Abrieron una causa judicial contra un boliche por discriminación. Recibirán una indemnización inédita de $80.000 por daño moral y punitivo

“Se nos burlaron en la cara y se hizo Justicia”

Por UNO

L os hermanos Cristian (27) y Andrés (32) Vega se transformaron de un día para el otro, en los jóvenes más comentados en los periódicos locales y las redes sociales. Cada vez que los interrogan dicen a dos voces y sin titubeos que “esta es una sociedad que discrimina. A nosotros nos pasa a menudo. Siempre aparece la cargada mal intencionada marcándonos que somos enanos o morochos. En Apeteco se nos burlaron en la cara y se hizo Justicia”, afirman.

Ambos quedaron en boca de todos, luego de que la Justicia fallara a favor de la denuncia por daño moral y punitivo que realizaron al responsable del boliche Apeteco, ubicado sobre las calles Barraquero y San Juan, de Ciudad. Según la sentencia, los damnificados recibirán un monto que supera los $80.000. Es decir, $40.000 cada uno, más los intereses generados desde la fecha en que se produjo el incidente.

Decidieron actuar contra el boliche porque la noche del 10 de agosto de 2012, les impidieron el ingreso a ese local, diciéndoles que para poder entrar tenían que ser clientes del lugar, algo que ellos entendieron como una forma irónica de decirles que se fueran y que no volvieran. Molestos hicieron una denuncia en el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) y se defendieron con un abogado.

Guido Roccuzzo, actual asesor de la Subsecretaría de Justicia y querellante de esta causa, interpuso por primera vez en Mendoza una multa civil a favor del consumidor que fue incorporada con la reforma de la Ley de Defensa al Consumidor en 2008, con el fin de desincentivar conductas groseras como las que vivieron estos muchachos luego de ser ofendidos por los patovicas.

Después de la sentencia pudo conocerse que el 13% de los actos discriminatorios contra jóvenes se realizó en la entrada de un local bailable, según datos ofrecidos por una investigación realizada por el Inadi. Mientras que la Dirección de Juventud afirmó que la franja etaria más afectada por discriminación va de los 18 a los 25 años. Asimismo la causa activó la alarma sobre los límites que le corresponde al derecho de admisión y puso en aprietos a los empresarios del rubro ya que en adelante tendrán que cuidarse e informar las pautas objetivas de ingreso, además de vigilar el trato a sus clientes, si no quieren recibir una lluvia de denuncias por discriminación.

Y todo porque la experiencia de los Vega, despertó la conciencia de infinidad de jóvenes en un contexto de naturalización de ciertas prácticas discriminatorias. Su historia, hizo que algo se quebrara en el circuito de diversión nocturna juvenil. Después del inédito fallo, muchos adolescentes descubrieron, tal como hicieron conocer por la red, que cuentan con recursos para defenderse.

Andrés y Cristian se convirtieron sin duda, en dos grandes protagonistas de la semana. Le ganaron una pulseada a la discriminación, en medio de álgidas discusiones sobre los jóvenes, la noche y el control y cuando ya se cumplieron tres meses de la medida de restricción de ingreso a menores de 18 años propuesta por Palmares Open Mall y una semana de que tomara la misma decisión el Mendoza Plaza Shopping.

Los damnificados son oriundos del barrio Los Olivos de Guaymallén. Crecieron en el seno de una familia de trabajadores junto a cuatro hermanos más, tres varones y una mujer. La familia en total está compuesta por ocho miembros. Su padre Horacio es dueño de un galpón en el que se embalan ajos, mientras que su madre Elizabeth, se desempeña en Salud como asistente terapéutica.

Actualmente Andrés, el mayor de los dos, es quien continúa con el negocio familiar nristrando ajo para ser distribuido en las verdulerías.

Cristian, cinco años menor, vende electrodomésticos a través del sistema de pago diario junto a su novia Yésica Anife (26). Con ella convive hace un año en una casa de Dorrego junto al pequeño Francisco (10).

Todavía ninguno de los dos puede creer el revuelo mediático que se armó cuando se dio a conocer el fallo de la Justicia a su favor. Después de publicarse la noticia en exclusiva por Diario UNO, cuentan que comenzaron a lloverles llamadas de otros medios interesados en conocerlos. Salieron al aire por varias radios y su historia quedó retratada por la pantalla chica de Mendoza en cada noticiero.

Confiesan que todavía no saben qué harán con el monto asignado por el juez. Sin embargo Andrés dispara sobre el asunto que no quiere ilusionarse con nada hasta que vea su ta en el bolsillo. Cristian adelanta que piensa pagar algunas deudas y comprar algunas cosas que necesita para su vivienda.

Ambos son muy respetuosos y cuando charlan cuidan los turnos y utilizan “el usted” en cada ocasión.

Dicen que aprendieron el respeto de sus padres y que gracias a ellos conocieron “grandes valores”. Ninguno siguió aún una carrera universitaria pero hicieron el secundario en el colegio Inmigrantes Italianos, ubicado en Jesús Nazareno, a pocas cuadras de la casa paterna.

Para Andrés si fuera un poco más fácil su situación económica, le encantaría disponer de tiempo y dinero para estudiar medicina siguiendo los pasos de la madre.

A Cristian no se le cruza por la cabeza seguir rodeado de libros. Ya tuvo suficiente y toda su energía está enfocada en seguir construyendo un hogar junto a su novia, como llevan haciéndolo desde hace un año.

“Quiero casarme y vivir en una casa propia. Trabajar y disfrutar de la familia”, explica mientras reniega de que a veces sea tan difícil alcanzar su sueño así como están dadas las cosas en la sociedad.

“Hace unos meses atrás me puse un minimarket, pero tuve que terminar vendiéndolo por la cantidad de robos que sufrí. Me fundieron. No daba ni para cubrir las pérdidas que ocasionaba cada asalto, sin contar el peligro que pasaba atendiéndolo”, dice.

Después Andrés relaja el diálogo y cuenta que forma parte de un equipo de fútbol y que entrena en un gimnasio. Mucho antes de despedirse, Cristian retoma lo que les ocurrió en Apetecoy reflexiona indicando orgulloso de su hazaña, que es necesario enfrentar a los “debilitadores sociales”, esos que andan por la vida llevándose por delante el respeto de los que son diferentes, es decir, el de todos.