Por Cecilia [email protected]
La calle San Diego para comprar artículos deportivos, en especial todo lo relacionado con el mundo de las bicicletas; la avenida Arturo Prats para las carteras; un shopping conocido como el Mall Chino para comprar bijouterie, accesorios y “chucherías”; la zona Meiggs –cerca de la Estación Central del subte– para juguetes y ropa para chicos; Patronato para la de mujer y los outlets de Quilicura para la vestimenta de marca. Todo Santiago está “mapeado” por quienes se dedican a comprar en Chile –entre ellos muchos mendocinos– para luego revender de este lado de la cordillera.
Juan Manuel Cornejo es un cordobés que desde hace 12 años vive en la capital chilena. Es fundador de www.argentinosenchile.cl y en su sitio recibe decenas de pedidos de pequeños “comerciantes” que buscan consejos y trucos para comprar objetos, en particular ropa y electrodomésticos, para luego revenderlos en Argentina. “El argentino es muy rápido. En el primer viaje de compra se pierde un poco, pero al tercero ya aprendió todas las mañas y hasta aprovecha las ofertas”, señala. Con tratados de libre comercio con China, Japón, Corea del Sur y Estados Unidos, el vecino país ofrece mercadería proveniente de esos destinos con precios que llegan a ser el 70% más baratos de la que se consigue aquí, si es que se encuentra por las trabas que suelen tener las importaciones en Argentina. Y aunque en el Código Penal argentino está claro que quien ejerce el contrabando arriesga penas de prisión de dos a ocho años, muchos prefieren obviar tal advertencia y convertir un altísimo porcentaje de ese margen en ganancias para sus bolsillos. Algunos trabajan a pedido y otros ya tienen una clientela fija a la que convocan luego de un viaje para ofrecerles la mercadería traída. Incluso hay quienes cuelgan fotos de los lotes de productos en las redes sociales, sin comentarios que alerten sobre su origen clandestino, para avisar de que han renovado el stock. Los artículos más pedidos son los vinculados con la electrónica, en especial tablets, celulares liberados y otros equipos pequeños como planchas para el pelo o hervidores de agua. Pero también tiene mucha salida la ropa de marca, en especial pantalones de jeans de etiquetas reconocidas como Levi’s. Cornejo cuenta que en Quilicura, zona que aloja a un puñado de outlets, es posible comprar prendas de primera marca por el 50% y hasta el 70% menos de lo que cuestan en un local de un shopping tradicional. Sin marca pero con diseño “Los chinos ya no son lo que eran. Ya no traen esa ropa chiquita que traían antes. Ahora te viaja un chileno con un catálogo de Falabella a China y a los pocos meses tenés una copia de la colección colgada en los percheros de Patronato”, cuenta el cordobés radicado en Santiago. Este barrio y la zona de Meiggs albergan cientos de comercios de indumentaria con confección chilena –cuyo algodón es de excelente calidad– que se mezclan con otros que traen desde el exterior. Aquí no se venden marcas sino modelos, la calidad baja un poco, al igual que los precios, y mayormente se consigue ropa de mujer y de niños. Artículos deportivos Otro mercado que crece a medida que en Argentina se vuelve más caro es el de los artículos deportivos y los repuestos de bicicletas o skates. La calle San Diego de Santiago tiene una amplia oferta de comercios para comprarlos. Para las bicis de media gama, los conjuntos de transmisión son los más pedidos (piñones, cadenas, descarriladores, platos y algunos accesorios), ya que los que son de alta gama están a precios similares a los de Mendoza. La diferencia, según relató a UNO una persona que se dedica a traer a pedido, es la variedad disponible. “Conseguís repuestos originales y novedades”, contó. Muchos recurren al “camuflaje” para evitar el pago de impuestos Varios revendedores consultados por UNO coincidieron en que la mejor estrategia para poder pasar artículos comprados en Chile es el “camuflaje”. Dicen que los clientes saben que es mercadería contrabandeada y por lo tanto aceptan que lleguen a sus manos sin etiquetas ni envoltorios. “La ropa es lo más fácil de pasar porque la mezclás en la valija con la tuya y listo. Nadie te revisa mucho la ropa. Además, podés decir que te compraste dos o tres pilchitas y no te hacen drama”, le confió a este diario un revendedor. Lo mismo sucede con pequeños electrodomésticos como planchas o secadores para el pelo, termos o hervidores, tablets y celulares. Cuando se trata de pasar objetos más grandes y más difíciles de ocultar, como televisores, consolas de videojuegos u otros de electrónica, la estrategia pasa más bien por conocer los horarios de recambio de las guardias de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP). “No es lo mismo pasar a las 15, cuando el turno cambió a las 14, que pasar a las 6.45, cuando el turno cambia a las 7”, reveló una mujer consultada por este medio. Y también es cierto que es cuestión de suerte, porque muchas veces los controles son sólo por “arriba” de las valijas, ya que el foco está puesto en otro tipo de mercadería. Como última opción, y ante la inspección de la AFIP, muchos optan por declarar el producto como propio y pagar los impuestos si hace falta (ver régimen aparte). Este cargo, claro está, luego se traslada al valor del producto final, por lo tanto costará más caro. En la Aduana Equipaje. Se define a “los efectos nuevos o usados que un pasajero pudiere utilizar para uso o consumo personal o bien, para ser obsequiados, siempre que la cantidad, calidad, variedad y valor no permitieren presumir que se importan o exportan con fines comerciales”. Franquicias. Este régimen permite a los viajeros que ingresen por una frontera terrestre, como es el caso de Horcones, una exención (franquicia) para objetos hasta un límite de U$S150, mientras el exceso queda sujeto al pago de un único tributo con una alícuota del 50%. Sumatoria. Las franquicias son individuales pero si los viajeros constituyen un grupo familiar, pueden ser utilizadas en conjunto, aún si se trata de un único objeto. Los menores de 16 años cuentan con una franquicia del 50% del valor de los adultos, es decir, de U$S75.



