Mendoza Domingo, 18 de marzo de 2018

"Si pudiera decidir si los asesinos deben vivir o morir callaría, si no sería como ellos"

Valentín Rasjido usa silla de ruedas y bailó en Vendimia por tercera vez. Quedó paralítico cuando le dieron un balazo, y a su hermano Gastón lo asesinaron, en 2004, en el barrio SUPE

En uno de los cuadros de Constelación del vino pasan de una punta a la otra dos bailarines en sillas de ruedas. Al frente de todos, protagonizan ese momento único del Acto Central. Uno de ellos es Valentín Rasjido. Su apellido inmediatamente resuena. Valentín quedó en silla de ruedas luego de ser baleado en su casa del barrio SUPE en febrero de 2004, durante un asalto. Su hermano Gastón fue asesinado.Hoy, Valentín tiene un hijo de 13 años, Santiago, que nació en setiembre de 2004, meses después de que él quedara paralítico. Está de novio con Débora (29) desde hace dos años. La conoció en una Vendimia y conviven junto con toda su familia, pero ya no en aquella casa donde sucedió la tragedia.Bailó por tercera vez en un Acto Central y dice que todavía quedan muchas cosas por mejorar para los bailarines con discapacidad. En esta nota habla de cómo rehizo su vida, de lo que siente por los asesinos de su hermano y del desinterés de la sociedad hacia las personas con discapacidad.-¿Estuviste el año pasado cuando se cayó la grúa?-Sí, fue bastante duro. La grúa se cayó sobre nuestra grada. No nos dimos cuenta hasta que vimos que caía el cluster de luces que estaba en el escenario y nos empezaron a gritar, pero no veíamos que se venía la grúa porque estaba detrás nuestro. Cuando la vimos salimos corriendo. Lamentablemente son cosas que pasan para darse cuenta de que tienen que invertir un poquito más y no sólo una vez al año para semejante estructura como el anfiteatro.-¿Cambiaron las cosas en esta edición?-Hubo muchísima seguridad. Pero esto es cuestión de tiempo. Se han hecho cosas bien, se han incorporado acompañantes terapéuticos para los chicos con discapacidad, lo cual a muchos padres no les gusta porque los saca un poco, pero a mí me parece perfecto porque esto es un trabajo.

-¿Cómo viviste este Acto Central?-Fue ambivalente, ni todo es bueno ni todo es malo. A nosotros nos dieron una coreografía para un escenario que tenía ciertas medidas, ensayamos en esas dimensiones. Después, allá arriba nos dimos cuenta de que no íbamos a poder subir todos. Para un bailarín con discapacidad sacar una parte del grupo y que no sea en el mismo lugar genera como un choque. Nosotros no podemos entrar y salir por cualquier lado, una cosa es entrar en un ensayo y otra es entrar a una boca cuando tenés 900 bailarines corriendo que te llevan puesto. Por lo general las sillas salimos por donde está la utilería, pero este año había estructuras grandes que las tenían que correr y si no las corren no podemos pasar, entonces nos cambiaron de escenario, pero al grupo le sacás a dos bailarines que no están en sillas y que pueden ser guías. Cuando entramos a bailar la cueca, que fue lo primero que bailamos, no teníamos lugar, nos tuvimos que ir metiendo.-Hubo muchas desprolijidades...-Cuando pasamos la parte de contemporáneo, pedimos ir a la boca y salir desde donde teníamos que empezar porque era la primera vez que íbamos a hacer la recorrida de punta y ver qué tiempos nos tomaba y nos dijeron que no había tiempo. No bailamos la cueca como debía ser, no nos dejaron marcar el contemporáneo desde el principio y es como decir bueno... a ver ¿inclusión? Estaría bueno que los directores que vengan tengan un conocimiento de la gente con la que van a trabajar. Hasta los chicos de Defensa Civil, cuando hicieron los simulacros, nunca nos dijeron por dónde teníamos que salir.-En tu vida diaria, ¿te pasan este tipo de cosas?-Sí, todo el tiempo. Hasta en lo más mínimo, yo por ejemplo no puedo ir en micro al centro. Pero me parece que es más que nada por desconocimiento; si bien hay un montón de rampas hechas, las que están empinadas no sirven porque bajo a velocidad y si se traba el pedal voy a pasar para adelante. Está perfecto que hagan rampas en todas las esquinas, pero ¿están bien hechas? No.-¿Cómo empezaste a bailar?-Conocí hace muchos años a Raquel Álvarez -maquilladora del staff de Amelie, también discapacitada- y a los dos nos gustaba el baile y pensamos que teníamos que hacer algo con eso. Conseguimos una profesora y los chicos querían participar en Vendimia pero yo no. No me gustaba. El primer año que se presentaron les dijeron que no estaban preparados para recibirlos y que volvieran el año próximo, pero llegó ese momento y no se iba a presentar nadie. Entonces, si estábamos ganando un derecho alguien se tenía que presentar, así que muy a mi pesar fui para representar. Y la gente con la que me encontré me hizo cambiar de opinión sobre Vendimia. Entrás a querer estar ahí.-¿Bailás regularmente?-Ahora no. Queremos presentar un proyecto en la Municipalidad de Godoy Cruz para ver si nos dan un lugar para ensayar. Cuando me presenté al casting estuve ensayando hasta las 2 de la mañana, por una cuestión mía de que había salido del hospital después de haber estado internado haciendo un tratamiento con antibióticos. Estuve 15 días mirando un azulejo, estuve mal. No me iba a presentar porque estaba sin ánimos ni fuerzas, pero los médicos me dijeron que fuera porque me iba a hacer bien. Y así fue.-Después de todo lo que pasaste, ¿qué les dirías a otros chicos que hoy estén mal?-La vida no es fácil. Eso de que es color de rosa no es así. Depende mucho de cómo uno vea las cosas, tuve la suerte de cruzarme con gente que me dio la fuerza que necesitaba. En el hospital cuando estaba internado una enfermera vino y me dijo que ella sabía cómo era yo y que no me transformara en lo que casi todas las personas con discapacidad son, que están resentidos con la sociedad y están enojados.-Qué difícil no enojarse con la vida...-Es difícil no enojarse con la vida o con Dios cuando te pegan de esta forma. Yo estaba en mi casa, en el barrio SUPE, entrando la camioneta antes de que llegara mi viejo, para no hacerlo tan tarde, pero sucedió en mi casa. Yo digo que fue un accidente porque decir que me quisieron matar es fuerte, pero fue así. La vida no es fácil, pero sobran motivos para estar vivo, cuesta verlos y cuesta salir adelante. Hay cosas que desaniman, pero les pasa a todos. Vendrán mil palos y nos caeremos, pero hay que levantarse siempre.-¿Qué sentís hoy por las dos personas que te dejaron así? -Siento bronca porque se llevaron a mi hermano, sería tonto y necio decir que no siento bronca. Siento que hubo justicia, pero justo hubiera sido que mi hermano no muriera, que yo no esté en esta silla y que los delincuentes tuvieran trabajo para no robar. Los dos están presos con perpetua, que en nuestro país no es tal. Si pudiera decidir si ellos deben vivir o morir no diría nada, callaría, si no sería como ellos.