, en esa situación, la mujer estaba habilitada a participar también del uso de armas. El caso de Martina Céspedes fue muy ingenioso, porque ella tenía una pulpería e hizo entrar a los ingleses de a uno, los fue emborrachando, golpeando y luego los tomó como prisioneros en el sótano de su casa. Cuando se rindieron los ingleses, ella entregó a sus prisioneros -algunos oficiales muy importantes- menos a uno, que se enamoró de su hija. Una especie de síndrome de Estocolmo, y terminaron casándose, pero los once restantes que entregó le valieron el grado de alférez. -Esta y otras historias son casi desconocidas. ¿Es porque la historia la escribieron los hombres?-Absolutamente. Y lo que tiene de interesante la historia de Martina es que no podían alegar ningún acompañamiento masculino, porque fueron ella y sus dos hijas. En el caso de Manuela La Tucumana, era clásico que a los fusileros los acompañaran niños o mujeres, porque había fusiles de un solo tiro y los tenían que ayudar a cargar. Eso hizo Manuela, que combatió a los ingleses junto a su esposo. Él murió, ella tomó el fusil y siguió combatiendo, mandando al otro mundo a varios ingleses. Por eso se le otorgó un grado militar.-En casos como el de La Gaitana, Micaela Bastidas o madame Lynch, como parte de la tortura les hicieron presenciar la muerte de sus propios hijos...-En el caso de Micaela Bastidas, esposa de Tupac Amaru, le hicieron presenciar la muerte de su hijo, porque sabían que no había peor castigo para una madre. Fue una mujer extraordinaria, a la altura de su marido.-También hay historias de mujeres que se rebelaban contra las reglas establecidas, como Mariquita Sánchez de Thompson o Anita Périchon, que fue amante del virrey Liniers...-A Mariquita siempre la asociamos a cantar el Himno Nacional, pero tuvo un acto de rebelión que fue llevado ante los tribunales, porque ella planteó la voluntad de casarse con quien ella quería, que era su primo, y no con un comerciante que había elegido su familia, que era una costumbre muy arraigada. Ella consiguió que finalmente el virrey Sobremonte la autorizarse a casarse con su primo, sentando una jurisprudencia importante. También fue muy interesante la relación entre Anita Périchón, la Perichona, la abuela "loca" como la llamaban en la familia, y su nieta, Camila O'Gorman, que era una chica muy autónoma, que hacía mucha acción social. Ella conoció al amor de su vida, el padre Uladislao Gutiérrez, porque iba mucho a la parroquia y en ese contexto comenzó ese amor prohibido para la época. La Perichona en cambio se dio todos los gustos, no dudaba en hacer lo que ella quería, independientemente de lo que dijera el contexto.-En el libro se emplea la palabra "cacica", cuando en la actualidad seguimos debatiendo si debe decirse "presidenta" o "concejala"...-Decía nuestro querido Michel Foucault: "El lenguaje define", nombra. Es dar la batalla desde el lenguaje a esta cuestión de género y que hablemos con propiedad: lo que es femenino es femenino y lo que masculino es masculino.-¿Qué fuentes buscaste para estas historias? Porque no deben ser tan accesibles...-No fue fácil y ya me había pasado con Mujeres tenían que ser, porque evidentemente las fuentes son marginales. Se habla de la historia del gran hombre y por ahí aparece una referencia colateral y hay que rastrearla. En el caso de las mujeres de las historias populares es mucho más complejo todavía, donde hay que ir a hospitales, asilos, a cárceles, para encontrar algún rastro de ellas, que son las innombrables, las innombradas. En ese sentido fue una tarea muy interesante de rastreo y búsqueda que me encantó hacer.

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